Samuel Beckett: As the story was told / Traducción de Milita Molina

AS THE STORY was told me I never went near the place during sessions. I asked what place and a tent was described at length, a small tent the colour of its surroundings. Wearying of this description I asked what sessions and these in their turn were described, their object, duration, frequency and harrowing nature. I hope I was not more sensitive than the next man, but finally I had to raise my hand. I lay there quite still for a time, then asked where I was while all this was going forward. In a hut, was the answer, a small hut in a grove some two hundred yards away, a distance even the loudest cry could not carry, but must die on the way. This was not so strange as at first sight it sounded when one considered the stoutness of the canvas and the sheltered situation of the hut among the trees. Indeed the tent might have been struck where it stood and moved forward fifty yards or so without  inconvenience. Lying there with closed eyes in the silence which followed this information I began to see the hut, though unlike the tent it had not been described to me, but only its situation. It reminded me strongly of a summer-house in which as a child I used to sit quite still for hours on end, on the window-seat, the whole year round. It had the same five log walls, the same coloured glass, the same diminutiveness, being not more than ten feet across and so low of ceiling that the average man could not have held himself erect in it, though of course there was no such difficulty for the child. At the centre, facing the coloured panes, stood a small upright wicker chair with armrests, as against the summer-house’s window-seat. I sat there very straight and still, with my arms along the rests, looking out at the orange light. It must have been shortly after six, the sessions closing punctually at that hour, for as I watched a hand appeared in the doorway and held out to me a sheet of writing. I took and read it, then tore it in four and put the pieces in the waiting hand to take away. A little later the whole scene disappeared. As the story was told me the man succumbed in the end to his illtreatment, though quite old enough at the time to die naturally of old age. I lay there a long time quite still —even as a child I was unusually still and more and more so with the passing years—till it must have seemed the story was over. But finally I asked if I knew exactly what the man—I would like to give his name but cannot—what exactly was required of the man, what it was he would not or could not say. No, was the answer, after some little hesitation no, I did not know what the poor man was required to say, in order to be pardoned, but would have recognized it at once, yes, at a glance, if I had seen it.

COMO LA HISTORIA FUE CONTADA

Como la historia me fue contada, nunca me acerqué al lugar durante  las reuniones. Pregunté qué lugar  y describieron detalladamente una tienda de campaña, una tienda pequeña del color del entorno.  Cansado de esa descripción pregunté qué reuniones y a su turno fueron descriptas, sus objetivos, duración, frecuencia y su naturaleza horripilante. Espero no haber sido más sensible que el siguiente hombre, pero finalmente tuve  que alzar mi mano espantado.  Me quedé ahí completamente quieto por un rato, luego pregunté dónde estuve mientras todo eso avanzaba. En una cabaña, fue la respuesta, una pequeña cabaña en el bosque a unos doscientas metros de distancia, a una distancia donde ni el grito más ruidoso podría llegar, sino que debía extinguirse en el camino. Esto no era tan extraño como sonaba a primera vista si uno consideraba la firmeza de las lonas y la ubicación protegida de la cabaña entre los árboles.  De hecho la tienda de campaña podría haber sido atacada y movida hacia adelante 15 metros o algo así sin inconveniente. Estando ahí con los ojos cerrados en el silencio al cual siguió esta información empecé a ver la cabaña, aunque a diferencia de la tienda de campaña no me había sido descripta, sólo su ubicación. Me recordaba fuertemente una glorieta en la que siendo un niño solía sentarme muy quieto por largas horas, en el asiento de la ventana, todo el año. Tenía las mismas cinco paredes de leños, los mismos vidrios coloreados, la misma pequeñez, siendo de no más de cuatro metros de largo y tan baja de techo que el hombre promedio no podría haberse puesto de pie, aunque desde luego no había tal dificultad para el niño. En el centro, de cara a los paneles coloreados,  había una silla pequeña de mimbre con apoyabrazos, como la silla de la ventana en la glorieta. Me senté ahí muy derecho y quieto, con mis brazos apoyados, atento a la luz naranja. Deben haber sido apenas pasadas las seis, las reuniones se clausuraban puntualmente a esa hora, porque como yo había observado, una mano aparecía y me extendía una hoja de papel escrita. La tomaba y la leía, luego la rompía en cuatro y ponía los pedazos en la mano que esperaba para llevárselos.  Un poco después toda la escena desaparecía. Como la historia me fue contada, el hombre sucumbía al final a su maltrato aunque lo suficientemente viejo en ese momento como para morir de muerte natural por la edad avanzada. Me quedaba ahí muy quieto un largo rato. Incluso de niño era inusualmente quieto y más y más con el paso de los años: hasta podría haber parecido que la historia había terminado. Pero finalmente pregunte si yo sabía exactamente que el hombre- me gustaría dar su nombre pero no puedo-  qué se pedía exactamente del hombre, qué era lo que él no podía o  no quería decir. No, fue la respuesta, después de cierta vacilación, no, yo no sabía qué se le pedía al hombre que dijera, con el fin de ser perdonado, pero podría haberlo reconocido enseguida, sí, a simple vista, si lo hubiera visto.

 

Traducción: Milita Molina

ph / S. Beckett

 

Samuel Beckett /  As the story was told, 1973

The Complete Short Prose,

1929–1989

Published by Grove Press

Edited by S. E. Gontarski