Comedia Biológica (IV) / Bettina Bonifatti

MUSEO 

Cuando tiene las manos ocupadas por pinceles sucios, el pintor saluda a su modelo como un esquimal.

Los copistas de museo admiraban el reto de su trabajo, pero ya casi desaparecieron. En pintura siempre fue importante copiar. Era lo primero que se recomendaba.

Meses con Naturaleza muerta con cesta de frutas. Semanas entre pensamientos en blanco, sensaciones forzadas, otras libres que se les unían y decisiones de Cézanne.

Círculo, rectángulo y triángulo. Les doy volumen y veo cilindros de venas, latas y árboles, conos de narices y esferas de ojos. 

Cámara lenta de Matisse pintando, no se conseguía la película, no existía internet. Ahora se accede a todo. Vacilación donde oscila el pincel, toque justo en cada pincelada. Pensamiento en otro tiempo. Al reproducirlo a velocidad normal, parece que no sabe lo que hace. 

El tiempo del ojo no está en el ojo. ¿Está en el cerebro, en la mano, en el trayecto, en el conjunto? Tiempo lento de mirada.

Velocidad lenta de la mirada y prisa del ojo superpuesto para ver.

Hueco bajo la silla. 

Quemadura en la mano del pintor que agarró de niño una brasa y no podía soltarla por amor.

A Kokoschka le gustaba llamar mis víctimas a sus modelos. Les hablaba para no tenerlos inmóviles. Quería sentir por ellos lo mismo que uno siente cuando soñó con alguien.

Objetos pintados desde distintas perspectivas a la vez. Plato desde abajo, taza desde arriba y mesa de frente. También las personas que pueden ver distintos puntos de vista al mismo tiempo son mejores para hablar. 

En el museo la ausencia pesa. Las grillas de los depósitos en penumbra recuerdan el pasillo estrecho del cementerio. Fechados, los retratos esperan ir a la muestra itinerante por los pueblos de campaña. Las obras viajaron con rejas, como un traslado de detenidos. Se contrató custodia toda la noche en la antigua estación del tren que ya no pasa.

Nueve niños llegaron caminando al sol por las vías. Entraron a la sala asombrados girando las cabezas. Nunca habían visto un cuadro de verdad. 

Pienso en la quietud del arte como vida y en el movimiento como muerte. Los comunistas le ponían a todo el adjetivo vivo.  

Lámpara y libro en la cocina, revolver la olla. O Revolving gun. 

Museo vivo. Las holandesas con cofia y los perros de cacería ingleses viven encerrados en el cliché del ojo inofensivo. Ninguna mirada les llega. Los vulnerables, por el contrario, viven su odisea cada vez que la gente recorre las salas, con apuro turístico. Por eso los retratos, que a veces se enamoran entre sí, se miran; las tazas se rompen por dentro, y algunos óleos se enferman de oxidación del barniz, o se resquebrajan, dolidos en su craquelé. Ranas de bronce, alfombras y corceles dicen, de todos  modos, lo que nadie dijo. Sólo las blusas búlgaras, que sueñan despiertas con los ojos de Matisse, viven en su paraíso.

Ojo

Usan la palabra ojo para advertir. Ojo.

El ojo no merece confianza ciega sino abandono. Abandonar la mirada puede traer visiones, peaje de horror.

Cuando uno quiere decir que no va medir nada, dice que lo hace a ojo.

La imagen fascina, la letra no. 

Leer no detiene; sobrevuela, recorre, como una persona que viene por el camino, o un animal que se va. Y todas las letras al hormiguero.

Mirada del deporte, desprovista de horror. Asepsia. ¿De qué descansamos mientras el esfuerzo calculado nos libera? El miedo olvida reglas de juego. 

Ojo del tirador con arco, mirada del remero, escafandra del buzo, laguna del tenista en la interrupción. El saque, esa ausencia.

Deporte: audacia, alivio y celebración. 

Balanceo, estado de equilibrio que se pierde y recupera. 

Los ojos cuando no emiten, alcanzan.

Leer tiene algo parecido a la ceguera.  

Louis Braille se pinchó el ojo con un punzón. Era niño. En la talabartería familiar, el oído estaba en todo el cuerpo. Pensó con los ojos unos años más. Fue a un instituto. Un día vino un oficial a dar una charla acerca de la técnica de mensajes en silencio que hacían con el tacto los soldados en las trincheras para poder comunicarse sin hablar. Invento de escritura nocturna. Lo escuchó con su ojo sano y con el herido. Pero los ojos se contagiaron y también la escritura hecha con el mismo punzón que le dio la ceguera.

Tengo nostalgia de la invención, del esfuerzo que hicieron otros; como el oficial que dio la charla que escuchó Braille en el instituto para ciegos. La talabartería en el recuerdo. Herida en el futuro, la herida como iluminación.

Esfuerzos de otros me acompañan en paralelo, como los delfines al lado de las embarcaciones. Así los veo desde afuera, bellos y en movimiento.

Visiones subacuáticas de Odilón Redon.

D’Ors dice que la creación artística se produce en el sujeto por un sobrante de fuerza. Instinto de lujo. Crítica interjeccional. Ver un cuadro y decir: ¡Guau!

Los enemigos de la pintura: realidad, sentimientos y pensamientos en palabras.

Cuando Lorenzo García Vega dice: ¿en qué consiste lo verde? ¿Qué cosa ese color puede abrir? 

La telaraña  de hierro y el pulpo muerto del relato (el que se devora a sí mismo y sigue existiendo invisible en el armario).

Solsticio de caprichos. Anónimo arte de posar. 

La clave de no tener una clave está en que el ojo no reconozca, y en un fondo de tarea mudo.

En lo mudo de pintar, la relación con la palabra cambia; queda preservada de interpretación.

Carbonilla como penitencia. Lápiz y ayuno. 

Dejar de pintar para siempre como un naufragio. Aislarse con algunas palabras.

Pintar no pacifica. Tampoco descarga. Todas las descargas cargan más. 

Compañía de los propios huesos. 

Inventariar una colección. Hacer fichas museológicas. Inolvidables: Los Mazorqueros de Alejandro Sirio. Grabados de Pío Collivadino, casi un Rembrandt diminuto. La nadadora de Nicolás de San Luis, 1938. Victorica.

Suspenderse y entrar en guerra. ¿Qué se mata al pintar? La pregunta por la identidad. La firma del pintor es señal de un recuerdo.

Vigilan al retratista con desconfianza. Pero nada le llega. La ausencia de quien dibuja aleja miradas. 

El tenista también se ausenta. Pica la pelota tres veces y, a veces, una más. ¿Pausa anterior a la fuerza? Suspendido, como el pintor, en puntas de pie, mira sin ver la dirección que su fuerza imprimirá.

Deporte: arte sin horror.

Los movimientos preparatorios, ¿tienen nombre? Aunque pareciera que están midiendo, no miden. Reúnen concentración para extraer lo que ya saben. 

¿Cuántos blancos hay? Opacidad y saturnismo. Pintar a oscuras y prender la luz. Pintar al sol y verlo de noche.

Leer no es mirar ni ver, y según la oftalmología, una carrera de saltos sacádicos. Dejo de mirar para ver. 

Explicación de las enormes salas de museo: ¿dónde conviene pararse? Multiplicar la altura de la obra por seis. Por eso en foto los cuadros parecen mejores. Están a distancia óptima.

Los músicos tapan sus oídos; los que pintan podrían taparse los ojos. Hay cuadros con cortina en Japón, con silla frente a la obra. Cuando terminan de ver cierran el telón. No creen en el espectáculo. 

Pensar en pintura. Distinto, el ojo que lee sobrevuela sin ver. Tampoco mira. 

Los oftalmólogos contabilizaron los milisegundos en que el ojo se posa en cada palabra. Doscientos o trescientos promedio, y sesenta y nueve milisegundos en saltar de una palabra a otra. 

Movimientos rápidos del ojo. Leemos un texto al fijar un punto por doscientos o doscientos cincuenta milisegundos, y después hacemos una sacada de siete letras en dirección de leer al punto siguiente. 

Los que estudiaban al ojo que lee le hacían autopsias a disléxicos.

También estudiaron la supremacía de la palabra, y si se reconocía la última letra más rápido que si la misma letra se presentaba sola, y dónde se centraba la mirada dentro de la palabra. Llegaron a teoría según la cual se identificaban las letras reconociendo sus formas exteriores, pero tampoco era lo correcto. Era falso que hubiese un tope para fusionar las imágenes ganadas antes y después. ¿Se componían verbalmente? 

Con pocos ejemplos se demostró enseguida que la teoría de la forma exterior era falsa, y que el sonido era mucho más importante que la semejanza visual. Se trataba de la vocalización mental.

Cuadro puente, obra solitaria entre dos épocas. ¿Qué hace pasar de una serie a otra?, ¿la obra puente o lo que generó su hechura?

Cuando veo de cerca un campo para cosechar, girasoles cabizbajos arquean el tallo sobre mi cabeza, con dimensión de antepasado. 

Las pinturas idealizadas tienen ojos cerrados. Ni ellas quieren ver.

Ver no es contemplar algo que se muestra. Ver es abrupto. 

Restos

Antes de poder hablar, los hombres leían el cielo. Silencio actual del mundo parlante, resto de aquella época.

Estar en mi medio, pez que se arquea y rebota hasta el agua. Volver al punto animal en actitud, en disposición.

Pintar tiene velocidad rápida. ¿Qué es velocidad rápida? Los tiempos actúan a ritmo de trance. ¿Qué es ritmo de trance? 

No quiero vivir a velocidad normal. El agua tiene otro tiempo, no el que obliga el aire.

Problema de libertad total. Limitación libre. El silencio en pintura no se somete a la caravana del sonido. El aire sirve a la música. Estudios de líquido y transmisión musical entre ballenas.

El color es inofensivo. La forma no.  

Cuando el museo cierra, también limpian del mal de ojo, de la sociedad arrendataria del pintor y de la repercusión social. 

Barrer es cambiar tierra de lugar. El polvo con sus habitantes sube hasta los cuadros, aterriza en un paisaje de Ivan Karpov. Desciende la fauna fúngica, amante del óleo ruso. Ya no es ni flora ni fauna: se llama funga. Traer del olvido organismos microscópicos.

Admiro la cruzada sin control del reino de los hongos. Destructor de grabados antiguos, el fungi merece respeto por la originalidad de reproducirse desde el sombrero.

Bosque de algas, ancestro del reino vegetal. Visión submarina del futuro. Bodegón. Mancha de langostino rosa en penumbra. Cerrar ventanas. 

¿Debería administrar mi estilo festivo? No sé perder la alegría a veces. 

Cálida, la razón pierde ante la sensibilidad sorda y lamentable. 

Ejercicio de ojos sin mover la cabeza. 

Parecidos: cuerno de antílope, cactus, espina y alambrado. Púas x.

La luz artificial me sigue espantando. Extraño la noche como un animal. Sin efectos ni atmósfera. Prescindir, vaciar la suposición, graficar el ajuste. 

Megáfono desplumado de águila, vida prehistórica, cuando los ruidos no eran letras.

Cueva de Nerja, lloro frente a la foca en pintura neandertal. 

La vecina, como un mono más, observa desde el marco de la ventana. 

El mono se mira la mano. Va a sentarse lejos, como un eslabón perdido, los codos de pensador sobre las rodillas. 

A Concert of Cats. Pintores flamencos. Ferdinand trabajando para el rey de Polonia. Monos que fuman y beben en tabernas, escena de barberos atendiendo gatos. Barbersservingcats. Barroco holandés. Naturalezas muertas de opulencia marina con cangrejos y ostras. Theodoor Smits, Mesa revuelta.

Dosis de museo cada tanto. Alegría de ver el gliptodonte. Cualquier museo, donde se pueda encontrar algo que atrape. De todo lo que se exhibe, sin motivo, algo llama. Un detalle.

Mis compañías de calavera, cráneo de búfalo, candelabro, frasco con moscardón muerto para dibujar, lupa, bronce del niño llorando, tintero, caracol de metal, mi propia Vanitas.

Kafka decía no comprender la música. Freud no la podía escuchar mucho tiempo. Desconfiaba de sus efectos y la solía evitar. Había hecho una escala de preferencias artísticas: primero literatura, segundo escultura, tercero arquitectura, cuarto pintura, y en último lugar música.

Alivio de no tener que comprender todo verbalmente.

Un español diciendo: Esto ya no se le despinta a uno.

No perder la sangre fría. Contenerse. Las cosas inertes tienen a veces más importancia que las vivas. Lo quieto vive en otro tiempo, como registro fósil.

Lo absurdo salva, dijo Pessoa.

Retratos 

Bohumil Hrabal trepado a un poste, por volar un tren, o mirando cómo caen las alas de una avioneta en la nieve. 

La percepción cambia queriendo retener lo fugaz. Mi dibujo de Roth parece una jirafa.

El retrato de Luis sacó primera mención en el Salón de Otoño, entre sesenta obras. Después, se me cayó el cuadro en la cabeza. Con el corte en la frente, lo culpé por teléfono. Gritaba que no tenía la culpa, pero se divirtió. Habló de la cicatriz, el vendaje y la redención.  

Respetos desmedidos. El yo no soy quién para opinar,  antecede a la delación. El plural, lo mismo. 

Devolver un Berni al museo. Decatizar el lienzo para envolver. Catorce horas de colectivo. Tuve que ir al diminuto baño abrazada a la mujer de camisa naranja. No podía dejarla ni a sol ni a sombra. 

El cuadro de Oncena y sus diez hermanos.

El personaje de Filloy en La Purga, acerca del acierto genial del escultor Rodin, dice que hizo al Pensador sin testículos.  Y de Diego Rivera, un caso arquetípico de insolencia.

Inconfundible Shklovski: Los rusos navegaban por el océano Pacífico. Salían los barcos desde Píter. Desde el instituto de Minería. El agua estaba tan sucia como si los pintores hubieran lavado allí sus brochas. En La bahía de la envidia.

Objetos

La escalera donde se subía Matisse. Delimitación de lo interminable. Ninfa en el bosque. La blusa azul, Blusa eslava con butaca, fondo violeta, Blusa rumana. Quería cambiar blusas por buenos dibujos suyos. Confinarse en la discreción, con su asunto circense y acuático.

Cuando un tema se puede quedar hasta el final, no es obsesión, es que ya no hace falta cambiar de tema. 

La carta de Shiele cuando se va de Viena y quiere hablar con las flores. 

La canasta donde Freud juntaba hongos, color en lo vivo y en lo muerto de la percepción.

Libertad y audacia. ¿Qué ve Matisse en El juicio final? No al diablo con tenazas, ni erotismo ni sangre; ve la forma de trabajo. Al modo de los fresquistas, no pintaba en modelos pequeños. Decía que era como seguir un avión con una cámara, en vez de estar piloteándolo en el cielo.

Extraer el tema y el tratamiento y ver sólo los ejes.

Inventario con faltantes. Museo privado de provincia. Cartel de Prohibido pasar

Grabado: abuelo de la imprenta, hijo del textil impreso, del naipe y la estampa religiosa del viajero. Aspecto único de las cosas, como las decisiones del rayado xilográfico. Postrimerías. En un abrir y cerrar de ojos. 

La xilografía de un cura y la linografía de una mujer sin historia nunca estaban solos. Afianzaron sus relaciones. Ella se perdió en una inundación, y él, aunque perdió sus estampas, sobrevivió en un pedazo de puerta que flotaba.

Alegría del decir breve, como descifrar un jeroglífico. 

El libro Biografía del Caribe, donde Arciniegas se pregunta por qué nadie, hasta ahora, recogió la vida de Simonetta y Américo Vespucci en una sola novela. La muerte de Sandro Botticelli que pidió ser enterrado a sus pies. 

Mono con pinceles que de tanto olerlos se pinta la cara y le quedan cipreses bajo los ojos.

Grabado de Víctor Rebuffo. Rebufo significa, además, la expansión del aire alrededor de la boca del arma de fuego al salir el tiro.

Dibujo falsificado, hecho en la primera o última página robada de un libro antiguo. 

Kokoschka decía que el dinamismo de sus cuadros se lo debía a un juguete: la linterna mágica, con imágenes movidas, calor irradiado por una pequeña lámpara, llamado al color.

Modelo

Con sus cualidades ilusorias, llegaba en silencio y detrás de un biombo, se desvestía. No le conocían la voz. Posaba sin suponer motivos en cada uno de los dibujantes. Subía el mentón y cambiaba la perspectiva de su propia vida, entre un perfil sagaz, melancolías de frente, desafíos de croquis y poses fijas. Cuando el docente imponía el ejercicio de ver sin dibujar por media hora, la impaciencia, quebradiza como el carbón, caía también en ella. Después, poco a poco, la intención de la mirada desaparecía, y por fin, empezaba a ofrecer el efecto de su anatomía, vaciando en la esfera de sus cabezas lo que creían saber. Sin embargo, en su rutina de bata y desnudo, inmovilizó el roce de la indefensión;  y gracias a su nuca irreal pero tan concreta para el arte, vivió para siempre en el papel de su protagonismo anónimo.

Modelo masculino. Pose fija de veinte minutos, o croquis de diez segundos. Contorno que se mueve por dictado y apura la línea alrededor.

Modelo personal elegido. Hay gente que se ofrece como si nada. Decir que no. No depende de las condiciones del cuerpo. 

El modelo suspendido, desplazado fuera de sí, es un medio, como una berenjena, un trozo de carbón, un jarro. No sabe, supone motivos. Es mejor que no sepa. Esa intriga lo hace estar. No participa, aunque hable con el pintor, nada pasa la barrera de los ojos.

El pintor baja la barrera para ver, y ve. El modelo puede hablar y desconcentrar, o no. Hacer que se mueva todo lo que quiera e intentar captarlo, como a los transeúntes desde la ventana de un primer piso.

Balcones por Avenida de Mayo, modelos caminantes se paran a conversar, quietos por minutos.

A falta de modelo, oportunidad de principiante: suplemento deportivo. Aunque tenga los planos resueltos tan inconvenientes de la fotografía, son buenos los escorzos de futbolistas y nadadoras.

En la necesidad, dibujar a alguien mientras duerme. No es agradable porque no se le puede dar indicaciones.

Dibujar con carbonilla es como aprender a andar a caballo en pelo, sin montura. Beneficio de enfrentar desde el principio los peores inconvenientes.

Cuando el cuadro cae del caballete, el pintor pide perdón al modelo. El modelo no es la persona. La persona está en el cuadro.  

Al entrar a casa, Luis besaba a Hugo en la frente, en puntas de pie, sobre la tela. 

La chica que limpia deja la cama sin hacer porque le tiene miedo a la mirada del cuadro. 

El modelo no está en la persona, está en la pintura. Pero el pintor también. Está en dos lados a la vez. La diferencia es que uno es híbrido entre sujeto y objeto y queda un poco ido, y el otro maniobra ausencia y presencia, no siempre desde los ojos. 

Oído para la pintura. Hay sordos del ojo que escriben de pintura creyendo que ven porque reconocen temas. Los pintores se dan cuenta de quién ve y quién no. A veces no dicen nada, y menos al amigo que sabe escribir. 

Puede pintar cuando se obstina, logra ahorrarse los sentimientos. Vocifera para limpiar el terreno con la voz, para no agregar palabras nuevas. Maldice para deshacerse de lo humano y resoplar, como una máquina. No es piloto automático.

Máquina en marcha, cerebro de pintor, no de persona. Cuerpo de pintor, no de persona. Trabajo directo. Dirigir, y ausentarse mientras dirige. 

Retira a voluntad la mirada, deja al que ve soltar las manos. 

No sé qué es, pero es algo y parece alguien.

Echa humo, locomotora que si para de hacer ruido idéntico será invadida por detalles, cosas puntuales, distracción. Concentrarse y bufar mantiene a raya ideas, planes, miedos, sensaciones, sentimientos, todas cosas inservibles para pintar.

Giacometti en dificultades: Va tan mal que ni siquiera está lo suficientemente mal para albergar alguna esperanza. Dice al modelo: De frente irías a la cárcel y de perfil al manicomio. 

Todo debe llegar por sí mismo y en su momento, dice Giacometti. El agujero del que habla por el que no puede pasar. El escultor que dice todo sale del dibujo, pasa, pinta y maldice mientras agranda el agujero para poder hacerlo. Está en el libro de James Lord, su modelo. El que anotaba todo cuando él iba al baño o a atender el teléfono.

En la página 80: Estoy cansado. Ya no tengo reflejos.

En la 103: te tengo

149: No luchar por conseguir un parecido

Dice: Si se realza la cualidad ilusoria, entonces uno está más cerca del efecto de la vida. Pero ¿Cómo se consigue?, le pregunta Lord. Ese es el drama, le contesta.

Entusiasmo cuando la máquina está en marcha. Dice: La mujer que cuida la casa posará para mí.

Vandalismo

Las obras se han adaptado a las nuevas violencias sin sentido. 

Mudo, el miedo tiene un secreto de luz plomiza, presente en los catálogos de toda colección de origen.

El vandalismo no hace metáfora. Tampoco es robo. El que mira y destruye sin sentir punzadas de responsabilidad, ¿será que no tiene nada que aprender?

Rodin daba vueltas contemplativas a sus propias obras para aprender, en sus momentos fríos, de sus propios aciertos.

En un cuadro del Siglo XVII encontraron un clavo enorme. Maldad asociada a cierto grado de inteligencia. Elegante, la víctima pictórica tiene una banda roja, una chaqueta azul bordada y barcos en el fondo. Se pregunta si fue un acto contra su imagen o contra una persona del museo. 

Un niño raya con lápiz un retrato porque está aburrido, y le pinta las uñas con témpera escolar. Por la altura se sabe si el vandalismo lo cometió un menor. 

Escenas 

Doy cuando escribo como un animal al que no podré alimentar.

Amor en la escultura de un prócer. El artista trabaja en un monumento. Ella le limpia los baldes. Se enamoran alrededor de la pierna. En silencio, cuando en la noche bajan del andamio, él le lava las manos, con un fuego encendido de rigor.

Voz del químico de palidez vampírica, experto en robos de obras valiosas. Él mismo parece un retrato robado que se enamora de su ladrón. ¿Como Bacon?

Sensación de estornudo y terror. La obra vertical cae como arena. Mira dos hojas de remolacha de Daneri en una cajita de cartón. Por un mal movimiento, el restaurador patea la mesa y borra todo por error.

Aparece un Rembrandt en la Comisaría 2a de Avellaneda. 

Pinturas originales con firmas incorrectas. Secretos de espionaje. 

Cuando los ojos miran con paciencia de objeto, olvido que el retrato fue pintado por mí. 

Se hacen amigos observando un gobelino en una casa de campo. Un diálogo mientras envenena madera para matar xilófagos.

La desilusión del que guardó toda la vida un jarrón chino y era falso.

Un detalle desequilibra al pintor. Escucha en la cuerda floja. Confunde presbicia con presbítero. Se va por las ramas de la palabra. 

Le dicen Cíclope porque ve de un solo ojo. No puede apreciar pintura. Sufre la costumbre y condena del diagnóstico. Tiene una visión técnica, no plástica, disociada de manera instrumental. Casi no ve la factura de la obra, solo patologías. Busca craquelados, desprendimientos, cazoletas, sales. Contra su voluntad, los ojos empiezan a buscar repintes. 

Con una mirada nota que el cuadro fue reentelado. Cuando la visión científica se detiene, conserva el entusiasmo y grita: ¡Es un Chagall! ¡Es un Chagall! 

Cultura de reproducción: al ver el original, parece menos matérico, cuarteado. 

La restauración debe notarse. Discusión. Significado del estado de ruina

Limpieza leve, pátina grasa de hollín de cigarrillo. Fija la nariz por un desprendimiento y nota algo extraño.

Por no embellecer se opta.

Mantener el tiempo. Preservación. Se conserva para no restaurar. La obra tenía un estrés en el cuadrante inferior izquierdo, con pérdida de materia. Interrupción visual, laguna. 

En una acuarela de Carlo Chiostri, el inventor del dibujo de Pinocho, la firma tiene una ese aparte, agregada: Carlo Chiostris. La s no está alineada. Firmas falsas en cuadros originales. 

En Pettoruti las t dobles están al principio, no al final. Mal firmado: Petorutti.  Mira los bordes con luz tangencial.

Mesa con pipetas, escena de laboratorio con arcadas atrás, y un verde esmeralda rarísimo. Recorre todos los museos para buscar ese verde.

Búsqueda: quiere encontrar el verde Pettoruti yendo de museo en museo. 

Originales firmados por otro. Hipótesis: el autor regala un dibujo y no lo firma. No se da cuenta ninguno de los dos. Llega a la casa y piensa: No me lo firmó, pero es de él (pone el apellido atrás) y equivoca una letra. 

Firma de Papini en el vaso del cuadro de Pettoruti El sifón. 

Espionaje artístico, anverso y reverso, anclaje de la tela al bastidor, corte. Expertizaje. 

Museos descuidados, obras arrumbadas desde la época de los grandes Salones Nacionales. Desidia municipal. Inventarios, cuadros robados, cortados con trincheta. Violencias sofisticadas o burdas. 

Vida de un cuadro perdido que nadie ve, usado para colgar el trapo de piso, al lado del balde, en una estación de tren. Descubren la escena, que representa un fortín. 

Retar es un arte. En medio de una pelea, alguien da un sermón y le revolean un bronce mediano, réplica de la escultura de Lorenzo de Médici.

Pedido de captura. Alguien lo había pagado barato, lo estaba empezando a reentelar para volverlo a montar. Se asustó, llamó a la policía y dijo que lo tenía él. Los agarraron. 

Gente que publica en internet que tiene obras valiosísimas y después aparece muerta. Perros y alarmas.

Cuadro valioso de la Virgen que no lo van a buscar por años. Aunque los procesos de restauración son lentos, pasa otra cosa. ¿Por qué lo dejan?

Frenarle el deterioro a Cristo en un cartón.

Alergia al óxido de hierro en clase de cerámica.

Historias de check in y check out de museo.

Conservación

El peor enemigo del museo es el plumero. Limpieza prohibida que se enseña en las capacitaciones al personal.

El conjunto de plumas, eliminado como mechón de casco o sombrero de infantería se hizo utensilio de limpieza, pero conserva el peligro. 

Llevado en hombros al desfile, un niño confunde con indios a los Patricios emplumados del regimiento.

Pelo de pincel, pasado de tinta, tubos incrustados en la piel. La pluma es un cuerno suave y hasta las plantas lo imitan, vegetal a medio camino del plumero, racimo de flechas en tierra.

Recuperadas con aspiradora, escamas de pintura arman rompecabezas que un hombre reconstruye con ojo cíclope. 

La pintura descamada representa dos aves suspendidas. Es una naturaleza muerta de antiguos patos, colgados de cabeza en la cocina. 

Los pájaros parecen uniformados, con su collarín y casacas vivadas. Se comportan como masas artificiales, y despliegan proezas guturales o estéticas de flecha. 

Microscopio que nos falta. Rayos x en los ojos de los retratistas. 

Ciencia de químico conservador: treinta años en el sótano, yendo y viniendo con pinceles de retoque de marta cibelina. Amistad en el museo. 

Tiempos de secado, observación, pruebas de reacción, mapeo de obra antes de empezar. Preparativos. Mesa de cirujano: aglutinantes, lecrones, termocauterios manuales, tolueno, lupa y cola de conejo. Tiempo de secado. Con el barbijo puesto, espera leyendo a Carver.

De cómo se voló la lechuga de un bodegón de Daneri: los pintores de La Boca llegaron a usar betún, pomada de zapatos. En las naturalezas muertas, el proceso de conservación es muy lento, y en las muestras de capa pictórica satinada, el pigmento iridiscente parece nacarado. Con el tiempo, en vez de cuartearse por un resecamiento del óleo, el cuadro se desintegra como azúcar. Los agentes patógenos no siempre son polvo, humedad y luz. A veces hay que agregar una falta de control para estornudar, propia de los conservadores. 

Baja la escama con el calor, se levanta como la tierra cuando está seca.

La pátina de smog y nicotina, ¿es tiempo?, ¿o sólo sus componentes químicos?

Fórmula antigua para adhesivo: leche de ajo.

La cebolla no es para frotar el cuadro.

Dalí estaba pintando un Cristo con ámbar, usaba fórmulas medievales. Decía que él era el Salvador de la pintura.

Dalí quiso perpetuar la tradición clásica de Europa frente al avance bolchevique de las vanguardias rusas. Le decía Niet Mondrian en vez de Piet. No lo quería. Hizo una perfomance donde puso un cuadro de Mondrian que se va transformando en un chiquero. Los chanchos vistos desde arriba, plano de corrales.

Humedad. Agentes micóticos del polvo, manchas de luz, fotomáculas.

Exámenes organolépticos. El ocular no siempre detecta patología. Las pinturas no son seres vivos, pero tienen habitantes que a veces la ciencia desconoce.

El oro perdura, el hierro es efímero. Hierro y corrupción: se descascara, deteriora, mancha. Clavos, tachuelas que queman, oxidan la tela. 

Los vidrios envejecen.

El miscélio permanece al retirar la mancha. Ignorarlo recuerda a la actitud primera de creer que algo no está porque no lo vemos, condición que en los bebés se llama permanencia de objeto

Alteración en niveles de humedad relativa después de siglos de sumersión. Cañones, metales que se ponen en bateas me recuerdan la vida que no hice. Siempre que veo cómo retiran objetos del mar, creo que me equivoqué de profesión. 

Los dioses, el más allá, el más acá, un monumento funerario, ataúd, vela, rezo, templo, tienden a la permanencia. 

Le escribí al conservador: espero conocerte, y dijo: Ya nos conocemos. Tiene una química enamorada, fobia al hierro. Aluminio y neurosis. 

A Churchill le gustaban las mariposas. Las llamó una realidad que brilla, que vuela. Escribió: Que uno crea en el libre albedrío o en la fatalidad, depende de la visión que se tenga del colorido de las alas, que son, en la realidad a lo menos, de dos colores distintos a un mismo tiempo. 

Kokoschka

División y muerte en el poema Rojo Pececito. Cruel como muchas fábulas antiguas.

Indignación del pintor al que los nazis le secuestraron cuatrocientas obras: responde con un título: Retrato de un artista degenerado. 

Violencia puede denominar vandalismo, representación del mal en el arte, body art cruento o la respuesta de un pintor ante los nazis.

En 2004 se inauguró Ejercicios de pintura cruel, inspiración de un crítico de arte en obras agresivas, imágenes de crueldad, violencia y asesinato. Muestra en Turín, en un Palacio del siglo XVIII. Se le ocurrió a un crítico de arte al ver un cuadro arañado por un espectador.

Las obras que representan el mal suelen ser dañadas, quemadas con cigarrillos, arañadas, o provocar tentaciones de risa, cuando en vez de una figura fantástica y simbólica, aparece el individuo.

El cuadro Alicia en el país de las maravillas fue pintado en presagio del bombardeo de Viena. Diferencia entre pintar indignado y buenas intenciones estériles.

Era otra época, aunque se puede decir, Freud ya escribía, con la Gestapo en la puerta. 

Dos guerras mundiales. Kokoschka se alistó como voluntario en 1915 para salir de una infelicidad amorosa.

En 1937 eliminaron de los museos alemanes las obras consideradas ejemplos de arte degenerado. Son secuestradas 417 obras de Kokoschka y 9 son expuestas al escarnio público en la exposición itinerante del arte degenerado. 

Pinta el conocido Autorretrato del artista degenerado. Respuesta aguda que vale por una declaración de guerra: les dice: Aquí estoy. 

Decía: Para mí, pintar es encender un fuego

Kokoschka amó. Pintó casi cien años. Murió en 1980. Lo recuerdo. Cuando uno ve sus cuadros hechos desde terrazas después se entera: padeció años de vértigo a causa de heridas de guerra. Se había jurado que si la muerte no se lo llevaba, si no moría en la trinchera, donde decía que oteaba como una rata, miraría y pintaría el mundo siempre desde lo alto.

Zona de pruebas

Los primeros hombres trataron con cuervos y prepararon el terreno de la simbolización.

Sueño: los mamíferos tenían la laringe en la parte más alta de la garganta. Dieron un salto a la sepultura y nació con la pintura el primate que habló. 

Tal vez las plumas oscuras fueron antecesoras de la pintura rupestre. 

Negros y confiados, los pavos salvajes parecen vigilantes obispos de pantano. 

Sueño: césped como campo de golf. Con delantal blanco y coroza plateada, un hombre lleva un arco, arroja flechas de papel que no llegan ni a un metro. ¿Bufón?, ¿burócrata? Avidez, codicia y bonete para identificar gente de poca confianza. 

El gorro de pico del sueño no era señal de penitencia. Se transformaba en tocado de mariposa medieval.

Eugenio D’Ors: todos guardamos en la mineralización de nuestro esqueleto el símbolo rígido de nuestra posibilidad de durar. Dice: La calavera es la fianza de la escultura. 

Cuadros de gitanas de Nonell. Fardos. Lo compara con Tintoretto, su incendio en camposanto rural le recuerda la quema de ataúdes. 

Fotos de sus modelos sonrientes en la terraza.

Los modelos son los pocos que pasan por la experiencia de ser vistos sin ser mirados. 

Los muertos, sombras inteligentes, se quedan donde están, en la distancia, como la ironía de los monos en una pintura de Ferdinand Van Kesell.

Jean Paris, obras parecidas aparecen en lugares completamente separados incluso varios siglos de distancia. En Fundación de la Mirada dice de Munch: Titulará La Voz a la imagen de una mujer con los labios cerrados.

Dos vocaciones de la mirada, y en esa segunda vocación se refiere a una potencia indefinida de absorción

Cuando un artista no es un sacrificado útil, ni un redentor rentable, ni se vuelve loco por los otros, nos quieren hacer creer que carece de legitimidad.  

Claudel: Escucha con los ojos. 

Sin palabras responde el trazo; administra sin saber algo sagrado. ¿Confiando en qué está la ilusión del aire entre las cosas? 

Mirar y ver a la vez no es posible (en un punto) y en otro sí. No hay que separar estas dos actitudes demasiado sino pensar cómo se usan, superponen o alternan; distinguir y maniobrar con ellas, como cuando uno aprende a remar e incorpora los movimientos. 

Es periférico y jamás existencial. Profundidad e intención, dos enemigos. 

Superficial quiere decir apoyado en geometría y no en sentimientos.

La geometría es algo caliente. Los que la consideran fría o creen que es reproducir figuras geométricas no ven nada. Geometría es desde un dedo hasta un hueco pasando por el planeta Venus y regresando por la oscuridad hasta la vida.  

Nunca se pintará por lo que uno es sino a pesar. Se trata de cómo pudo saltar sobre eso; cómo pudo agrandar el agujero del que habla Giacometti y pasar.

Ya no es una taza. Es Morandi. Ya nunca va a haber tazas pintadas sin pensar en él. 

Batalla de Bacon con su carne. 

El Juicio Final de Giotto parece un Matisse desgastado. 

Como Turner mejorando la naturaleza. Buscate otra cosa. No se puede reinventar. No es amor.  

Intentar copiar a los maestros. Entrar en tierra conquistada. Los pintores roban un sector del mundo. Roban para la obra aunque pinten para el Papa. Siempre trabajan para sí.

El dominio queda bajo su nombre, pero el dominio no es el de las cosas, ni de los objetos, y menos el de los temas. Cualquiera puede tratar esos temas nuevamente. Se sabe.

Nunca olvido que todo en la naturaleza se modela según la esfera, el cono y el cilindro. 

Hacer como Cézanne. Poder vivir en el mismo lugar, corriendo la vista sólo un centímetro. 

Contratiempo. Valioso en el amor, a veces provoca encuentro. Así lo muestran películas cuando a alguien se le caen papeles. 

Al dibujar, con las manos ocupadas, una nube de mosquitos puede hacer que se borren con el apuro los obstáculos internos. Aunque la prisa haya impedido el curso normal del proceso, impone otro.

Todo está en el tiempo. La velocidad, cuando no se piensa, mejora trazos. Pero la vida está llena de contratiempos que no generan nada.

Dibujar gritando. Resultado de trazo libre que mejora, ajeno a la situación.

Desde la terraza, el inicio de llovizna me dio un dibujo de silos. 

Dibujar con fiebre, en cama.

La palabra dibujo se relaciona con el bosque, que, a su vez, deriva de bois, que significa madera. Otros, por el contrario, aseguran que se emparenta con el verbo señalar. Los chinos y japoneses ponían al dibujo como un amigo inseparable del escritor. 

Mudez del retrato xilográfico. Blandura del linóleo. Rodillo. Estampación a cuchara. 

En algunos modelos nada interfiere el retrato. Como si alguien ya los hubiera pintado antes, al entornar la vista, la línea ya se ve. 

Miro un caracol de tierra al que le suben y bajan las antenas. 

Batalla de calesitas 

La calesita me llevó lejos. Con sus obstáculos que giran, sobrevive a la vista de todos por el lado único de la banalidad.

Rosa Chacel, en Icada, Nevda, Diada, compara el encuentro con un objeto con una carta que alguien dejó escrita: tradicional y, por lo tanto, secreta. Cuando sobrecoge, cuando fulmina, es cuando aparece en una realización humilde, o cuando brota irrealizada, pidiendo salvación. 

En la ciudad de las grandes pruebas: No estaba excluido de allí el lado más pueril de goce, como es el carrusel con música de esquilas, con flecos de cristal sobre las grupas de los caballos blancos; se podía girar en él indefinidamente y nada más. 

Bioy Casares, En memoria de Paulina: Salí a caminar. En una esquina miré una calesita. Me parecía imposible seguir viviendo esa tarde.

En Devastación del hotel San Luis, el carrusel lleno de mujeres del personaje Alegría. Visibilidad verbal de Lorenzo García Vega. Libertad del impedimento. Agarra el lenguaje y lo mete otra vez en la cabeza. No lo retuerce fuera como otros. 

Hay calesitas al paso en Faulkner o en Flaubert, como debe haber anticuarios o sillas. El objeto que a uno lo fulmina al paso. Ni tema literario ni espectáculo. Encarnada en algo que insiste, es ocasión, paseo que vuelve siempre en todas las culturas, desde siglos.

Vacío de aburrimiento, sin alambrados, primer viaje de verdad. Quietud, ascenso suspendido por polea que no anda. 

Resto, residuo, primera duda del que no decidió a qué animal subir, en su infancia de rehén. 

Soñaba con una calesita de mega fauna y leones cavernarios.

Caño cromado donde agarrarse. Mecanismo oculto y biombos. Focos que en redondo llegan a quinientas luces, ¿cuántas revoluciones por minuto? Treinta y seis potros como números de ruleta. 

Invento argentino de sortija con calesitero muñequeando desde abajo la yapa posible. Soborno y saludos de quienes creen que realmente van a irse, y aprenden que no se irán, que los padres volverán a aparecer. Adultos que suben tratan esos potros como si realmente se fueran a encabritar con sus hijos.

Sueño: elegir una calesita real, pasarle una aplanadora, trabajar en el sostenimiento de todas las partes del plano para que queden firmes, y colgarla en un museo. Llevar el carrusel a la bidimensión.

Cuando los países están en paz tienen calesitas de guerra.

Dejada pieza de museo, caballo mecánico en reparación.

La batalla que gana la pintura podría ser la conmoción por cualquier objeto: baile, momia, pez o caballo mecánico. La calesita de Hemilce Saforcada. Voluntad sin esfuerzo, involuntad de los animales de batalla.

Papel Picasso

Enrosco el Guernica como un cilindro, lo corto en dos, tres y cuatro partes. Intercambio sus líneas que se persiguen para volver a coincidir. ¿Será matemática?, ¿armado múltiple? 

Como no sé qué busco, no encuentro. Hay gente que deja de buscar porque Picasso dijo que encontraba, pero su búsqueda estaba estructurada y no requería intención. No es lo mismo.

Hago varias copias, invierto los cortes, lo deslizo, se va adaptando otra vez una línea con otra. Numero siete recortes. Guardo el orden de numeración para no repetir el armado. El toro se pierde, también el caballo, la casa incendiada, el soldado caído, pero se mantiene la continuidad de las líneas. Hago lo mismo con Muchacha joven delante del espejo, Mujer que llora y El sueño. También con Mujer con libro, Joven Dormida y La lectura.

Paso el fin de semana con Las señoritas de Avignon. Les cambio torsos: donde termina el lateral derecho empieza el izquierdo. 

Las señoritas de Avignon están de cabeza, cambiadas de lado. Sigo sus líneas, se acompañan siempre unas con otras. Hecho papel picado, mantiene su lenguaje.

Lo veo en el piso, destruido. La libertad entre cuatro rectas. No es ley que uno pueda conocer. Arrincona formas, mira y ve superpuesto, tiene ojos para ver. Picasso está en su obra aunque la descuarticen.

Las obras de Picasso hacen compañía, como si contuviera soluciones.

Bocetos homéricos

Intento Mi Vulcano. Hecatombe y llanto, antes y después de las saetas mortíferas de Apolo. Nave sin remos. 

Tersites, que al golpe, se encorvó. Silencio y risa de los griegos. Burla, rencor, tristeza. 

Héctor y Andrómaca, el casco en el suelo que se sacó para calmar el susto del hijo en brazos. 

Caballos en fuga. Prisa, euforia, alegría sangrienta. Aquiles y la lira. Palabras de Hayax.

Fénix, carneros y bueyes, cerdos henchidos, fuego, vino. La funesta Discordia y su cóncava nave.

El engaño de Zeus. Poseidón y los cetáceos. Neblina de oro, engaño. Nueva ofensiva de las naves. 

Muerte de Patroclo y dolor de los caballos de Aquiles. Las erinias. Janto baja la cabeza

Combate de los dioses. Batalla junto al río. Langostas que escapan cercadas por la ira del fuego. 

Muerte de Héctor. Cuerpo del príncipe troyano arrastrado por el carro de Aquiles.

Juegos en honor a Patroclo. Fuegos homéricos. Asamblea de los dioses. 

QUIJOTE

Leer sola con otros.

De muchos intentos a veces un dibujo tiene suerte. Ese golpe feliz contiene todos los intentos anteriores. 

Caracol trepado al muro de Ronda. Dibujo desde la ventanilla del ómnibus en Castilla la Mancha. Al pasar, en cualquier parte. Durante cuatro meses, dibujo un capítulo por día.

Cada uno lee solo. Clima de lectura, atemporal y variopinto. Nadie juzga a nadie. Entramos en #Cervantes2018

Para tocar la forma, hago Quijotes en la arena. Se los lleva el mar. 

Dibujar no trae recuerdos. No transporta al pasado como la música.

Recorto y fabrico mi yelmo de Mambrino con cartón, y me lo pongo.

Papel delante,quince por veinte centímetros, que cada uno es hijo de sus obras.

Se acerca la tropa de huéspedes. La ciencia de aprender a rebuznar. 

Los insultos: mal mirado, infacundo, deslenguado. Y las preguntas: ¿Cuál es más: resucitar a un muerto, o matar a un gigante? 

La asturiana Maritornes. Emboscarse. Milagrosos favores.

Elegir escenas, por donde la estrella me llame, empinar la bota, figurarme animales: De las cigüeñas el cristel; de los perros, el vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, y la lealtad del caballo. 

Parte I en blanco  y negro.

Prólogo. Cervantes diminuto, comienzo tímido, en habitación de hotel. Don Quijote con armas. A ensillar. Doncellas lo desarman. Entusiasmo descentrado, la concentración prefiere el desvío. 

El enano de día, el enano de noche. Lo alimentan. Armarse caballero. 

Rocinante caído.  Revisan la biblioteca.

Don Quijote durmiendo. El ama sólo ve desdicha.

Primer Sancho Panza. Don Quijote va a ver sus libros. El ama los quema. Sancho a todo correr de su asno. Molinos de noche. Mirada del rucio. Espada en los ojos. Don Quijote espera. 

Oreja lastimada. Sancho con rucio. Una golondrina sola no hace verano. La pastora Marcela habla de pie. Carbonilla. Marcela sentada. 

Asida a don Quijote y retrato con jarro, la musa Maritornes parece que nos da agua a todos los que estamos leyendo sin conocernos. 

Manteada. Entre Rocinante y rucio. Rebaño. Noche en el camino. Fantasmas. Segovia. Miedo de Sancho, cuando don Quijote se tapa la nariz.

Sancho llora. Los galeotes. Sin ropa exterior. Quijote lee un soneto. Abrazo entre el Roto de la Mala Figura y el Triste.

Cardenio enloquece. Mirada. Volteretas. Don Quijote va a escribir la carta. Sierra Morena. Luscinda. El rucio intermitente: más que ausencia, presencia inesperada. 

Dorotea y Cardenio. Maritornes otra vez. Carbonilla. Sancho Panza monta a Rocinante. Golpeado. Pandafilando de la Fosca Vista y Tinacrio el Sabidor. Sancho y rucio. Reencuentro. Andrés abraza a don Quijote.

Lectura de la novela del curioso impertinente. Lotario y Anselmo. Anselmo y Lotario. Carbonilla. Rucio en el limbo. Camila. Leonela y su amante. 

Contra los cueros de vino tinto. Desmayo. Tropa de huéspedes. La ventera. Quijote verde. 

El cautivo, la barca, días de grafito.  El cuadrillero y don Quijote enjaulado, lápiz sanguina. Barca con Zoraida.

Don Quijote colgado del brazo. Rocinante colorado. El baciyelmo. El cuadrillero. Un gallo. Insultos. Sancho besa la mano. Quijote enjaulado. 

Sancho sueña con liberarlo. Flor y espejo de los caballos. Bueyes con jaula. Desenjaulado. 

Cabra La manchada. Cabrero Eugenio. Leandra. A la valona. Don Quijote a todo galope. Sancho y Juana Panza.

Parte II. Color. Portada. Caballero andante he de morir. Don Quijote con Sancho en su aposento. Retrato de Cide Hamete Benengeli. Rucio solo. Relincho de arena. Teresa Panza.

Discreción, de hinojos, suplicante.

Bobas mías. Don Quijote con ama y sobrina. Grafito. Don Quijote y Sancho aderezan todo para el viaje. Gallinas. 

Las Cortes de la Muerte, los recitantes de la Compañía de Angulo el Malo, caras de burros que asoman y alcornoques. 

En viaje. Rocinante azul. Labradoras. Virtudes animales. Sancho toma de la bota. 

El caballero de los espejos en duelo con don Quijote. Tomé Cecial. 

A Don Diego de Miranda, el Caballero del Verde Gabán, de caballo a caballo: Que vuestra merced deje caminar a su hijo por donde su estrella le llama. Cola Pesce anfibio, como nadaba el peje Nicolás o Nicolao.

Maestro de esgrima. Bodas de Camacho con el suceso de Basilio, fecundo en ardides. De sus mismas armas traspasado. Cuervos entre murciélagos en la Cueva de Montesinos.

Gusto del enfado que le dan las impertinencias de Sancho. 

Palacio. El venerable anciano sale al encuentro de don Quijote. A la derecha, la sala baja con el sepulcro de Durandarte. A la izquierda de la escalera, Merlín el encantador.

La ermita. El mono adivino que huye. Don Quijote descabeza los títeres.

Rucio escucha rebuznar a Sancho. En el camino. Amenaza a los molineros. El azor y la gran señora. La bizarría transformada. 

Llegan al castillo. Sancho platica con la duquesa y doncellas. Le lavan las barbas. La doncella barbera trae la toalla en el extraordinario lavatorio.

El desmesurado jabalí cruje dientes y colmillos. Puntas de venablos.

En cama, dibujo los disciplinantes. Baja la fiebre. El espantajo prodigioso, el pífaro y los dos tambores. La debilidad mejora.

Me levanto de la gripe con los mismos humos del gobernador Sancho Panza. Se le quitaron los vaguidos de escudero. Me encanta cómo hablan, no importa lo que hacen: por cuántas dueñas hay un cabrahigo.

Pasan los días. Se mezcla el dibujo con mis problemas. Pero están debajo de La condesa Trifaldi y las doce dueñas. La dueña dolorida con barbas, hecho un bosque su rostro. Su mala andanza.

Viajo cuando Sancho no quiere montar a Clavileño

Clavileño está en la cocina de mi padre con la leña que ya no tiene fuerzas para cortar. Sentados a la mesa, dibujo con la mirada de él.

Consejos de don Quijote a Sancho, futuro gobernador. Altisidora con arpa. Sancho toma posesión de la ínsula. Espanto cencerril y gatuno. 

Estoy en la ínsula Barataria, metida en dibujar toros, San Jorge, y agregarles una escalera a los duques. Sancho gobernador con hambre. Don Quijote con la dueña Rodríguez. Honestísima vergüenza. Sanchica y Teresa Panza. Sancha gobernadora, la creída.

Angustiada doña Rodríguez. Remate del gobierno. Sancho, Ricote y los peregrinos.  Don Quijote extraña a su escudero. Caída con el rucio. Juntos otra vez. 

Batalla don Quijote y Tosilos. Libertad de Sancho. Despedida de los duques. Imagen de San Jorge. Los toros y el rucio. Línea cervantina. 

Hojea el Quijote apócrifo de Avellaneda. 

Antes de que don Quijote amanezca en Barcelona se pelearán a brazo partido y Sancho pondrá su rodilla en el pecho del caballero. 

La cabeza encantada y respondedora. Visita de las galeras. Quijote manda, ya no decido las caras como al principio. 

En silla de manos. Marrido y triste. Don Quijote sin armas a la sombra de un árbol.

Sancho durmiendo y don Quijote velando. Duerme hombre sensato, el que pasa la cerdosa aventura, sufre la coroza y las burlas, atraviesa entretanto los diablos de Altisidora, y vuelve al engaño entre las hayas agotándose en el ardid para mirar juntos la aldea desde la loma.

Los diablos jugando a la pelota con libros en la puerta del infierno. Jubón y randas flamencas. Freud leyendo a Cervantes y deteniéndose en este párrafo. ¿Habrá soñado con esa escena? 

No terminó. Vivo los últimos días. La liebre me lleva tiempo. Sancho leal pero nunca esclavo.

Quijote desarmado, pequeño, espera a la sombra de un árbol. Es el dibujo 191. Tristeza de música en las hojas. Mi Sanchus eroticus.

Sólo queda un dibujo y es la muerte.

Lloro un poco. Suena el teléfono y corta el llanto. Cuatro meses de encantamiento. 

Unamuno: Olvidar la muerte es desentenderse de la vida misma. Dibujar el Quijote me preparó un poco más para la muerte. Alonso Quijano.

Sin inclinación por las deudas pendientes. Como si tocara la mula asombradiza. Estuvimos todos frente al león comedido. Plazos, administración del tiempo, entrega diaria. Reunión de lectura como venta en el camino. Ganas de que don Quijote se haga pastor.

Ya no manda a traer nada el visorrey. Galeras vacías.

Queda el rostro altivo en el cielo azafranado, el porte que ya no dirijo.

Nuestro palacio donde nos bamboleamos en Clavileño. Mulas pardas encubertadas. No somos la flor y nata de los lectores. 

El temor le tenía suspensos los sentidos. Azotes y engaño entre las hayas.

Presupongamos que esta liebre es Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines encantadores que la transformaron en labradora.

Sin tiempo en la única aparición probable de Dulcinea, apuro que no impide su presencia. Ya sólo puedo dedicarme al último dibujo. Los lápices están con un encantamiento propio de los malignos.

Mapa final

Dibujos y lectura se llevaron como pudieron. En un planisferio, marco el perímetro uniendo puntos en cada ciudad donde hubo un lector. Del Pacífico a España es el arco del baciyelmo; Brasil y Perú, el rostro, Paraguay un bigote y la barba en punta, Argentina. Éramos cientos. La cara del Quijote aparece con el yelmo de Mambrino y ocupa los continentes. Puede verse desde la luna.

Bettina Bonifatti

Ph / Hiroshi Sugimoto, Theaters / U. A. Play House, Nueva York, 1978