Esta es una historia de amor que acaba mal, pero es apasionante y extraña. En 1947, Céline sale de su prisión danesa y vive en una barraca al borde del Báltico encontrada por su abogado. Tiene 53 años, está físicamente destruido, pero muy alerta. Se entera de que un joven profesor judío americano lo admira hasta el punto de hacer el elogio de uno de sus panfletos, Les beaux draps. Sin duda, Céline es un “genio literario”, y debemos reconocerlo como tal. Mejor: “Este Milton Hindus, edad 30 años, quiere hacer reaparecer Muerte a crédito en los Estados Unidos, con un prefacio. Céline, sorprendido, entusiasta, astuto, le escribe: “Usted hace maravillas. Me hace resucitar en USA. Es el milagro.”
Señalemos bien las fechas: en este momento, Céline está considerado como muerto en Francia, los daneses le van a salvar la vida oponiéndose a su extradición, él prepara su proceso para el cual moviliza todas su fuerzas, “adula” pues a su corresponsal inesperado, y se pone a hablarle de su arte poético que desarrollará seguidamente en sus Entrevistas con el profesor Y. Nueva estrategia: yo soy ante todo un estilista, he inventado una nueva música, “estoy por completo en el baile”, mis ideas no tienen ninguna importancia y además el antisemitismo es completamente anticuado e inepto, es “una idiotez fundamental”. ¿Ha leído Mein Kampf de Hitler? No. “Todo lo que piensan o cuentan o escriben los alemanes me mata de aburrimiento… Todo lo que está del otro lado del Rin me coagula.” Y aún: “la vociferación hitleriana, este neo-romanticismo gritón, este satanismo wagneriano, me ha parecido siempre obsceno e insoportable. “La lengua francesa se había dormido, yo he despertado su intimidad, su “acabado emocional”. “Mi vida física es un martirio, mi vida mental, es preciso admitirlo, una perpetua magia.”
Hindus le hace preguntas y Céline le responde. Es preciso que la lengua “palpite más que razone”, es un “colorista de las palabras” en un lenguaje de todos los días. ¿Realismo, naturalismo? Ah, no: “La verdad no me es suficiente. Me hace falta una trasposición de todo. Lo que no canta no existe para el alma. Mierda para la realidad. Quiero morir en música, no en razón o en prosa.”
¿Hindus tiene reservas sobre Freud? El asombroso médico Céline le responde que “Freud ha sido un muy gran clínico”. Ha delirado, seguro, pero todo el mundo delira. En suma, “la enfermedad del mundo es la insensibilidad”. Y, ya que estamos en los recuerdos de los Estados Unidos (lado positivo: las piernas de las actrices de cine, el jazz), Céline pide a Hindus noticias de su gran amor americano, la dedicataria del Viaje, Elizabeth Craig: “¡Qué genio en esta mujer! Yo no habría sido nada jamás sin ella […] Ella comprendía todo antes de que uno hubiese dicho una palabra… Son raras las mujeres que no son esencialmente vacas o sirvientas, sino son brujas y hadas. Mirad a Isadora Duncan. Todo alrededor de ella se orienta Sabbat.” Céline insiste: “Es a las bailarinas a quienes leo. Soy griego por este lado, ¡ah no por el sexo! Por el gesto… por su emanación misma.”
Hindus hace preguntas ingenuas: ¿Céline va a verificar los lugares que describe, hace planes? Responde inmediatamente muy animado: “Todas estas historias de planes me parecen idiotas. Todo está escrito ya fuera del hombre en el aire.” Un libro es un castillo aéreo, pero envuelto por una capa de bruma y de confusión. La escritura consiste en despejar alrededor, y “la trasmutación de la neblina al papel es penosa, lenta, es la alquimia”. No se puede estar más lejos del realismo o del naturalismo, ilusión grosera de todos los que buscan la reproducción de lo sensible fuera de las palabras (y he ahí, según Céline, lo que se le reprocha ante todo). “Yo no he creado nada a decir verdad. Yo limpio una suerte de medalla oculta, una estatua enterrada en la arcilla. Todo existe ya. Cuando todo está límpido, limpio, claro, entonces el libro está acabado.. […] Todo está fuera de sí, en el oleaje pienso. Ninguna vanidad en todo esto. Es un trabajo muy obrero, obrero en el oleaje.”
Hindus está impactado: “Los Franceses deben asumir, aunque esto les plazca o no, que sois a los ojos del mundo su escritor vivo más grande.” Estamos en 1948, y Céline, en 2012, cincuenta años después de su muerte, está más vivo que nunca. En la época su caso está pendiente, tanto más cuanto que las desinformaciones constantes lo apuntan, por ejemplo que él había sido el médico de Pétain en Siegmaringen: Ahora bien, nunca atendió a Pétain: “¡Se me glorificaría de haber torturado a Pétain! En resumen, él es denunciado cada día, siendo la prensa comunista danesa la más virulenta. Poco importa que haya tratado a Abetz de “payaso para catástrofes” y a Hitler de “mago para el Brandebourg”. ¿Qué hacer? Escribir y todavía escribir, y será esta obra maestra titulada Féerie pour une autre fois. “¡Yo soy Sísifo con una roca de papel! ¡Grotesco como es preciso en estos tiempos grotescos!” Hindus es concreto: envía a Sísifo café, té, azúcar y medias para Lucette, la mujer bailarina heroica del esclavo de las letras, que se burla del premio Nobel dado a Sinclair Lewis, “apoteosis de los insípidos”. Y he aquí un pronóstico radical: “Cuando toda la civilización europea haya colapsado, colapsado, no quedará más que un libro: el Viaje al fin de la noche..”
Ay, ay, todo se va a estropear bastante rápido, pues Hindus, a invitación de Céline, ha decidido ir a ver a su ídolo a Dinamarca. Pasa primero por París y visita la tumba de la madre de Céline en el Père-Lachaise. Céline está conmovido. Pero ¿qué pasó ahí, en Korsor, durante tres semanas? Hindus, como lo dirá más tarde, siente asco por Céline. “Está tan lleno de mentiras como un forúnculo de pus.” Es sucio, grosero, vanidoso, obsesionado por el dinero, “sediento de sangre”, una “víbora”. Hindus se venga de su propia admiración y escribe El Monstruoso Gigante, que se convertirá en El gigante lisiado. El 23 de agosto de 1949, Céline le escribe: “Yo no os he hecho ningún mal y usted me ha asesinado.” Él grita inmediatamente ante la difamación, amenaza con llevar a cabo un proceso, y, astuto, se queja ante el presidente de la Brandeis University donde Hindus enseña. Causa perdida, el libro de Hindus no tiene casi resonancia en Francia, y Céline no se privará de mentir diciendo que no ha visto a su admirador más que un cuarto de hora. “Hindus se moría por ser desconocido. Una bella negación pública si queréis.” En 1950, el proceso a Céline se abre en París. Hindus se ha recuperado de su viejo amor, sosteniendo que Céline, “a pesar de sus límites”, es un gran escritor, lo que Louis Martin-Chauffier encuentra no una circunstancia atenuante sino agravante, argumento, replica Hindus, que ha servido siempre para perseguir a los hombre de talento. Este proceso dura por siempre, ya que leí en una revista de hoy que Céline era “basura”. De paso, citamos a un testigo de la época que, interrogado por Hindus en Nueva York: “Céline ama a los niños, a los animales, a las bailarinas y los bombones de chocolate.” Se ve bien que era un monstruo.
Del libro Fugues. Philippe Sollers. Éditions Gallimard, 2014. Paris.
Traducción de Miguel Ángel Alonso