Variaciones Storni II
Dónde, cuando la carne
de los hombres sin arraigo,
correré puños en alto
Debo
con los dedos
Debo
separar los párpados
hasta que las raíces lleguen
del cielo a la casa
Con los dedos
Con sus uñas que crecen
que crecen
Cuando el universo se desmembra
—o no se desmembra—
mis ojos estarán rojos
Mis ojos que ceden
No te duermas,
cuéntame los cabellos.
Amén
No permitas que entre la abeja por mi ventana
Si aún entrara
no permitas que se pose en mi pantalón
Si aún se posara
haz que lo haga por su lado delantero y yo pueda verla
Si aún se posara donde no la viera
haz, te lo ruego, que no tenga
su aguijón atravesando la tela
Si aún no oyeras mis ruegos
Si la ventana
si la abeja
si su taimada presencia y
su aguijón/
Si no escucharas la devota súplica
Oye al menos mis ayes
y recompénsame
Los niños de Roma
Las canteras blancas
paren niños alados
de nieve sólida
Los niños de Roma
son blancos
son de nieve
compactos
son de mármol-nieve
Los niños de Carrara no tocan el suelo
Los niños blancos de Roma
tienen gesto plácido
tienen la tersura desesperada
de los muñecos.
Yo espero que suelten
a los niños Carrara
Una suelta de niños alados
que nunca volaron
Niños que caen con estrépito
Niños compactos que se estrellan
que se funden con las rocas
de Carrara
Que en las canteras todo sea blanco
—otra vez—
Yo espero
Los ladrillos y las cosas
Primero fue el verbo
Hace nueve mil años en Jericó el verbo ya cundía
y había otoños,
había hojas que se amarillaban, caían y se pudrían.
¿Sobre qué ruinas se construyó Jericó?
Hay cosas que primero fueron alguna cosa y, recién
luego, tal cosa.
Hay verbos que se buscaron para decir esa cosa,
verbos tardíos.
Jericó se construyó con ladrillos,
el ladrillo fue previo a ladrillo
como la rueda
fue previa a rueda.
No somos dioses, nuestros verbos no son previos.
Dios crea para nada.
Los ladrillos de Jericó de tan perfectos aún son.
No voy a decirte
otoños
traiciones
amaneceres.
No voy a decirte
tabla canto testa
No las hojas
los desaires
No soga tizón y grueso
Voy a darte (y no te importen mis ladrillos)
el Taj Mahal
la casa de la calle Liniers
dos Cariátides de la acrópolis y una del British Museum
las columnas del claustro de los Jerónimos de Belén
(todas distintas)
o el Confucio del Parque Rodó
Todos y uno.
Cada ladrillo desde aquel Jericó. Jericó es, al fin,
cualquier lado.
Qué hiciste vos con tus ladrillos, me pregunto
El desamor es un ladrillo, no me cuentes el ladrillo,
el otoño es ladrillo,
la muerte, el suspiro…
Hay una pared que espera la construcción y el verbo.
Virginia Caramés
De: Bloque de hueso (Ed.Del Dock -2025)
Ph / Imogen Cunningham, Martha Graham, 1931