Me considero afortunado en, al menos, dos cosas: haber leído Los prometidos antes de que me lo dieran en la escuela y haber visto a Charlot —el Charlot de las últimas comedias— antes de familiarizarme con las interpretaciones trascendentes de los metafísicos del cine (como dice Cecchi). Entre el 26’ y el 33’, año en […]