Antepasados / Aleš Šteger

Fuimos al cementerio del pueblo.

en Destrnik el cementerio es el único lugar

Abierto a los cuatro vientos.

Ahí están, uno frente a otro,

Como un espejo que mira a otro espejo,

el panteón de la familia de mi madre

Y el panteón de la familia de mi padre.

No hemos llevado ni cenizas ni huesos.

De pronto comprendí por qué los cementerios

Son tan importantes y a quién susurro despacito allí.

Que somos parte integrante del todo.

Fuimos al cementerio del pueblo y lloramos,

Pero no lloramos de tristeza.

en el gran sótano del castillo de Scheinburg,

entre ladrillos de historia centenaria,

Yo estaba en el cementerio del pueblo de Destrnik,

Abierto a los cuatro vientos.

me acerqué a cada uno de aquellos

Que me parieron antes de ser concebido.

Cuatro vientos, cuatro antepasados,

Cuatro almas necesarias para que yo estuviera aquí.

Viajé hacia el norte.

Ahí está la abuela Vida. Pura vida.

Nacida en Paradiž, el Paraíso.

Una mujer sin abrazo, no tocada.

La voz más bella de la parroquia de San Urbano.

Hija mínima y pobre de Haloze,

Que amó toda la vida a un alma perdida

Y se resignó a estar con mi abuelo

en la medida de lo posible.

Aunque todo es posible.

También sanar el pasado. mi abuela Vida. Pura Vida.

Con tanto sin vivir,

Con tanto enterrado en su alma de arcilla,

Que me dio la inquietud y la laboriosidad

Incesantes, la iniciativa incesante

Y la fuerza inagotable para continuar,

Para salir adelante una y otra vez.

Viajé hacia el sur.

Al cálido sur donde en las copas de los castaños

Soplan ternura y gracia.

Aunque esto también es una estrategia singular

Para negociar con las lágrimas y las emociones,

Con el despecho y la aceptación.

mi abuela Kristina,

Un milagro de la sobrevivencia y la lealtad,

Una mano suave que me acariciaba

Y me protegía de todo lo que pudiera pasar.

La abuela Kristina que cuando niña

encontró a su padre colgado

Y rezó toda la vida el rosario

De cuentas interminables.

Viajé hacia el oeste.

Allí me estaba esperando con una sonrisa

mi otro padre, mi abuelo matijas.

matijas con manos blancas de harina de pan,

matijas que me enseñó a leer lo silenciado

De los nazis y de los partisanos, que me enseñó

Las palabras Gott, Schloß, Teufel,

Que ahora vuelvo a reconocer en los carteles

Alrededor del castillo donde respiro, donde con la respiración

entro en él, en sus tiradores

Y libros, en sus relatos sobre el bien y el mal.

Siempre sin nombre. Siempre sin nombres.

¿está aquí el principio de la poesía, en el misterio

De la lengua sin nombres?

Viajé hacia el este,

Hacia el más indomable, el más meditativo

Y el menos articulado de los cuatro.

mi abuelo Ignac, un extranjero.

A quien más me parezco.

Las palabras sólo eran buenas,

Si eran vencidas,

Si estaban desatadas como los animales

en su establo, como los gatos y pájaros

Con los que compartía su soledad.

extendido a los cuatro vientos,

entre Vida, Kristina, matijas e Ignac,

Viajé por lo más preciado,

Por los momentos que me dieron forma,

Por mi leve, infinitamente leve Inseparable equipaje.

Por encima, mi madre cielo,

Por debajo, mi padre tierra.

Abrí los ojos.

en un rincón del salón, los dos chamanes

Puma y Yacu fumaban tabaco

Y observaban cómo nos transformaba el mensaje

más antiguo que el ser humano.

en medio de la habitación ardía el fuego.

Aterido, fui a sentarme más cerca de él.

Fuego, fuego, fuego, que quemas

Nuestros huesos y carne hasta las cenizas.

me quedé mirando fijo la danza de las llamas.

Inhalando profundo mi norte, mi sur,

Inhalando mi este y mi oeste,

Llévenme adonde pertenezco, les rogué,

Llévenme adonde siempre he habitado

Aunque sin voz y sin palabras,

Donde habito como habitan las piedras y los árboles,

Como habitan los rostros cambiantes de las nubes.

entonces empecé a sentir que

Desde mi cabeza crecía otra cabeza,

Una cabeza de luz y dolor,

La cabeza irreconocible de un monstruo angélico,

Se inclinó ante mí, se arqueó y fue

De nuevo adentro de mí entre las piernas,

Penetró mi cuerpo

Y luego aparecieron otras dos cabezas.

Circulación embriagadora, revitalizadora.

Y sentí crecer una cuarta cabeza,

Vértebra por vértebra.

De pronto el espacio había desaparecido.

Yo era el tiempo de mis antepasados,

Que circulaban a través de mí.

el norte estaba en todas partes,

Y el sur y el este y el oeste.

miré mi cuerpo.

Que ya no estaba.

estaban mi padre y mi madre

Abrazados, la desnudez acoplada de la concepción.

Yo ya no estaba.

en mi lugar había sólo

el tiempo desnudo de la circulación.

Y luego de mi cabeza salieron también

mi hermana, mi mujer, mi hijo

Chorros de luz cada vez más finos parecidos a personas

Cuya presencia llevo en mí.

Comenzó a llover.

el fuego era cada vez más potente,

más suave, más claro y calmo.

me volví vertiente de todo lo que soy

Y todo lo que soy corría sin cesar, y volvía

Una y otra vez.

Tiempo sin tiempo.

Vi el planeta

Del que vuelan las almas de los muertos

Y al que vuelven

Sin forma, mudas y purificadas

Con una sola luz de amor,

Con una sola lumbre,

Con una sola llama

De la vela oscura que jamás se apaga

en el cementerio del pueblo.

en el plato del restaurante del hotel

Hay granos de arroz blanco y un par de trozos de tomate.

en el plato del restaurante del hotel

Hay manos que plantaron el arroz, hay espaldas inclinadas

al sol ardiente

Y hay pies descalzos hundidos en el barro de los campos de

arroz.

en el plato del restaurante del hotel

Hay granos de luz blanca que nos dice

Que es una bendición no tener hambre.

en el plato del restaurante del hotel

Hay mieses resplandecientes de una planta que se nos da.

Tantos soles diminutos blanqueados en el plato

Del restaurante del hotel que construyeron

manos de antepasados, lenguas de antepasados, sueños de

antepasados.

Los trozos de tomate son sus corazones despedazados.

Qué dulces, qué inimitables palpitan

A la luz tardía del anochecer.

en los pasillos del hotel reina el silencio.

De las habitaciones llegan sólo los sonidos

Del agua que corre por las cañerías.

Aquí vomitamos y defecamos

Nuestros traumas, nuestros miedos y preguntas.

Aquí vomitamos y defecamos

Lo que hemos hecho insalvable

Y lo que sin decirlo hemos deseado heredar.

Cada uno en su habitación.

Las luces de los pasillos del hotel están encendidas

Día y noche.

Día y noche vomitamos y defecamos.

Qué difícil es separarse de los propios

Traumas, miedos y cuestionamientos.

Qué difícil es lo que parece más fácil.

Aceptar el hecho de que afuera hay luz.

Aceptar el hecho de que las cañerías están conectadas,

Casa con casa, ciudad con ciudad, por todo el planeta.

De que todo se trasvasa entre todos nosotros,

De que tu trauma es también el mío

mi respuesta es también la tuya.

en el hotel quedan un par de cuartos vacíos.

Ahí habitan nuestros antepasados.

Los oigo vomitar y defecar

Y me asombro de nuestra propia cultura

en la que esta imagen parece inaudita.

Que estamos indisolublemente conectados.

Que siempre lo hemos estado.

Y que vomitamos y defecamos.

Y siempre lo haremos.

en el baño del castillo encuentro al chamán Puma.

Hace media hora exhaló en cada uno de nosotros

Ingentes cantidades de tabaco,

Y así nos preparó para el viaje,

Y mientras lo hacía él mismo vomitó varias veces.

Alguien tira la cadena,

Y él me abraza,

me mira fijo a los ojos

Y dice:

No hay nada en particular.

Que haya que sanar.

Tenemos que sufrir un poquito

¿entiendes?

en la habitación 310 hay una acuarela

Del fastuoso palacio barroco esterhazy,

Rodeado de arboledas a principios de otoño.

Adelante hay una fuente con la estatua de una ninfa desnuda,

el agua le brota directamente de la cabeza.

Cuánto esfuerzo, cuántas penas y cuántos destinos

Para que este palacio fuera construido

Y para que siglos después sirviera de modelo al pintor.

Todo esto está ahora en mí, los gestos del pincel,

Los colores vertidos, la historia de los esterhazy y la ninfa,

Aunque no hay ningún modelo para la persona

Que fui, para la persona que estoy siendo.

Oigo el agua salpicando en la acuarela.

Veo el agua eterna en mí.

estoy tendido bajo un castaño

Y observo la danza de unas mosquitas.

Como si entre ellas hubiera una red

extendida que nadie hubiera tejido

Y nadie moviera los hilos.

Ahora una está arriba, ahora otra,

mantienen la constelación, y con ella

el espacio que crean para mí

Sus cuerpecitos de un día.

Sin embargo, se mudan desde

La mesa de madera apolillada frente a mí

Hacia encima del túmulo de piedras a mi otro lado.

Su libertad es semejante

A mi habitar.

el reloj del castillo da las y media.

Las hojas en la copa del castaño se estremecen.

Son los dedos de un pianista por los que

el viento sopla una sonata de eternidad vespertina.

Tan milagrosamente como surgieron,

Las mosquitas desaparecen.

Y también yo observo, conciliador,

el rostro de mi propio adiós.

Šli smo na vaško pokopališče.
Na Destrniku je pokopališče edini kraj,
Odprt na vse štiri strani neba.
Tam sta, en nasproti drugemu,
Kot se zrcalo gleda v zrcalu,
Grob družine moje mame
In grob družine mojega očeta.
Nismo nesli ne pepela ne kosti.
Naenkrat sem razumel, zakaj so pokopališča
Tako pomembna in komu tam potiho šepetam.
Da smo le sestavni del vsega.
li smo na vaško pokopališče in jokali,
A nismo jokali zavoljo žalosti.
V prostorni kleti gradu Scheinburg,
Med opekami s stoletno zgodovino,
Sem bil na destrniškem vaškem pokopališču,
Odprt na vse štiri strani neba.
Vstopal sem v vsakega od njih,
Ki so me rodili, še preden sem bil spočet.
Štiri strani neba, štirje predniki,
Štiri duše, potrebne, da sem tukaj.
Potoval sem na sever.
Tam stoji babica Vida.
Pura vida.
Rojena v Paradižu.

Ženska brez objema, brez dotika.
Najlepši glas pri farni cerkvi svetega Urbana.
Drobni, revni otrok iz Haloz,
Ki je vse življenje ljubila izgubljenega
In se z mojim dedkom spoprijateljila le,
Kolikor je bilo mogoče.

Čeprav je vse mogoče.
Tudi zdraviti preteklost.
Moja babica Vida. Pura Vida.
S toliko neizživetega v sebi,
S toliko zakopanega v svoji ilovnati duši,
Ki mi je dala nenehni nemir
In storilnost, nenehno podjetnost
In neizčrpno moč nadaljevati,
Se iznajti, znova in znova.
Potoval sem na jug.
Na topli jug, kjer iz kostanjevih krošenj

Vejeta nežnost in milost.
A tudi to je edinstvena strategija,
Kako trgovati s solzami in čustvi,
Z užaljenostjo in sprejemanjem.
Moja babica Kristina,
Čudež preživetja in vdanosti,
Mehka dlan, ki me je božala
In varovala ne glede na vse, kar utegne priti.

Babica Kristina, ki je kot otrok
Našla svojega očeta obešenega
In vse življenje molila rožni venec,
Ki se nikoli ne izteče.
Potoval sem na zahod.
Tam me je pričakal z nasmehom
Moj drugi oče, moj dedek Matijas.
Matijas z rokami, belimi od pekovske moke,
Matijas, ki me je učil prebirati zamolčano,
Nacistično in partizansko, ki me je učil
Besed Gott, Schloß, Teufel,
Da jih sedaj ponovno prepoznam na tablah
Okrog gradu, kjer diham, kjer z dihom
Vstopim vanj, v njegove naramnice
In knjige, v njegove pripovedi o zlu in dobrem.
Zmeraj brez imena. Zmeraj brez imen.
Je tu začetek poezije, v skrivnosti
Jezika brez imen?
Potoval sem na vzhod,
V najbolj neukrotljivega, najbolj premišljujočega
In najmanj artikuliranega od vseh štirih.
Moj dedek Ignac, tujec,
Ki sem mu še najbolj podoben.
Besede so bile dobre le,

Če so bile premagane,
Če so bile odvezane kot živali
V njegovem hlevu, kot mačke in ptice,
S katerimi je delil svojo samoto.
Razprt na štiri strani neba,
Med Vido, Kristino, Matijasa in Ignaca,
Sem potoval po najbolj dragocenem,
Po trenutkih, ki so me oblikovali,
Po moji lahki, neskončno lahki
Neodložljivi prtljagi,
Nad nami moja mama nebo,
Pod mano moj oče zemlja.
Odprl sem oči.
V kotu grajske sobe sta sedela dva šamana,
Gaya in Quil in kadila tobacco
In opazovala, kako nas oblikuje sporočilo,
Starejše od človeka.
Sredi prostora je plapolal ogenj.
Omotičen sem se presedel
V njegovo bližino.
Ogenj, ogenj, ogenj, ki sežigaš
Naše kosti in meso v pepel.
Dolgo sem strmel v ples plamenov.
Globoko sem vdihnil svoj sever, svoj jug,

Vdihnil sem vzhod in zahod,
Nesite me, kamor spadam, sem jih prosil,
Nesite me, kjer od nekdaj bivam,
A brez glasu in brez besed,
Kjer bivam, kot bivajo kamni in drevesa,
Kot bivajo spremenljiva obličja oblakov.
Tedaj sem začutil, kako je
Iz moje glave zrasla druga glava,
Glava iz luči in bolečin,
Neprepoznavna glava angelske pošasti,
Se sklonila predme, se vbočila in šla
Ponovno vame med nogami,
Predrla moje telo,
In potem sta se pojavili še dve glavi.
Opojno, poživljajoče kroženje.
Zrasti sem čutil še četrto glavo,
Vretence za vretencem,
Naenkrat je izginil prostor.
Bil sem čas mojih prednikov,
Ki so krožili skozi mene,
Sever je bil na vse strani,
In jug, in vzhod, in zahod.
Pogledal sem svoje telo.
Ni ga bilo več.

Bila sta moja mama in moj oče,
Objeta, trdno sklenjena golota spočetja.
Ni me bilo več.
Namesto mene je bil le še
Goli čas kroženja.
In potem so iz moje glave še stopili
Moja sestra, moja žena, moj sin,
Vse več drobnim curkom svetlobe podobnih ljudi,
Katerih prisotnosti nosim v sebi.
Pričelo je deževati.
Ogenj je bil vse močnejši,
Vse bolj nežen in jasen in mil.
Postal sem studenec vsega, kar sem,
In vse, kar sem, je nenehno odtekalo in se vračalo,
Zmeraj znova in znova.
Čas brez časa.
Videl sem planet,
Iz katerega letijo duše umrlih
In se vanj vračajo,
Brez oblike, neme in očiščene
Z eno samo svetlobo ljubezni,
Z eno samo lučjo,
Z enim samim plamenom
Temne svečke, ki nikoli ne ugasne
Na vaškem pokopališču.

Aleš Šteger / Antepasados (“Predniki”)

De: «Testimonios» / Círculo de poesía, de México, 2023

Traducción: María Florencia Ferré

Aleš Šteger (Ptuj, 1973) es uno de los autores fundamentales de la literatura eslovena contemporánea. Licenciado en Literatura comparada y alemán por la Universidad de Liubliana, trabaja activamente como traductor del alemán y del español (traducciones de selecciones de poemas de Pablo Neruda, Ingeborg Bachmann, Bottfried Benn, Petr Huchl, Olga Orozco). Es editor de la prestigiosa casa editorial Beletrina.