Una presentación: Ires y venires. Escrituras migrantes latinoamericanas judías / Laura Estrin

Zit zain, una presentación de Ires y venires. Escrituras migrantes latinoamericanas judías (Compilador Leonardo Senkman) por Laura Estrin [1]                                                                    

“No soy de aquí ni soy de allá/no tengo edad ni porvenir/ y ser feliz es mi color de identidad”
(Facundo Cabral, una canción que escuchaba en mi infancia)

“¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura,
más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz.
De lo que sí estoy segura es que hubiera escrito lo que fuera en cualquier lengua”
(Agota Kristof, La analfabeta)

Viajes, memorias, cartas, escrituras que son Tatuajes en papel –como Nora Strejilevich llama a su libro inédito del que esta reedición nos trae un fragmento, así se mecen los escritos que compila en Ires y venires Leonardo Senkman. Podría decirlo con frases en idish: arain aroise o shpilques in tujes o, mejor, mitten drinnen, porque el ir y venir se escribe justo en el medio, entremedio, ni exactamente acá ni justo allá. Aunque suelo suponer que los que se van quedan de ningún lado por eso mi lectura les inscribe un zit zain, algo así como un quédate ahí, quédate quieto, sé ahí –si disculpan el filosofema.

Además, siempre me pregunté para quién escriben los que escriben fuera de su tierra. Creo que se escribe para uno mismo en la propia tierra. De modo que este libro propone un ir y venir, un movimiento, un ritmo geográfico y a mí solo me gustan los autores que bailan: los pies acá, la cadera allá y vaya a saber dónde la cabeza. Se piensa con los pies -decía Nicolás Rosa repitiendo a Lacán y un autor en este libro supone que esa importación intelectual nos es típica, siempre trajinamos el viaje de teorías, aunque como escribió Libertella, tenemos una biblioteca que nos llegó equivocada. Aunque Nicolás Rosa también señalaba que se escribe con el estómago, el corazón y con otras partes que aquí no mencionaré. Y de nuevo, Nora Strejilevich en un ensayo, moviendo los géneros, afirma que la literatura (como sinónimo de invención) piensa y las memorias (como parangón de recuerdos de vida) crean.

Se escribe con todo lo que el cuerpo es y soporta -diría tal vez cerca de Spinoza, se escribe con toda la física la experiencia de una vida, vida imaginaria, vicaria o padecida, allá y acá.

Pero, insisto, me parece que se escribe allá para pensar acá. Sino ¿qué hacen esos scholars de Yale ocupando la escena acá? Acá y allá, deícsis que me llevó y me lleva muchos versos porque como le dije al editor de este libro, una provinciana en la capital también es un autor en viaje, un autor de otra tierra, un extranjero, o un judío, o un artista del hambre -si les traigo la frase con que Kafka lo pensaba. Disculpen, asocio todo lo que me importa.

Este libro mueve geografías escritas, ningún regionalismo, porque Senkman se ocupa de precisar valores, los valores de la literatura. Senkman en La identidad judía en la literatura argentina, libro que podría ser un posible envés de Ires y venires, aunque para eso deberíamos entender de modo muy limitado lo que consideramos ´identidad´, ya que esta no es algo fijo sino, de nuevo, un viaje, o mejor, un abismo, desfiladero o volcán -como la llamo en el libro que acabamos de editar, Teoría y judeidad. Senkman, insisto porque me interesa marcarlo, en el abordaje de los autores que reúne en ambos libros, junto a sus preocupaciones judías sabe de las dificultades que estos traen a causa de su desigual valor, de lo heterogéneo de sus escritos.

Senkman pregunta por el qué y por el cómo del ir y venir judío -digámoslo así- para subrayar el dónde, el acá -que a veces es ningún lugar adónde ir -y le robo el genial título a las memorias de Jonas Mekas, porque sabemos que el vaivén es el lugar donde la lengua se vacía y se llena según geografías y políticas múltiples, entonces allá puede ir de Buenos Aires a Jerusalén y de Jerusalén a Miami, si bien solo se puede ser y pensarse en Monte, donde se tiene un muerto propio enterrado -como repito desde hace años la sentencia de Ismael Viñas, del que este volumen guarda un cruce de cartas con su hermano de enorme valor crítico e histórico.

El exilio de David Viñas, geográfico e intelectual, distinto y distante del de su hermano, existencial y político, pasó a la lengua crítica de sus libros: De Sarmiento a Dios: viajeros argentinos a Usa o De Sarmiento a Cortázar.  De acá para allá -dicen esos títulos y no falta quien asigne el sino judío del exilio a ese destino de nombres en movimiento, un andar al parecer constitutivo.

En el libro que hoy presentamos, Spunzberg recupera que “habiru, ivrim, significa nómades, errantes, caminantes, son los venidos del otro lado, del otro lado del Éufrates, del Jordán, del océano, del Riachuelo, son los que están siempre en tránsito” -leemos.

Pero, entonces, todo el tiempo, el asunto es tener algo que decir y el cómo decirlo, no solo el viaje y la judeidad, sean estos destinos identitarios o forzados. El tiempo cambia el espacio, se trae otra lengua y se escucha otra lengua. En el ir y venir se confunde y amplía el dónde y, a veces, en otro lugar hay que aguantar no ser nadie. Puente directo con el para quién se escribe desde afuera -que apuntaba antes. El libro que hoy presentamos une, corre y mezcla ires y venires con judíos, son ires y venires de judíos que recuperan el consabido todo judío es un eterno errante, metáfora que la crítica extiende demasiado porque ese viaje no basta, no todos los judíos son viajeros, hay algunos que solo son turistas -para recrear la frase de Paul Bowles en El cielo protector- y no todos los judíos viajeros escriben, escriben algunos entre todos. Escriben los que tienen palabras para decirlo -para tomar el libro de Perla Sneh porque quiero poner aquí, además, su viaje en Lengua vespertina, escritura y memoria donde un trajín de palabras, construyen el relato.

Hay mucho de crónicas y recuerdos en este libro armado por Leonardo Senkman, aunque la palabra algunas veces tiene miedo y se aparta en teorías, sin embargo, de los escritos verdaderamente andantes uno se va quedando prendado, como me sucede con la memoria de Liliana Lara. Porque la escritura del recuerdo es más amable que los aparatos críticos, que el análisis de lenguas cruzadas más o menos obvias, diatribas que ya se han hecho bastante. Sin embargo, no nos cansamos de las escrituras únicas que se van acomodando como un ramo en que todas las rosetas arman una esfera donde ninguna tapa a la otra. Este libro lo muestra y deja claro que los estudios sobre exilios y otras lenguas, las adquiridas, las abandonadas, son un canon interpretativo recurrente que no llega a sombrear la experiencia que va de uno en uno, donde la escritura del camino judío, en parte, es el del idish. Un idish incrustado es ese justo mitten drinnen que va y viene en muchos textos de este libro como en el hermoso relato de Spunzberg, “A tiro de piedra”, donde la piedra, la contundencia lírica de su discurso, es el ¿NU? que todos nosotros conocemosy que el poeta atrapa.

Ires y venires reúne distintos autores y distintos viajes, algunos narran, otros describen, unos interpretan, otros anotan. Unos saben, otros esperan, también hay conversaciones que alguna vez hizo Leonardo Senkman donde algunos se recuperan o descubren judíos, otros parten de haberlo sido siempre, unos se piensan con Borges, otros en Sarmiento, la madre y el padre -dirá Sosnowski repartiendo y repitiendo, basal y literariamente, a los hermanos Viñas. En esa danza de escrituras elijo la figura que piensa Alberto Spunzberg, la del exiliado contrariado. Un tipo conflictivo, tenso, el que se necesita para escribir uno de los mejores trabajos del libro.

Hay una fascinación crítica por unir al judío con la migración. Ya lo dije. Aunque si leo La identidad judía en la literatura argentina (el otro libro de Senkman), Rabinovich escribe que «camina sobre sus pies, se para sobre sus pies, pero no está entero». Entiendo que saber leer estas frases es poder compilarlas, editarlas, recordarlas. David Viñas -citado por Senkman en ese libro- anota bien cómo se da la reunión de algunas escenas, el escribe: “Aquí el sobreviviente de una matanza de Armenia se codea con el chico ruso, ya hombre, que vio caer a su gente en el cinco (¿1905?), en la Nevski Prospekt, en los puentes, en el río. Aquí se recuerda, se atesora, se atan cabos«.

El judío y el artista caminan, como las figuras de Giacometti, son una especie de cuentenik de pasos, de caminos, hombres que corretean, y un sentido económico se agrega, inevitable, a ese ir y venir, al destino de diáspora que tenemos o nos atribuyen -tal como Bernardo Kordon señala la circularidad de nuestra manía ambuloria porque -leo- «Obligados durante veinte siglos a buscar un rincón para vivir, acumularon en mi sangre la renovada pena de la tierra que se deja y la ilusión de la tierra donde se llega. Desde la fuga de Egipto anduvieron dos mil años en busca de libertad, para finalmente volver a la boca del mismo lobo».  

De modo que en este libro algunos se exilian, otros viajan, otros tienen becas, pero solo algunos escriben. César Tiempo -otro autor senkmaniano (creo que los lectores somos propietarios de los autores)- supone que ese camino puede contener una suerte de honrosa derrota, jamás una retirada, así lo dice en unos versos de SábadoDomingo:

«¿Vete y huye? / No, un hombre como yo no huye nunca, / los bueyes me enseñaron a hacer lenta la marcha, / torpe es mi lengua, roto candelabro, / y cae como un hacha pesada mi palabra… / No es leña el destino como un roto tibor; / ataré a mi cintura mis viejas herramientas / y como un jornalero que no cobra su día / regresaré a mi casa, diáfana entre las piedras…”. Justos versos de “Variaciones sabáticas sobre Temas de Bialik” que también se incluyen en Bialik en castellano.

Caminar es, a veces, pensar, también es concentrarse, algo que la escritura nos da siempre y que este -libro recuerda y trae.

Laura Estrin, Agosto 2024
Ph / Ansel Adams

[1] Este trabajo es una nueva presentación, la segunda. Su primera versión fue la de este libro en Simaniá/Lajsa (Latin American Jewish Studies Association, Enero 2024), además, compone un capítulo de La provincia judía, ensayos inéditos de mi autoría.