Con él se reía como entre hermanos / Leonardo Sciascia

Me considero afortunado en, al menos, dos cosas: haber leído Los prometidos antes de que me lo dieran en la escuela y haber visto a Charlot —el Charlot de las últimas comedias— antes de familiarizarme con las interpretaciones trascendentes de los metafísicos del cine (como dice Cecchi). Entre el 26’ y el 33’, año en que el cine sonoro llegó a mi país, no sabía ni siquiera que se llamaba Charlie Chaplin. Era Charlot y punto.
Los sábados y domingos, que eran los días de cine, una de cada tres veces la última comedia era de Charlot. Las carteleras que anunciaban las películas iban seguidas de la palabra “comedia” estampada en marrón y después el nombre del actor: Charlot, Harold Lloyd, Keaton, Ridolini.
Charlot era el predilecto. Ridolini era muy de circo ecuestre; Keaton comunicaba una cierta tristeza (aún si provocaba una risa mecánica); Lloyd era demasiado acrobático y sus fugas y escaladas me daban vértigo.
Hoy, reviviendo el modo en que lo veía entonces, diría que Charlot era el cómico justo, el cómico noble. En el cómico siempre hay algo de malvado, de injusto, de despiadado. La definición más justa sobre la risa me parece que es la de Hobbes, que buena opinión de sus semejantes no tenía: se escapa, la risa, cuando se nos revela de manera imprevista que somos superiores a los demás. Diría que con Charlot, en cambio, se reía fraternalmente. Y la prueba más absoluta de que el personaje era realmente «fraterno» —y de que, en consecuencia, lo era también el hombre que lo había creado, no obstante la «leyenda negra» que se difundiera en torno suyo— me parece encontrarla en una anécdota que Frank Harris cuenta en el cuarto volumen de sus Contemporary portraits.Van, Charlie Chaplin y Harris, a visitar la prisión de Sing Sing. Lo acompañan el director, el médico, el capellán, los guardias. Los detenidos están ordenados en el patio. Uno le grita: “Soy Black Joe y salgo en 1932: búsqueme rápido una buena película”. Charlie Chaplin se convierte en Charlot: hace girar el sombrero por el aire, se mueve con pasitos oscilantes y veloces. Después frena y dice: “Ánimo, muchachos: si nosotros estamos libres, es porque todavía no nos agarraron”.

Leonardo Sciascia. “Con lui si rideva come tra fratelli”, en «Questo non è un racconto». Scritti per il cinema e sul cinema. Milán, Adelphi, 2021.
Traducción de Nicolás Caresano.