
A propósito de Vehemencias.
Escrituras sobre los tonos y el volumen de Emiliano Scaricaciottoli (Clara Beter Ediciones)
Como todo proceso de metamorfosis la renovación de la propia piel produce, estanca y proyecta honduras, marcas, cicatrices. El propio ser mutante busca, ahogado de la lengua, de la voz interna, al otro, al nuevo, al anhelado. Escribir en Emiliano Scaricaciottoli es dialogar, interpelar, suceder en tanto otros. Esas voces que habitan el cuarto propio nadan entre la antropomórfica y ficticia búsqueda de alguna voz compartida, de encontrar una verdad simbólica, artificial y contundente.
Contundencia en la búsqueda, en el viaje, en la travesía. Su vehemencia, ladridos sordos para quienes lo conocemos y amamos, busca reflejo, reflujo, el amor en el gargajo; síntesis espiritual del ritual punk. De ahí, de este intento permanente de transmutar su propia piel entre otros camaradas es que su escritura, esta escritura, nace, crece y muere colectiva, grupal y, por añadidura, voraz, destructiva, agotadora.
El mito
Emiliano logra encarnar una criatura particular. Bífida, dual, estáticamente cambiante. Combina hasta desangrarse la voz propia, única, estruendosa y contundente con un convenio tácito con otras voces, muchas veces tibias, ahogadas, finitas. El acto propio, personal, íntimo y vergonzoso se hace carne en otros. Su escritura, bífida dijimos, es yo y nosotros a la vez. La pulsión abrumadora de formar, domar y amar colectivos.
El grito
Así es, ante todo, digno. Su impronta abarca demasiado. Creo que él lo sabe, lo implora y desafía el destino granítico que ubica a cada ser en su casa correspondiente. Aquellos que supimos acompañar, sabiendo el pacto, seguimos dignos. Eso dan estos textos. Dignidad. Epitafios personales de lo que ya no es pero aún brilla.
La voz de Emiliano la conocemos todos aquellos que formamos, constituimos, alteramos su caos controlado.
No hace falta conocer sombras para entender, sí hace falta conocer sombras para rendir pleitesía a la incondicionalidad, al apego manifiesto y granítico que da la amistad. Amistad que bloquea mucho tiempo este texto, el que se está escribiendo, el que intenta dar cuenta de un temprano libro de memorias. Mal de época el apuro, lo sé, lo sabemos. Ante la urgencia entonces construimos y, también y ante todo, derrumbamos.
Mauro Petrillo
Ph / Granito Negro de Sudáfrica
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