A lo largo de ese trabajo, Andrés, Esteban y yo, construimos una relación.
Por mi parte, al principio, con enorme timidez, con alguna que otra certeza, y pie de plomo. Tenía que confiar en ellos. O había confiado cuando firmamos contrato. Me faltaba confirmar que había elegido bien.
Paso a paso, me fui relajando, comprobando que no me había equivocado.