Variaciones sobre un tema invisible (I) / Entrevista a Jorge Pirozzi

 

Sofía González Bonorino: ¿A qué se debe “Variaciones sobre un tema invisible”, el nombre que elegiste para tu  última muestra?

 

Jorge Pirozzi:  En la galería siempre te piden un título para la muestra, yo propuse dos. Uno era “Lo transitorio y lo permanente”. El otro, el que eligieron, “Variaciones sobre un tema invisible”, tiene que ver más con la música que con la pintura. Siempre pienso que si soy buen músico, lo soy pintando. No sé si soy buen pintor, nunca se puede estar seguro de eso, siento que soy mejor músico, pero paradójicamente, no haciendo música sino pintando. Entro en los tiempos de la interpretación y de la composición musical cuando pinto. Para decirlo más claro. Cuando pinto es como si estuviera interpretando una pieza musical, me acerco más a una interpretación musical. Ejecutar una pintura es como improvisar una composición musical. El primer título, el que no eligieron, tiene que ver con los elementos que conviven en una pintura. Lo permanente sugiere un mundo de ideas que hacen a la obra, las concatenaciones que se arrastran entre la conciencia y la inconsciencia y desembocan en la utopía, que pone en marcha la intencionalidad, la voluntad de ponerse a pintar en pos de algo más o menos establecido. Lo transitorio se entronca con lo accidental, con la impronta que sostiene a la obra desde un lugar cuasi intangible, inesperado. Para que un cuadro “funcione”, deben convivir en él lo transitorio y lo permanente. De todas maneras, el “tema invisible” está dado en aquella parte de la mirada que repara en situaciones o lugares apenas tangenciales, recuerdos que no se sabe si fueron vivencias o la creencia del acercamiento a una realidad poco cotidiana que merece atención.

 

¿Qué connotaciones toma para vos el hecho de exponer tu obra?

 

Colgar obra sirve para tomar distancia e incorporarla definitivamente. Antes de colgarla es una sensación que ronda mi taller escondida en algún lugar. La sensación de haberme acercado a algo impreciso. La galería es la prueba de que eso sucedió de verdad. Puedo ir cambiando si muestro, si incorporo lo que sucedió en otro momento, al mundo real. Colgar lo hace más objetivo.

 

¿Hay un tiempo de mostrar la obra? ¿La decisión de exponer ¿viene de afuera, producto de alguna propuesta o demandas externas? ¿Es fruto de una necesidad tuya? ¿Qué sentimientos o ideas entran en juego alrededor de este acto de mostrar tu pintura?

 

El tiempo para mostrar la obra es casual, depende de una invitación, de la voluntad de otro, si eso no se diera puede pasar que la obra no se muestre nunca. De hecho tengo bastante obra que nunca mostré y quizás nunca muestre. A veces tengo necesidad de mostrar y no se da, y otras veces muestro sin muchas ganas de hacerlo. Lo hago para aprovechar una invitación. Calculo que podría haber algo (o mucho) de vanidad alrededor del acto de mostrar, también hay un pequeño grupo de amigos demandantes de mi obra, al menos eso creo. Ese pequeño mundo es motivo suficiente para exponer. Generalmente de ahí no pasa, no trasciende demasiado.

 

¿Hay en vos algún deseo de comunicar algo?

 

No, creo que no deseo comunicar absolutamente nada.

 

¿Tenés expectativas al imaginar una nueva muestra?

 

Las expectativas son variables, cambiantes e inexplicables. Casi desconozco la posibilidad de crearme expectativas, no sé cómo hacerlo.

 

¿Qué lugar ocupás en tanto creador en medio de sus criaturas? ¿Hay distancia entre vos y tus cuadros?

 

Es difícil saber eso. Un lugar de dependencia, me parece. Por momentos no hay ninguna distancia ni diferencia, diría, entre lo que soy y lo que hago. El tiempo es un buen aliado en ese caso. Lo que ya te conté acerca de exponer para tomar distancia es una buena excusa para empezar de nuevo.

 

Si la galería fuera un territorio, ¿cuál sería tu lugar durante el tiempo que dura la muestra?

 

Sería un territorio neutral. Fijate que estoy, casi sin darme cuenta, sugiriendo una batalla. Voy a mis muestras a encontrarme con un lugar algo devastado a pesar del orden desesperado que intenté darle al colgarla. Como cuando regresas a un lugar abandonado, en ruinas. Algo raro, algo poco grato o terrible sucedió para que todo eso haya quedado en pie. Pero mi lugar, el tiempo que dura la muestra, también es un poco el lugar del público, en mi caso un público un tanto especializado, pero público al fin.

 

Sofía González Bonorino, 2018

ph / Jorge Pirozzi, por  Seedy González Paz