El árbol de Ariel / Vivian Lofiego

William Blake cuando era niño tenía la visión de un cofradía  de ángeles en el jardín de su casa londinense. Los ángeles estaban esparcidos entre las ramas de los árboles. Ramas que imagino nevadas en invierno, fosforescentes a causa de los serafines. En verano sus rostros debían ser un hechizo entrelazado de frutos.  ¿Buscarían el Paraíso perdido tan querido por Milton? ¿Traerían consigo la absurda plegaria ante la calamitosa anunciación?

En la tierra, ya  apartados del cielo y próximos al infierno, surgieron bajo la forma de treinta y tres personajes, son ángeles caídos, escoltados por Ariel, el ángel rebelde. Aquel árbol del jardín británico fue ahondando raíces, abriendo senderos turbulentos. La víspera de presentar el libro en la Maison de l Amerique Latine, soñé con Blake y la visión de Blake de sus ángeles. Conté esta  historia a quienes se acercaron a escucharme. Los ángeles estaban allí anunciándose encarnados en algunos personajes…

 

GILLES DE RAIS

 

La torre negra tiene un caballo de madera- se balancea heraldo el niño- el ogro lo mira vestido con traje de jinete de la muerte- soñando con grandes batallas- el mariscal implanta ordenes- la pucelle – es quien maneja mejor la espada- augura el alfil el destino- atroz sería la matanza- una irrupción ensoñada de Herodes y los inocentes en la morada silenciosa- así los nuevos rostros de la muerte- un niño devora a cientos de niños en la melancolía de sus noches- llora llora ante los sonidos perfectos de la música – arrastrando su cola de fuego- cometa esparcido en la hoguera- la araña de la lumbre deshace lenta la vida del cruel.

 

OFELIA

 

Sus brazos vencidos como banales armas- sus pies desnudos bailan en las baldosas indiferentes de Elsinor- susurra oraciones- fuego lejanía- las columnas de sus piernas son soldados custodiando al reino putrefacto- la frágil belleza cae rompiendo en pedazos la noche- la hierba asoma de su boca- en un baño verde- en espera-  yace- suspendida en la tristeza de sus visiones feroces.

 

ECO

 

El río alcanzó sus pies- sombra sobre sombra- unida con lazo de fuego- fuego las palabras- como hojas- viejas hojas restando en primavera- el río alcanzó su pecho- extraños hechizos de antigua deidad- principio y fin de la palabra- divina enigma- enigma el río te besa bajo una miríada de azuladas lenguas- alcanzó tu boca- algo de él reconoció en ella el forastero- narcotizada por el perfume de delirios- piedra en palabra de hueso- la ninfa la que tiene en sus ojos palabras- palabras duermevelas- palabras maravillas- palabras buhoneras- palabras viento- recibe la herida del reflejo de la flor blanca  azafranada- y ahora se devanea seca y lastimera- una roca vacía de misterios.

 

Vivian Lofiego

El árbol de Ariel / Ed. Índigo . París 1999

ph/ William Blake, visiones

Edición bilingüe , traducción de Claude Couffon