Lily / Laura Estrin

Lily en Memoria irreversible [1]

 

Jueves 18 de julio. 25 años de la bomba en la Amia.

 

Ayer volvimos de Tablada y sentí que Lily no debía andar bien. Pensé en escribirle a Branko. Hoy mensaje de Branko: “Laura, Lili se nos fue, en un sueño eterno, indoloroso (sic), tranquilo, haciendo planes para el futuro. Pero su cuerpo maltratado no aguantó. La vida es realmente una puta. Cuídense todos. Un abrazo.”

 

Llorando lo llamé. Murió hace dos noches -me dijo: “aguantó dos operaciones, dos quimios, miraba el departamento y decía que no habíamos colgados aún los cuadros”. Lily me mandó fotos de su casa nueva en Belgrado, reconocí los muebles de su primer piso de Ayacucho. Ese bahiud con pinturas cuadraditas. Después, enseguida pensé en su ropa, sus alhajitas. Y pensé cuántas tardes me senté en su cama mientras ella revolvía placares y cajones y  hasta de debajo de la cama sacaba zapatos, como esos italianos de “cristobal colón” que me dio alguna vez o el jumper rojo larguísimo que me trajo de allá y las cosas gitanas que me regalaba diciendo que no sabía si me iban a gustar. Y todo llegaba a casa con “el olor de Lily”, como decíamos con Ana y eran los condimentos de la casa de Lily y de ahí a sus tés, sus panes, sus galletitas, sus tazas raras y lindas y era Branko llegando de trabajar y haciendo una broma y ahora nada tiene sentido. La princesa lánguida no está. Cómo pudo ser!!!! Cómo??!!! Lo escribo o lo cuento pero no puedo vivirlo. Terrible tristeza, por qué volvió para esto a su Belgrado!!!! No hay por qué. Hay que acompañar -decían ayer en el cementerio.

 

Ayer enterraron a una niña. 26 años, Lily 56, en el medio los 30 años de casados de ellos y nosotros. Parece que todos nos hemos casado en el ´89… Y recuerdo pulseras, anillos, cosas que desgranaban sus cajitas, los regalos de sus amigos del mundo, su amiga de Nueva York, el año nuevo que pasamos con el italiano que dejaba a su novia joven acá y todos ellos y nosotros en el patio, en el hostel de una amiga colombiana. Eran los primeros años del 2000.

 

Lily… ya no está Irina para hablar de Lily, ya no está Chacón para escribir una notita en Telam gritando que es triste que Lily no está! La mierda del tiempo. Qué!!!! Lily era callada, cómica, dura en sus reflexiones, Lily escribía, nunca quiso ser más que esa chica de pelo finito y castaño que desgranaba frases geniales. Contaba que en la facultad, en Belgrado… Era muy inteligente, inteligencia otra, distinta, nos entendimos como hermanas judías que no éramos.

 

En Directorio y Puán anoto ahora esto, a una cuadra de la facultad a la que Lily nunca quiso acompañarme, tanto sabía… tanto no quiso más que quedarse traduciendo y leyendo y mirando alguna rareza en internet… y había empezado a sacar fotos. Alguna vez me mandó un archivo con rarezas de la lengua de Buenos Aires; no había salido mucho de Buenos Aires en sus más de 25 acá. Amaba Brazil o el trópico. Quisimos llevarla a Rosario pero tenía sus manías. Conocía Europa de un pasado anterior. Branko ahora tiene en Buenos Aires a Boris.

 

Viernes

 

No puedo dormir. Escribo en mi cabeza otra memoria irreversible: Lily. Eran Lily y Branko. Como una cantinela. “Voy a ver a Lily y Branko”: era un paseo, una alegría, una sorpresa. Lily era Onetti, no salía de su casa, su castillo y su pena; una vez descubrió un patio a la vuelta de Ayacucho y allí fuimos, tortas y cigarrillos. Lily fumaba, cerraba los ojos un rato, tenía dedos largos, las uñas le crecían a veces desmañadas, no cambiaba de analista aunque la desesperación iba en ella férrea.

 

No puedo dormir, escribo en la cabeza de Lily. ¿Qué recuerdo? Que la pienso como Onetti y ahora, volviendo a Belgrado, fue Gombrowicz. Volvió a enfermarse… Inútiles cruces, el mundo perdió a Lily -como escribió Sofía González Bonorino de Luis Thonis. “¿Para qué necesitamos otras –me dijo ayer Branko desolado- si las mujeres difíciles son las únicas? Era una mujer distinta, una chica antigua, una serbia hermosa.

 

Como estoy acá, lejos de allá donde hoy llevan a Lily, leo sobre el rito funerario en la Iglesia Ortodoxa… el matiz serbio me lo pierdo. Le escribo a Branko. No amaneció aún. Las cosas giran sin sentido, algunos se alejan sin sentido. Branko vendrá a Buenos en días, Ana preguntó sobre él y sobre Hugo para verlos. Ana me tiene la mano cuando hablo con Branko por teléfono.

 

El miércoles termino de leer, a la vuelta de Tablada, desolada, como una marmota, un libro raro… sonso, malo. Pero son memorias de una mujer que conoció y trató algo a Chejov. Supuestamente se quisieron pero la enfermedad de él y la familia de ella los alejaron para dejar solo algunas cartas del autor de La Estepa… el librito-puro paisaje que tradujo hermoso Irina… Pero estas memorias de la ignota mujer que al parecer también trató levemente a Tolstói no son Una dedicatoria de Tsvietáieva. Una mujer que al conocerla parece que Chejov le dijo: “¡No hay que escribir con una idea! Se lo ruego, ¿para qué? Mejor escribir sobre lo que uno ve, siente, y que eso sea real, sincero. Me preguntan seguido qué quise decir en este u otro cuento. No respondo nunca esas preguntas. No quise decir nada. ¡Lo mío no es enseñar, sino escribir! Puedo escribir sobre lo que sea –agregó sonriendo. Pídame que escriba sobre esa botella y va a tener un cuento titulado ¨La botella”. [2] No hay que pensar tanto. Las imágenes vivas, reales, van creando solas una idea; una idea no puede crear tales imágenes (…)

 

-Sí, un escritor no es un pajarito que canta, pero ¿quién le dijo que yo quiero que cante? Si vivo, pienso, lucho, sufro, todo eso se refleja en mi escritura. ¿Para qué quiero una idea, un ideal? Soy buen escritor, no soy profesor, ni predicador, ni propagandista. Puedo describirle la vida tal cual es, digamos, de forma literaria, y usted verá lo que antes nunca pudo notar; los desvíos, las contradicciones (…)

 

-No me gusta San Petersburgo –dijo Chejov-. Es fría, demasiado húmeda…

 

Algunos se le acercaban para brindar con champán. Brindaban, le hacían una reverencia, le sonreían. Anton Pavlóvich se levantaba, se pasaba la mano por el cabello, escuchaba los elogios y los cumplidos bajando la mirada. Luego, volvía a sentarse aliviado lanzando un suspiro.

 

-Así es la fama- le dije.

 

-Sí, que se la lleve el diablo. Le puedo asegurar que la mayoría de esta gente jamás leyó un renglón de mi obra. Y, si leyeron algo, sin dudas me criticaron. Pero no tengo ganas de palabras en este momento. Quiero música. ¿Por qué no han música? Qué bien vendrían unos rumanos. La música es necesaria (…)

 

Quédese tranquila, por Dios, y que El la acompañe. Defenderse de los chismosos es lo mismo que pedirle dinero a un judío; es imposible (…)

 

(…) ¿Y usted? ¿Va a escribir la novela? Escríbala. La mujer tiene que escribir como si bordara. Escriba mucho, con todos los detalles. Escriba y resuma. Escriba y resuma (…).

 

Por favor, se lo ruego, tiene que escribir. No piense demasiado, ni invente nada. La vida es como es. ¿Me va a hacer caso? (…)

 

Así era… te lastimaba, te quebraba, te derrotaba y te arrastraba. Así avanzaba la vida, como el río, que también lastimaba, quebraba, derrotaba y arrastraba (…)

 

Es cierto que las cartas son una forma malograda, aburrida, fácil de escribir, pero me refiero al tono, al sentimiento sincero, casi pasional, a la frase exquisita… Usted tiene un talento encantador, y sería la única culpable si todavía no cree en él. Trabaja poco, es perezosa. Yo también soy un vago, pero a diferencia de usted he escrito mucho… Usted capta el paisaje, y lo hace muy bien, pero no sabe economizar, por eso el paisaje surge donde o debería. Incluso hay un cuento que desaparece por completo bajo un cúmulo de recortes de paisajes, que por su peso molesta desde el principio… Tampoco trabaja la frase, hay que formarla, de eso se trata el arte. Hay que sacar lo que sobra, liberar la frase de cosas como ´a medida que´, ´con la ayuda de´. Hay que tener en cuenta la música y no permitir que en la misma frase ´volarse´ esté cerca de ´volverse´. Mi querida, las expresiones como ´intachable´, a ´punto de quebrarse´, ´en el laberinto´ son pura ofensa (…).

 

Estoy harto de escribir, no sé qué hacer. Me gustaría dedicarme más a la medicina, ocupar un cargo, pero ya no me da el cuerpo. Cada vez que escribo o pienso en que tengo que escribir, me da un cierto rechazo, como si tuviera que tomar una sopa en la que hubiera una cucaracha, disculpe la comparación. Lo que me produce rechazo no es la escritura en sí misma, sino el entourage literario del que es imposible escapar, con el que cargo a todas partes así como la Tierra carga la atmósfera (…).

 

Escribir aburre, cansa, pero como uno ´le agarró la mano´ y le da lo mismo, describe fríamente sentimientos que su corazón ya no siente porque el talento ocupa demasiado lugar. Mientras más frívolo es el autor, más emotivo y conmovedor es el cuento. Que los lectores sean los que derramen lágrimas. De eso se trata el arte.

 

(…) Lo peor de todo es que yo debería releer esos cuentos, editarlos y, como dijo Pushkin, ´repasar la vida de uno con repugnancia´.

 

(…) Me la paso viajando como si fuera un exiliado… fui escritor y me pasé la vida rodeado de personas ajenas a la literatura, en contra de mi voluntad (…)

 

Era extraño; con Antón Pavlóvich jamás tuvimos conversaciones ´ceremoniosas´. El nunca intentó manifestarme sus ideas, ni enseñarme, ni convencerme de nada. Incluso siempre trataba de evitar las conversaciones que no conducían a nada y prefería escuchar anécdotas de la vida real. Le gustaba más escuchar que hablar. Así y todo, tenía una gran influencia sobre las personas ¿Cómo lo hacía? ¿Con la mirada? ¿Arrugando la frente? ¿Sabiendo escuchar?

 

(En una carta le dijo:) ¿Qué es la felicidad? ¿Quién sabe? Por lo menos yo, personalmente, cuando repaso mi vida, me doy cuenta enseguida de que fui feliz en los momentos en que me creía más desgraciado. Cuando era joven, amaba la vida, aunque eso es otra cosa (…).

 

 (…) lo más importante, disfrute la vida sin buscarle tanto sentido, porque, en realidad, es muy sencilla. Además, ¿acaso la vida que no conocemos, se merece todas esas reflexiones torturadoras en las que tanto se gastan nuestras mentes rusas? Quién sabe.

 

(Ella:) Me lo imaginé sonriendo con amargura, con desdén, viéndose en el pasado, sintiendo que vivió y pensó de forma equivocada. Y que se le pasó la vida.”[3]

 

Domingo

 

Ya no hay Belgrado con Lily.

 

Dos veces no quiso que fuera. En el 2017 dijo no estar del todo instalada, era todo confuso, la madre de Branko no estaba bien. Algo me enojé. No nos dejó ir. En Diciembre del 18 cuando Branko estuvo mal y ella esperaba sabiendo ya su enfermedad, me respondió: “Sí, si vivo van a venir”.

 

No hay Lily en Belgrado, como no hay Nicolás en Polonia. [4] Hugo está en Buenos Aires pero nos vimos solo esa tarde del miércoles, tal vez también hoy.

 

Laura Estrin, 2019

[1] Memoria irreversible es un libro de retratos de amigos que ya no están, editado en estos días de Julio-Agosto 2019 en Añosluz.

[2] Esta referencia con variantes se repite como anécdota de Chejov siempre, con un cenicero, con una colilla…

[3] Lidia Avílova, Chejov en mi vida, Vilnius (2017).

[4] “Ni en Polonia”, frase que dije para mitigar la muerte de Nicolás Rosa y Milita Molina escribió la escena genialmente en Melodías argentinas (2008).