De la naturaleza (Fragmento) / Lucrecio

LIBRO IV

Apología del poema

 

Recorro extraviados parajes de las Piérides, de nadie antes hollados. Me agrada descubrir fuentes intactas y de ellas beber; me agrada tomar flores recientes y buscar para mi sien una insigne guirnalda en lugares de donde nunca la tomaron las Musas para ceñir la frente de un hombre. Primero, porque enseño cosas excelsas y me esfuerzo en libertar el ánimo de los apretados nudos de las supersticiones; además, porque sobre asunto tan oscuro compongo versos tan luminosos, rociándolos todos con el hechizo de las Musas. Y no parece fuera de razón este método. Pues así como los médicos, cuando tratan de dar a los niños el repugnante ajenjo, untan primero de dulce miel los bordes de la copa, para burlar, sólo hasta los labios, la incauta edad de los pequeños y hacerles apurar entre tanto el amargo brebaje, con engaño, sí, pero sin daño, antes para que se repongan de este modo y recobren sus fuerzas; así ahora yo, puesto que nuestra doctrina por lo común parece en exceso amarga a los que no la cataron, y el vulgo se estremece y retrocede ante ella, he querido exponértela en la armoniosa lengua de las Piérides y como untarla con la dulce miel de las Musas, por si pudiera de este modo tener tu espíritu suspenso de mis versos, hasta hacerte ver claramente el sistema entero de la Naturaleza y percatarte de su utilidad.

 

T. Lucrecio Caro  De la naturaleza  (De rerum natura)

Traducción del latín Eduard Valentí Fiol

Acantilado, 2012