Nada nos hiere en vano / Luis Thonis

 

luis para cuarta prosa

 

Comedia de dos actos

Personajes: La actriz y el escritor

Acto I

Cuadro I

(Están en un café céntrico de la ciudad a las nueve de la noche. Ella se muestra débil y él distante e irónico)

El– Mi vida puede resumirse en una metáfora elemental: voy al supermercado a comprar el vino. Veo otras cosas, me llevo casi todo pero el vino me lo olvido.

Ella– Coincido con una diferencia: yo voy a comprarme un whisky y me pasa lo mismo. Pero vuelvo. Y otra: vos de paso seducís a la chinita. (Risa)

El– Leí un artículo sobre las razones por las cuales  conviene casarse con una china. No me interesó. Creo que una paraguaya es mucho mejor pero no está en mis planes. ¿Cómo te fue en el viaje?

Ella– Muy bien. Pero la vuelta a Buenos Aires me sorprendió mucho más. Volver a escuchar las bocinas, los movimientos de la gente en las calles y los cafés, la atmósfera urbana contaminante, las luces, todo eso de lo que huí pareció recibirme como si fuera una alfombra mágica. Por primera vez en mi vida disfruté el olor a nafta.

El – Qué frase, Julia. El teatro no te abandona nunca. No la pasaste tan bien entonces…

Ella– La pasé muy bien. Hacía tiempo que no veía a mi madre o a mis tías. En parte fui a reencontrarme con mi infancia. Pasa luego de una gran decepción. Me sentí una monjita por un mes. Lo necesitaba. Y pensé mucho en vos. (Su voz es trémula, con un aire de tristeza)

El– (Irónico) Segundos adentro. Después de una gran decepción vengo yo. Vos fuiste la mujer ideal para mí. La que nunca pude siquiera tocar. Y por un largo tiempo no quisiste verme ni dirigirme la palabra.

Ella– Te dejé tomar mi mano y parecía que tenías miedo a quemarte. Me mirabas como si fuera un cuadro, era ofensivo por momentos. (Pausa) Estuve un año con ese pendejo y todavía no sé por qué. Vos lo captaste de entrada pero yo no podía escucharte porque me rompías la ilusión.

El– Apenas lo sugerí. Hay algo que no te dije: me escribió para tirarme la lengua si tenía algo con vos. Estilo obsceno, baboso, de poco hombre. Ese tipo no te amaba, sólo quería joder. Cuando vi que estabas con él ya era tarde. Decírtelo era caer muy bajo y no ibas a creerme. Te vi muy ilusionada, él parecía simpático y todos los festejaban. Me dije que tal vez yo exageraba y tal vez había llegado el Príncipe Azul. Lo que sí me dolió es que te negaras a hablar conmigo una sola palabra después de años de diálogo sin interrupción de un día para otro. Te di por perdida para siempre.

Ella– Me prohibió que hablara con vos porque dijo que querías levantarme. Nunca entendió lo nuestro, no le daba el cerebro. Hay algo que admiro en vos: hablabas de mí como si me conocieras desde siempre pero nunca te metiste en mi vida. Eso es increíble. (Pausa, silencio) Me hubiera gustado que te pusieras celoso cuando te contaba de mi mundo milanochesco.

El– Soy perezoso para pintarme todo de negro como Otelo. (Risas de ambos) Pero aquí los celos no vienen a cuento: yo siempre fui tu admirador y no me propuse nada más.

Ella– Vi la clase de trepador que era y no me dio repugnancia, más, lo favorecí como pude. Un día no quiso mirar mi cuerpo desnudo. Tengo cuarenta años y no me parece nada feo. Ahí me di cuenta de que estaba en romance con otra. (Pausa prolongada). Así fue. Es una zorra sin ningún talento. Se enamoró perdidamente y ella cuando obtuvo lo que quería usándome a mí, después lo dejó por un productor. Él vino a buscarme de nuevo y ahí si sentí repugnancia… más por mí misma que por él.

El– (Con tono de parodia) Si la pasaste bien no hay por qué quejarse. Ni acudir a mí como una forma de expiación.

Ella– (Con amargura) No, la expiación fui a hacerla en el campo. Con vos quería hablar. Escucharme a través tuyo.

El– (Sorprendido) No tengo nada que reprocharte o decirte. Todo sigue igual: siempre fui tu admirador y para mí nada cambió.

Ella– Para mi sí. Si yo fui la mujer a la que dijiste cosas que nunca escuché en mi vida me pregunto por qué no te respondí. ¿Era sólo literatura?

El– ¿Te parece poco? No era retórica. Las palabras venían de mi cuerpo o de muy lejos y eran exclusivamente para vos. No era algo que me propusiera. Me sucedían. No siempre es pasivo un admirador.

Ella– Lo estuve pensando en el campo día y noche y llegué a esta conclusión: eras demasiado diferente a todos y a todo y mirá que recorrí mundo, demasiado inteligente, y no me excitaba con alguien que me trataba tan bien. (Pausa, los dos están sorprendidos por estas palabras)

El– (Hablando para sí) Parece que mi lucha contra el todo me favoreció en algo…

Ella– Nuestros diálogos más profundos me hacían reír mucho, me dejaban satisfecha pero también me hacían sentir tonta. Yo tendría que haberte ido a buscar a vos.

El– (Turbado, pero con aplomo). No veo cuál es el drama. Se elige algo y se desecha lo demás. No simulé ser admirador para conquistarte, te admiro de veras como actriz.

Ella– ¿Y la mujer? Soy una mujer que trabaja de actriz pero una mujer al fin. ¿A quién le hablabas, a mí o a la actriz?

El– No pocas veces me pregunté si eras cada uno de los papeles que representaste. Pero fui interesándome en la mujer aunque no pude encontrarla. Traté de separarte de cada uno de esos papeles para encontrarte por una vez “sola” como dice un poema. No lo conseguí. Siempre tenías que irte, estabas con otros y no me refiero a marido o amantes. Me fue imposible sacarte de escena, del camarín, de los admiradores, de la prensa. Eso no era falso, eso eras vos, no veía cómo entrar en tu mundo ni me lo propuse.

Ella– Cuando me hablabas me sorprendías. Eras el único que me entendía. Y me hacías reír sin proponértelo. Aunque a veces pensaba que me tomabas en broma o como objeto de estudio.

El– Cada vez que hablaba o te veía se me ocurrían historias. Te pensaba como materia de ficción y vos a mí como una suerte de personaje de teatro. Eran algo muy creativos esos diálogos. Estudio, broma, ficción, lo importante es que la verdad estaba en juego y a veces era una risa compartida. Yo hubiera querido que siguiésemos así pero vos de pronto me despediste como si fuera un critico teatral con una especie de “gracias por los servicios prestados”. Cuando estábamos más cerca ni bien te dabas cuenta de que habías dado un paso afuera, huías. Creo que la incertidumbre de nuestros diálogos te abrumó y de pronto pasaste al acto transformándote en un puro objeto como si eso pudiera resolverlo todo.

Ella– Un puro objeto… Puede ser. Comencé a obsesionarme con el tema de la vejez y de la belleza y decía pavadas todo el día. Veía florecer a mujeres de más de cincuenta años y me sentía vieja.

El– Pasado un tiempo la belleza comienza a ser formada por el alma o formateada por el espectáculo. Por eso mujeres muy bellas van adquiriendo rasgos de brujas cachavachas. Parece que también te fuiste del teatro, por las malas actuaciones que tuviste.

Ella– Sí, en las últimas fui un desastre. En las despedidas uno se revela tal cual es. ¿Por qué me iba, por qué te vas?, me decía mientras preparaba las valijas. Tendría que haber ido a tu depto, tocar el timbre y listo. Lo pensé muchas veces. Estaba muy mal cuando comencé la historia. Pensé en vos pero eras alguien muy difícil que multiplicaba los problemas y no me dejaba pasar una. El me halagaba todo el tiempo y estaba de rodillas. La historia que tuve fue porque quería seguir representado hasta el fin un personaje que me era cómodo. Y me di cuenta que eso es imposible. Ahora lo veo y no puedo entender por qué esa relación pudo atraparme tanto sin dejarme nada.

El– Es imposible que no te haya dejado nada.

Ella– Creía que un ser que no tiene historia ni pasado era la misma frescura. Nada que ver. Era envidioso de los demás, celoso de cualquier pavada, y con vos ni te cuento. Practicaba una especie de canibalismo. Como si se quisiera devorar las vidas ajenas. Todo el mundo lo consideraba encantador pero era violento y tenía ataques de histeria.

El– Sé que los tipos insignificantes que se la creen pueden ser muy embromados para las mujeres con talento. Pero no soy el indicado para juzgar a otros en temas amorosos.

Ella– Vos siempre dijiste lo que pensabas sin vueltas y desafiando a quien sea sin la menor vacilación. Estabas tan seguro que a veces dabas miedo… también yo te admiraba y me alejaba sentirme inferior. ¿Pueden amarse dos personas que se admiran?

El– No sé. Supongo que el amor es algo más que una justicia de narcisos que hacen aspavientos.

Ella– Ustedes son el día y la noche. Los que no tienen pasado a veces tienen un futuro calculado en bruto. (Tono sarcástico) Se dio cuenta que como actor era un cero a la izquierda y apareció como autor de teatro primero y ahora la va de poeta. No tiene talento, todos se dan cuenta, ja ja, en la poesía no se puede simular como en todo lo demás, me daba vergüenza ajena y ahora la siento como propia. Es un oportunista y no entiendo por qué, ni qué amé. Quiero saber por qué.

El– ¿Querés que te diga qué es? Tengo una sola hipótesis: nada excita tanto como poder convertir al otro en algo semejante a uno, como si uno pudiera crearlo de nuevo. Uno se siente con un inmenso poder. Cuando más imposible es, mayor el capricho. Si el otro se somete y no sos perverso, esto pronto te aburre. Si procura hacer lo mismo y mimetizarse con uno, pronto se da cuenta de que no puede estar a tu altura. Comienzan las agresiones y todo se va al diablo. Somos la materia prima unos de otros.

Ella– (tono recitativo) Prefiero: “Soy el tejido del que están hechos tus sueños”

El– A veces se puede tejer y suceden cosas milagrosas, pero si salen frankesteins uno después se da cuenta de que tratando de favorecer lo mejor del otro, con la mejor intención ha alimentado lo peor. A mí me fue bastante bien en mis relaciones. Pero cuando las cosas salen mal hay que asumirlo. (Se da un puñetazo en la otra palma)

Ella– Y te lo refriegan en la cara. (El vuelve a pegarse una trompada en la palma) Parecen estar de vuelta de todo y ni siquiera fueron de ida: son necios. (El pega más fuerte, tratando de que se cambie de tema).

El– ¿Y no te parece cómico? Me extraña que una gran actriz no se dé cuenta.

Ella– No me parece nada cómico. Con un poco de poder ya se creen los amos del mundo, son bestias que piensan que se las saben todas. Sufrí demasiado y para nada.

El– Nada nos hiere en vano. ¿Quién te dijo que la comedia excluye el sufrimiento? ¿Qué hay de malo en sufrir por nada? Han muerto millones de personas por cosas que no existen y hay pocos rastros de esas heridas. Vos siempre me preguntás como si lo supiera todo, y apenas entiendo a este puto género humano. Vos y yo no tenemos derecho a la tragedia, salvo que sobreactuemos.

Ella–  Me fui al campo porque quise poner todo mi dolor en la obra que representaba y por primera vez, gente que me quiere y admira, me dijo que mis actuaciones fueron patéticas, chillonas, horribles. (Su rostro muestra una ráfaga de desamparo). Y lo peor es que creí que poniendo lo más profundo de mí había hecho la mejores actuaciones de mi vida.

El– Las tripas y el teatro no van juntos. Si cada actriz viviera las emociones de los personajes que representa acabaría destrozada. Ahora tengo que irme. Cuando estoy con vos el tiempo no pasa.

Ella– Conmigo el tiempo no pasa: es lo más hermoso que oí en mucho tiempo. Cuántas frases de esas me dijiste y me hice la sorda.

El– Para vos soy alguien que dice lindas frases. ¿Qué es un instrumento sin que nadie lo toque?

Ella– No, esta vez no me voy. Por primera vez en mi vida estoy sola: el teatro y la poesía coinciden. Quiero que vengas a mi casa y pasar la noche con vos. (Le toma las manos) No me vengas con excusas, soy el tejido de que están hechos tus sueños. Y voy a ocuparme que se te cumplan por multiplicado.

El– Esto no lo esperaba (El le engancha las piernas) Hay algo que tengo que decirte: tengo novia.

Ella– Qué tonto sos. No se le dice eso a una mujer cuando se va con ella a la cama. ¿Te pensás que no lo sabía? No creo que sea una novia, es una amante con la que debés coger bien.

El– Para las mujeres que conocí, eso era un punto de partida.

Ella– Para mí es así, para otras es un punto de llegada como la ex amante de mi ex amante.

El– Lo que no entiendo es por qué algunas amigas en vez de buscar a alguien íntegro se buscan algo que no tiene entidad, y después se la agarran con todos los hombres. Ellas mismas me lo dicen, dejan a uno y se buscan a otro mucho peor.

Ella– Creo que mi vida privada fue una continuación del teatro. ¿Y cómo es tu amiga?

El– Es una chica alegre y no me hace escenas ni busca conflictos. No es una relación estable, se va y viene del país. Trata de separarse de mí pero todavía no puede. Yo para mi desgracia me enamoro de las peleadoras. Me temo que eso va a suceder con vos. No lo hubiera dicho si fuera otra. A vos no puedo engañarte. Creo que me voy a meter en un gran lío. La cosa se pone interesante, comentan los espectadores.

Ella– Voy a competir con ella. Siempre te salís con la tuya:  estás fuera de escena como una sombra y terminás siendo la estrellita.

El– La estrellita a veces se estrella.

Ella– No seas tontito, no digas nada. Te veo venir deshojando una margarita para preguntarte si me amás a mí o a ella y alejándote ansioso para escribir un tratado. Te conozco mascarita. Yo te deseo y punto. Por mi podés tener mil amantes, novias, las que quieras, porque va a ver un antes y un después de mí.

El– Qué confianza. Mirá que cuando entro en materia no hay nada que me detenga.

Ella– Iremos directamente a mi pieza. No sea que nos empachemos filosofando. Esto es un secuestro.

El– Mi admiración por vos siempre fue pura pero su reverso es pura pasión. Te aviso que sólo me conocés superficialmente y entrás en una zona peligrosa y de exclusión. (La va a apretando cada vez más)

Ella– Vos sos  más actor que yo.

El– (Le suelta las piernas) No puede haber nada más diferente en el mundo que una actriz y yo. Ahora estoy en un callejón sin salida, mi corazón alcanza un latido inédito y una puerta se abre. Cámara acción.

Ella– Eso es cine, no teatro.

El– Ahora ya no estamos en el teatro de la expiación sino en el cine de la acción. En el teatro cae el telón, la poesía vuela hacia regiones apacibles. A propósito: ¿por qué estás tan linda esta noche como la primera vez que te vi? (Cambiando el tono y simulando hablar por el celular) Hola, ¿Hablo con el Departamento de defensa?

Ella– Siempre tontito. (Se besan)

 

 

Acto II

 

Es de día, a la mañana, están tomando café.

 

Ella– Anoche fue maravilloso. Por mucho tiempo no me había entregado totalmente a alguien. Nunca nadie me besó así. Comienza una nueva vida. Quiero compartirlo todo con vos. Un instante vale por mil.

El– Julia, tengo que decirte algo. Yo me sentí muy lejos tuyo.

Ella– ¿Cómo? Parecías loco por mí.

El– Hice todo lo posible por llegar a vos pero no pude. También traté de entregarme pero chocaba contra algo.

Ella– ( riendo). Me imagino entonces que será cuando te entregás. Seguís siendo un tontito. Con el tiempo las cosas van a mejorar.

El– No, Julia, no se trata de coger. Lo que sucede es que no te amo y no puedo engañarte.

Julia– ¿En que mundo vivís? Hoy ya nadie da tantas vueltas con el amor. Sos un romántico que quiere que todo sea perfecto.

El– No es eso. Creo que hubo un malentendido entre nosotros. Yo era tu admirador, lo soy todavía, y te amaba sin saberlo en ese entonces. Pero ese amor se destruyó poco a poco.

Ella– ¿Tan grave fue eso?¿ Tanto daño te hice?

El– El amor murió cuando estaba naciendo. Te fuiste con otro en el momento en que estábamos más cerca. Vos me dijiste que tu historia anterior fue una calamidad. No hubo nada entre nosotros como para que me destrozaras el corazón pero sí el estómago.

Ella– Nunca imaginé eso

El– Dejaste de hablarme luego de dos años donde cada uno se entregaba al otro más que en la misma cama. Me podrías haber dicho: mirá, yo hablo con vos de literatura, arte, filosofía, de lo que quieras, me encanta escucharte pero cuando encuentre una pija en el camino colorín colorado

Ella– Vamos a volver a eso. Ja ja, a vos te gusta  hablar mucho. Deformación profesional que le dicen.

El– No es eso tampoco. Acordate bien lo que te dije y repetí muchas veces sin que me escucharas. Teníamos señas propias. No sucede muchas veces en la vida. Se da o no se da. Yo te lo explicaba en términos matemáticos que te aburrían

Ella– La verdad que no entendía ni jota. Eso me hacía sentir muy tonta. Pero es cierto que algo así nunca me sucedió. Llegaste a tocarme el alma. Eso me conmovió pero también me asustó y huí de vos.

El– Las palabras me permitían llegar a vos, aún si no encontraba a la mujer y sí a todos sus personajes. Ahora encontré a la mujer pero resulta que no la amo y yo me voy convirtiendo en un personaje. No quiero ser otro de tus peleles. Tu relación anterior era la importante. Eran tal para cual: vos necesitabas alabanzas, reforzar tu narcisismo en esta etapa de tu vida y él a su vez sentirse existir al ser valorado por vos. El nuestro era asimétrico a más no poder y me tiraste a la banquina.

Ella– Dios mío, que lío estás haciendo. Ahora resulta que no te gusto aunque te cansaste de decirme que para vos era la mujer más divina del mundo.

El– Lo sigo pensando pero como admirador. No puedo tratarte como una mina con la cual voy a la cama… No puedo inventar nada nuevo, fresco, como antes. Me hiciste sufrir y ya no es lo mismo. Acordate que te dije que mis relaciones terminaron siempre bien. Casi todo el mundo sigue adelante hasta estrellarse, bueno, yo las corto cuando veo una luz roja antes que se pudra todo.

Ella– O sea que pierdo al hombre que amo y me tengo que quedar con alguien que solamente me admira. ¿Vas a mandarme al convento, como Hamlet a Ofelia? La verdad que me parecés más pelotudo que mi anterior amante. Cualquiera se moriría por estar con una mujer como yo.

El– Acordate cómo ayer pataleabas. El tipo había captado nuestra mutua admiración. Había algo baboso, se metió, te prohibió hablar conmigo y nos destruyó. Y vos como bien dijiste fuiste su cómplice.

Ella– Ahora vienen las acusaciones.

El– No te acuso. Te digo como son las cosas. No hay mucho más que decir. Yo sufrí mil veces más que vos la destrucción del mundo que habíamos inventado y que ya no se puede reconstruir por más que lo intente. Más, creo que cuando viniste del campo ensayaste un nuevo papel conmigo.

Ella– Siempre pensé que eras un hombre muy complicado. La gente se conforma y aferra a lo que puede. Me dije: lo que vale cuesta mucho y cuesta mucho lo que vale. Vos sos muy exigente, tan coherente… La primera vez que amo a un hombre me toca alguien que es imposible para una mujer. Lo único que te interesa son argumentos para tus historias.

El– Si es así esta historia la sufrí mucho. Prefiero seguir siendo tu admirador. Fracasé en encontrar a la mujer. Tal vez si nuestro diálogo hubiera seguido habría sido otra historia. Pero algo te asustó y te mandaste un pasaje al acto. Lo que se dice dejarse caer como un salto al vacío.

Ella– O sea que soy una gran actriz y un cero como mujer. Es para festejarlo. Chin chin.

El– Julia, mirá, es tiempo de que nos aceptemos. Tu verdadero deseo es el arte. Para vos todo termina sobre la escena. Ya viste que cuando quisiste ser sincera fallaste por completo. Y yo soy escritor: aunque no tenga la intención todo termina en literatura. Es más fuerte que nosotros. Lo único que podemos hacer es actuar de lo mismo que somos. A mí me basta saber que en todas mis historias nunca jodí a nadie. Por eso quisiera que esta historia termine bien.

Ella– Yo voy a seguir amándote. Lo peor de todo es que me gusta como besás. Tendré que quedarme con una sola noche de amor. Alucinante.

El– Te doy todos los besos que quieras. ¿Qué tal si te escribo una obra de teatro en torno a nuestro drama cómico? Vos podrías ayudarme mucho. El pretexto sería un homenaje a Julia Lambert que se llama como vos.

Ella– De acuerdo, ella es de mis favoritas. Comenzá a hacer borradores. Quién sabe si no inventemos un nuevo código, indestructible y más sabio para que esta vez nada nos hiera en vano. Lo único que te pido es que no me hables ni de la Biblia ni me vengas con fórmulas extrañas. ¿Y cuál sería la historia?

El– La historia podría ser la de un hombre y una mujer que simplemente hablan como nosotros y de a poco se van copando uno con otro. Ella tiene miedo y se va con otro. Y él por sentirse defraudado y ella por traicionarse a sí misma sufren pasiones que superan a las de todas las historias románticas. Y nunca tuvieron sexo ni se tocaron. Una historia que nunca se escribió, propia de los tiempos de las redes sociales. Sería una demostración de los poderes que tiene el lenguaje si se explotan a fondo.

Ella– Suena muy poético. ¿Y para qué serviría eso?

El– Mostraría que el sexo no es un trascendental, que el amor se trata de una partitura que hay que seguir hasta el final y que la escriben entre dos. Si alguien se escapa y hace un contrato donde una de las cláusulas es excluir al otro no sería distinto a que vendiera su alma. Las consecuencias no se harían esperar.

Ella– A mí siempre me calentó mucho tu inteligencia. Lástima que todo se vuelva en contra mío.

El– ¿Vos te sentiste anoche amada por mí?

Ella– Como nunca antes. Y aparte me reí mucho por las cosas que decías. No sé de dónde las sacás.

El– De nosotros. No soy un experto en el sexo. Se da así porque escribimos sin saberlo una partitura que ni siquiera conocíamos. Tal vez el código compinche no esté del todo destruido: puede ser intervenido, alterado, deformado, olvidado, pero sus huellas insisten. Por eso personas separadas por muchos años vuelven a hablar como si lo hicieran por primera vez.

Ella– Entonces me engañaste.

El– No exactamente. Te estaba diciendo que nada nos hiere en vano y de pronto sonó algo de las notas de esa música. Esta vez comenzaremos por el teatro así evitamos otro pasaje al acto.

 

Luis Thonis

ph / Luis Thonis