Memorias del subsuelo / Fiódor Dostoievski

Memorias del subsuelo  (Fragmento final)

Fiódor Dostoievski, 1864

 

[…] no creo que contar largas historia sobre la forma en que malgastaba mi vida, pudriéndome moralmente en un rincón, en un entorno tan poco saludable, tan aislado de la vida real y con ese vanidoso rencor del subsuelo, no creo a fe mía que merezca la pena. En una novela hace falta un héroe, y aquí, en cambio, se han reunido a propósito, todos los rasgos de un antihéroe, y lo que es más importante, que produce una impresión de lo más desagradable porque todos hemos perdido la costumbre de vivir y todos cojeamos de alguna pierna, unos más y otros menos. Tan desacostumbrados estamos que a veces sentimos repulsión a vivir “una vida de verdad” y no podemos soportar que alguien nos lo recuerde. Porque hemos llegado a una situación en que consideramos la auténtica “vida de verdad” casi como un trabajo, una especie de servicio obligado, de manera que, en nuestro fuero interno, estamos convencidos de que vivir como en los libros es mucho mejor. ¿Qué nos inquieta? ¿De qué nos encaprichamos? ¿Qué solemos pedir? No lo sabemos ni nosotros mismos. Sin embargo, aún nos iría peor si se cumplieran nuestros extravagantes deseos. ¡Hagan la prueba si no lo creen! ¡Adelante! Que, por ejemplo, nos den más autonomía, que nos desaten las manos y amplíen nuestro campo de actuación, que nos suavicen esta tutela que pende sobre nosotros… y yo les aseguro ¡que inmediatamente pediríamos refugiarnos otra vez bajo este escudo protector! Sé que algunos de ustedes se enojarán conmigo y comenzarán a gritar y a dar patadas en el suelo: hable usted de sus misères en el subsuelo pero no se atreva a hablar en nombre de “todos nosotros”. ¡Un momento señores! No crean que trato de justificarme con esta generalización. Por lo que a mí se refiere, sepan que durante mi vida he llevado hasta el extremo situaciones que ustedes no se atrevieron a llevar ni a mitad de camino, tomando por prudencia lo que no era más que cobardía, y con eso se consolaron y engañaron a ustedes mismos. ¡Porque posiblemente esté yo más “vivo” que todos ustedes! ¡Así que pongan más atención! ¡Porque quizá en la actualidad no sepamos siquiera dónde está lo vivo, en qué consiste, ni cómo se llama! ¡Que nos dejen solos, sin esos libritos de marras, y verán lo pronto que nos equivocamos de camino, lo pronto que nos perdemos! ¡Ni tampoco sabremos con qué estar de acuerdo o a qué atenernos; qué debemos querer y qué odiar; qué debemos respetar y qué menospreciar! Nos pesa, incluso, sentirnos seres humanos; hombres auténticos, con un cuerpo y una sangre propios. Mientras que eso nos avergüenza y sentimos que nos deshonra, en cambio nos esforzamos en convertirnos en una nueva especie, en omnihumanos, una especie ficticia. Somos criaturas muertas al nacer y hace tiempo que nacemos de padres no vivos: y esto nos encanta cada vez más. Le estamos tomando el gusto. Dentro de poco nos las ingeniaremos para nacer de las ideas. ¡Pero basta ya! No quiero escribir nada más desde el subsuelo…

F. Dostoievski, 1864

Memorias del subsuelo / Buenos Aires: Losada, 2005

Traducción de Rafael Cañete