Todos vamos a morir / Lucía Mazzinghi

2019

MAYO

Se fue Abril nomás, así de rápido, y nos dejó el frío.

Chisporrotea la grasa de la salchicha parrillera en la sartén. N. puso música. Sketches of Spain. Canturreo mientras la doy vuelta con un tenedor largo, las cervezas se enfrían en el freezer, alegría de sábado a la noche, fresco sábado de otoño, una trompeta soplada hasta el fondo, con la sordina de acero Harmon al rojo vivo, dejando todo, sin retacear, arañando el tiempo, susurrando, aullando, crujiendo, reventando tímpanos, buscando buscando. Benditas trompetas doradas lip lip Wynton Marsalis Freedie Hubbard Fats Navarro lip Roy Eldridge Nat Adderley Dizzy Gillespie Miles Davis Booker Littley Clifford Brown, soplan desde la más oscura noche de los tiempos con sus sueños drogados arremolinados en los párpados y sus nombres redondos y sonantes como notas, soplan soplan todo lo que tienen adentro, como dementes soplan, no se quedan con nada, está todo ahí, en esa corriente eléctrica de sonidos y notas, en frases que se recombinan al tun tun.

¡Qué nombres hermosos tenían!

Al rato I. insiste en que pongamos su lista de música. Paulo Londra hace retemblar los vidrios. Después: patada de canguro golpe duro grita WOS mientras I. hace piruetas y da patadas desquiciadas en el aire. 

V. me devolvió el libro sobre Marina Tsvietaieva que le presté en un clarísimo signo de amor ya que me cuesta muchísimo prestar libros. Vivir en el fuego. Maravilla total. Aprovecho para releerlo. Está completamente subrayado. Es capaz de llorar por un guión Marina, así de mandada a la escritura está. Vive ahí. En mí, -¡todo es incendio! afirma con tal naturalidad que asusta. Recuerdo haberlo devorado mientras estaba embarazada de I. Marina pudo escribir mientras zurcía, cargaba baldes con ceniza vieja, fregaba cacharros, cocinaba y aplastaba piojos entre las uñas. Con frío, con hambre, recién parida, en Rusia, Alemania, Checoslovaquia o Francia, se aferraba a su cuaderno en el tranvía, en cuchitriles diminutos, sin quejarse, fiel a su oído, si ella lo hizo cómo no voy a poder hacerlo con un bebe recién nacido pero con todas las comodidades pensaba dándome ánimo. Y así mi Reino de los Cielos estuvo entre la sartén y el cuaderno, entre uno y otro: todo. Es cuestión de encontrar el hueco y sentarse a escribir, en continuidad con la vida, sin tanto espamento (¿Así se dice?). La amo.

Conseguir: Diario de la revolución.

Ni una menos. Celebro que nos unamos para defendernos, sin duda, era hora, pero ojo con los linchamientos y escraches. Mucho ojo. El grupo: sí: pero no perder nunca de vista la soledad, las particularidades. 

Kerouac: Gregory y Allen quieren que empiece una revolución, Greg quiere ser mi seguidor, yo les digo que solo quiero ser un solitario poeta de Nueva Inglaterra. No lo entienden, la libertad ofende, se cabrean, lo pinchan, ellos van a todos lados en grupo, él: solo, ni cultura ni contracultura, ni rey ni gurú ni líder de ninguna revolución, su Leyenda, sus bocetos, lo que se pierde y él registra en su libreta, es más: él mismo está hecho de pérdida. Perder no es llorar ni quejarse, es otra cosa. Escribe en algún lado que Allen se está perdiendo en el ruido de la época, que en lugar de obnubilarse con los mitines políticos y literarios debería volver a escribir como escribió Kaddish ese bello y triste canto lamento alabanza a Naomi, su madre muerta.

Olor a quebracho, el humo espeso y perfumado, crepitar de brasas. Arranca la temporada de chimenea. Y de largos y calientes baños de inmersión.

Todas las cosas se componen de fuego, y al fuego han de volver. ¡Si el fuego no causara dolor! ¿Alcanza con el fuego? La pasión es una zarza ardiendo siempre en presente.

Rompe, decían, rompe, rompe, rompe el círculo cobarde. Mientras el barco se hunde. Mientras el  mundo se hunde. Libérate a la vida, que se te viene encima desde todos lados como si fuera lava. Rompe. M. Lowry en Rumbo al mar blanco sobre el que trabajó 13 años y que –oh casualidad- fue reducido a cenizas cuando un incendio destruyó la cabaña en la que vivía con su mujer. Otra vez el fuego. Años más tarde su primera mujer sacó a relucir una copia polvorienta que alguna vez Lowry había metido dentro de un ropero de la casa neoyorquina de su entonces suegra y la publicó como su obra póstuma.

Tejer y destejer los hilos del Tiempo. Romper el círculo sagrado de la cobardía y el miedo. Floto arrastrada por el río de lo cotidiano. La rutina caracol te destruye lentamente cantan Los Visitantes. Plomizos laberintos del cansancio. Trabajo casa trabajo casa, repulular de pensamientos remanshados. No logro deshilachar. Por el momento nada que me produzca una alegría epifánica.

El tedio está acá, paseando sus dientes.

Hay gente que sigue adelante y gente que no.

Harta de T., me irritan sus aires de pertenecer a la saga de Vidas Ilustres/Vidas ejemplares, mosca muerta insufrible la boluda, siempre con un consejito colgándole de los labios listo para ser disparado a quemarropa.

El rosal está caído, lo podé y removí la tierra a ver si con eso levanta un poco.

Anoche comida en El Bochín con E. y C. E. contó sobre la crisis que está atravesando con su mujer, los desencuentros, la dificultad para encontrar el tono para hablarse. Me vi reflejada en algo de lo que dijo de ella. En momentos de cansancio y hartazgo su tono es intratable con tendencia a perorar, a sacarse algo de adentro sin escuchar al otro. Vi los efectos que tiene eso en quien lo escucha. Me prometí a mí misma cambiar, buscar otra manera de expresar mi malestar.

Quisiera tener el tiempo para usar bata, para despertarme a la mañana y tomar el desayuno en bata. Eso.

JUNIO

El sobrante de este mes va para las cortinas del comedor. Ya que no hay plata para los grandes arreglos, vamos por cosas posibles.

Conseguí los diarios de Sylvia Plath y el diario que escribió Herzog mientras filmaba Fitzcarraldo. Conquista de lo inútil. El título es una maravilla, es una toma de posición, un modo de situarse.

Almuerzo en Callao, alguien encontró una caja con cosas viejas: boletines, medallas, papeles, viejos cuadernos de notas de papá, unos cuadernos espiralados tapa dura verde oliva. Su letra en ese momento todavía era legible. Leyó algunas partes. La entrada del 2 de diciembre de no sé qué año (¿fines de los sesenta?) decía: debo sentir más la poesía, buscarla más. Me emociona. A pesar de las diferencias que tengo con papá, el hilo de la literatura nos une de un modo profundo. Un padre que lee y deja leer es una bendición me dijo H. una vez y hace poco: el peor pecado de un padre es no entregarle sus poetas a un hijo. Cuando salgo de Callao; un cielo sucio, el viento como agazapado. La cúpula verde de la iglesia del Salvador. Campanas. Miles de murciélagos se desparraman aturdidos, por un instante se mezclan con las palomas. Domingo a la tardenoche.

La sangre sola nunca es suficiente. La herencia es una conquista, una reconquista.

Las manos de mi abuela, los labios de mi madre, los ojos de mis hijas.

En algún momento, por una razón que desconozco, en este archivo se incrustó una letra a en el margen izquierdo de la página y no encuentro la manera de sacarla. Todas las páginas del cuaderno tienen a la derecha el número de página y a la izquierda una a minúscula. a a a a a a a…

Sunyata. En el vacío no existe el por qué.

Hay días en los que el psiquiátrico pesa más que otros. Hoy pesó como yunque. El gesto extraño y bello y manso en la cara marcada de C. el aburrimiento, la desidia, el olor putrefacto de V.  S. logró hartarme. Se la pasa comiendo bizcochitos y jugando al solitario en su celular. La voluntad estragada de T. su piel cetrina, los ojos hoscos, sus palabras repicando en mi mente como flores raras, la inercia, el extravío. En lugar de la calefacción prenden el aire acondicionado y la sala es una heladera. No me saco el tapado ni la bufanda en todo el día. El frío se me metió en los huesos. Cala hondo. Cómo escribo todo esto. Cómo. No quiero contar historias de locas, no va por ahí, quiero rescatar algo de eso que vivo cada día. Por el momento me meto de lleno en la conquista de lo inútil. Me quedo ahí por un rato, con el loco de Herzog machacando dale que te dale con su visión del barquito trepando la montaña. No lo para nadie. Eso es pasión, pasión por lo inútil ¿Se puede ser apasionado de otro modo? No. Caes rápido en la eficiencia, la productividad, empezás a contar.

Evitar el encanallamiento. Todo tipo de encanallamiento, que no te importe un carajo nada, pero también el de la militancia intolerante, el encanallarse del progresismo hipócrita, de la intelectualidad comprometida, del totalitarismo disfrazado de Bien.

A pesar de que Virginia Woolf no es santa de mi devoción, encontré una cita que me gusta: y pensé en lo desagradable que era que la dejaran a una fuera; y pensé que quizá era peor que la encerraran a una dentro. Me sirve para pensar el adentro/afuera no sólo en la novela, si no en mi vida. Siempre estuve con una pata adentro y otra afuera: de todo. Es mi modo de estar, de elegir, de andar siempre un poco suelta, no encajar del todo en ninguna parte.

Reafeminamiento.

Llora con torrencial desmesura. Babea moquea con hipos y ayes. Transpira, lava y seca sus lágrimas con esmero hace puchero lamenta su vida bolero, acostada sobre el colchón de una cama sin sábanas en un hospicio en el mismísimo culo del mundo.

Tengo una nueva paciente que sufre transformaciones permanentes en el cuerpo, cada dos por tres se lo tiene que armar y rearmar. Se sienta en una silla y empieza de abajo para arriba, lo reconstruye con el pensamiento, si alguien la interrumpe, el proceso queda trunco y tiene que volver a empezar o quedarse desmembrada durante el resto del día.

La risa de R. es como un ladrido furioso que empieza y termina de golpe. Siempre te agarra por sorpresa.

Hoy aprendí una frase nueva del cantar tumberito del conurba falopa: te puse pilla. Quiere decir te rebajé, te denigré con palabras, no hizo falta llegar a los tortazos.

Enlujuriada de lenguas, verbalizando gargareando anatemizando libidinizando pluralizando, ALP es una y todas.

¡Te edenaron la fruta Adán! Te re cabió.

Recupero, por ráfagas, cierto gusto.

Una pausa al mediodía. La ensalada de siempre: pollo lechuga acelga rúcula roquefort y zapallo. El bar no es gran cosa pero están Marcia y la ensalada que me encanta, las medialunas tibias, las sillas confortables y la luz discreta, en completa oposición a las dicroicas que ahora pueblan casi todos los bares de la ciudad. El café es fuerte, intenso, mancha las tazas que Marcia, la callada asiática de palmas blancas lava con calma. Cuando me canso de pasar notas, cuando no quiero pensar: le pido revistas y me doy un baño, me hundo por un rato en las patéticas aguas de la farándula argentina.

G. terminó de leer Locas y me manda un whatsapp: brutal. Tenés algo impresionante ahí. El texto vuelve y vuelve una vez y otra vez, ese dolor, esa soledad terrible, el sonido de ese lugar, el espanto. Tenés que ponerlo en el mundo. Oh, vanidad, una alegría me recorre el cuerpo y se me instala por un rato. Me dan ganas de llorar. Le metí mucha pata a ese texto, una parte de mí está todo el tiempo pensando en ese registro, el oído atento para pescar el habla hospicio y trasponerla. Cómo ponerlo en el mundo, esa es la cuestión, no sé por dónde empezar.

Las manos agarrotadas de frío de colgar ropa. Las entibio con mate en la cocina soleada. Leo a Eillen Myles, mi último descubrimiento. A fuerza de buscar y rebuscar en la web conseguí armar un archivo de 150 páginas con poemas de diferentes libros de ella. Me lo subí al Kindle. Acá Mansalava le publicó uno. Voy a ver si esta semana lo consigo.

A la noche: cena con amigos. Carne al horno con papas, vino, música y el maravilloso arte de la conversación. Ir emborrachándonos lenta y alegremente, conversar y conversar sin límites, soltar parla y carcajada, estar ahí, dulces abrazos de despedida en la madrugada brumosa. Mis borracheras no son densas ni tristes ni papeloneras. Lengua trabada, ojos chinos y sonrisa medio boba.

Época de citas, de relecturas, como quien dice época de vientos o de higos o de ciruelas.

¿Les interesa el espacio? Hagamos que cruja. ¿Les atormenta el tiempo? Matémoslo juntos. S. Beckett. ¡Pero eso es ACSURDO! gritaría I.

Desde una nota se puede no caer en la tecla correcta, pero es imposible, desde una letra, no caer –en la voz. M. Tsv.

Yo amo con furor las cosas que mezclan el sonido con la luz. Baudelaire. Imágenes que se acumulan en puro desorden, se superponen, ¿qué historia puede contarse de esta manera? Todo mezclado, ningún argumento, ningún hilo narrativo, jirones rotos. Entre lo que machaca y lo que tamborilea. Punto de fuga. Empuja, empuja Se avanza en espiral. ¿El progreso? Una fantasía de la cultura, ¿lo lineal? Todo está torcido refractado reflejado repetido, ¿la civilización? suelto una fuerte carcajada. ¿Cuál es el plan? No lo hay. Jiro giros locos rotos sueltos.

Rembrandt , triste hospital lleno de murmullos,

decorado solo con un gran crucifijo, 

donde la plegaria llorada viene de la basura,

y de un rayo de invierno que cruza bruscamente.

Las flores del mal, la traducción de Américo Cristófalo para editorial Losada.

Agarré la tijera de podar y recorté seis páginas de Locas. En cambio agregué a V. hilando su historia de sangre envenenada y secretos entre chupadas de mate tibio y pitadas a su cigarrito. La mayoría de las entradas que borré son pensamientos míos o citas, sin eso el texto es más crudo, más limpio de ideas y reflexiones, recupera potencia pero gana en fragmentación, se centra en sus voces. Tampoco la intención es ahondar en las historias de cada una, son pinceladas, esbozos. Todos los fragmentos remolinean alrededor de cómo me sitúo en relación con la locura. El que la romantiza es un hijo de puta.

Siempre atenta a lo que se pudre debajo de la hojarasca. Metafuera y metolivia. ¿Para quién escribo? ¿A quién le importa? El lector, que se joda, que haga lo que pueda, como hacemos todos. 

Cierro los ojos, hace días me persigue una visión, se me escapa, cuando intento escribirla: se pierde. Dig dig dig el vacío baldío dorado que viene y que va. Marcas de luz. Silencio sobrecogedor. Soy la guardiana del baldío dorado de mi infancia. Es mi abrigo, mi frazada. El sol tiembla y acaricia el pasto empapado de rocío. El sol baila en la mermelada de naranja. Vuelve la vieja mesa de fórmica amarilla y el zumbido de la heladera. La visión como un fogonazo de mamá tomando mate cocido en una taza durax marrón de borde grueso, sus ojos negros borroneados por el vapor, el camisón rosa flotando leve, fantasma vaporoso. La voz que es el grano mismo del recuerdo es lo que primero se olvida. Se me fue, se me perdió. Si tan solo pudiera escuchar su voz una vez más. Los cromos de las bicis hierven bajo el sol infernal de la siesta que va rotando sobre nuestras cabezas, tiempo eternizado, ya hablamos de los cuentos de terror alrededor del fuego, el uh uh uuuhuu de las palomas torcazas, las paredes de las casas vecinas, refulgentes calientes ladrillos rojos por el sol de la tarde, mi hermano arrodillado sobre la tierra barrida con una ramita de jacarandá, debajo de los árboles, concentrado en dar el golpe, los bolsillos repletos de bolitas y dos o tres vecinos expectantes, queriendo ponerlo nervioso pero el tiro es perfecto y mi hermano pega un alarido triunfal al quedarse con la italiana y dos lecheras.

Daylan Kifky, El Corsario Negro y Sandokán. Huck Finn. Tom Sawyer. Corazón. Los Hollister. Puck. Sissí. Nancy Drew. 

Comidas. En invierno: lentejas con salchichas hechas a la plancha, ñoquis de sémola, sopa de calabaza, en verano: sándwiches en el jardín, milanesas con ensalada de papa huevo y mayonesa, melón con jamón, siempre tostadas crujientes con manteca y miel y vainillas mojadas en el nesquick.

Sonidos: rítmica pelota contra pared. Tosca y su recóndita armonía. Escándalo de grillos en sordina. Pasto creciendo. Km 11 en la radio portátil de la cocina. El silbato del heladero cortando la siesta, el del sereno cortando la noche.

Olores: jazmín de leche, fogata, madreselva. Agua de zanja oscura y podrida. Espiral contra mosquitos. Patys a la parrilla. Cloro en el pelo. A veces la memoria golpea como una ola que te despatarra.

Palabras: Bucanero baldío fichín tienda de ultramarinos carromato fregadero.

Poner el vacío, poner el oído, poner la luz.

Ver qué sale.

La reconstrucción de la infancia es un acto de fe. Son evocaciones, olores, visiones desarticuladas. Lo vivido y lo repensado, largos periodos de opacidad, acción pura, descubrimientos. Todos los locos los malditos los criminales han sido niños, han jugado como tú, han creído que algo hermoso les esperaba dice Pavese. Todos tenemos un inmóvil baldío dorado en algún pliegue de nuestra memoria.

El cuerpo tarda en olvidar.

Hijo-mosca y lagart-hija. Movimientos improvisados a gran velocidad, colores saturados a lo Pedro Almodó. Bar lleno tintineo de copas y millones de vasos de cerveza dorada ingeridos sin pausa. Bocas pegadas al vidrio y a orejas susurradas, cosquilleos, música música y corrientes de excitación recorriendo los cuerpos, atravesando el aire viciado de humo y vapor. Confusión de nervios y circuitos eléctricos. Los bajos retumban. Inútil toda pretensión. Ni retener ni congelar ni ni. Los redobles de tambores están solo en las pelis. Acá es meter toda la sangre posible en el desear, cada vez, como se pueda, seguir.

Fricción ficción función.

Un pensamiento confuso trepa aletea sube se instala. Los pájaros volados.

Pulir la risa hasta que brille como una campana de cristal.

Hago listas.

La palabra vitualla. Recojo esa perla. La froto, la lustro. También otario cántaro colmena. Cerúleo. Trepidante. Escaramuza. Enchastre.

Palabras que incluyen las cinco vocales: murciélago arquetipo euforia escuálido reumático repudiado meticulosa encubridora irresoluta milonguera perturbación. Hay muchas más de las que imaginé.

Le pregunto a I. qué cree que significan estas palabras:

Cuorum: erupto

Escrutinio: crujir

Pixelado: una pizza aplastada

Soborno: algo enojado

Socialismo: trabajo

Hipoteca: biblioteca de hipos

JULIO

Todas las mañanas exactamente a las cinco y media de la madrugada pasa el primer tren, prácticamente vacío, un chorro de luz cortando indiferente la noche oscurísima. Lo escucho y sé que se acerca la hora de despertar. Todas todas las mañanas a la misma hora excepto los días de paro imagino la luz antes de verla, una hora después suena la alarma, siempre me agarra por sorpresa, me duermo con una facilidad pasmosa, mi relación con el insomnio es prácticamente nula, se reduce a seis meses durante el año 1988 y algunos desvelos salpicados. Planeo mentalmente el día mientras mordisqueo una tostada y preparo la vianda para I. Corto la milanesa en cuadrados, agrego el arroz, pongo kétchup y mayonesa en un recipiente con tapa. Lleno el termito con agua helada, lavo la manzana. En la mochila, un alfajor para el recreo. La despierto, la ayudo a vestirse, sigue dormida mientras le pongo las medias y le ato los cordones, su piel tibia, su olor, las marcas de la almohada. Se refriega los ojos llenos de energía, dulces y feroces, bajo la anémica luz de una mañana invernal.

Un frío que pela. Leo que en el fondo del océano hay una capa de agua que nunca se ha movido. Nunca. ¿Es posible? ¿Qué otros lugares en el mundo se habrán mantenido inmóviles durante siglos y siglos? De solo pensarlo siento vértigo, todo es tan vasto y nosotros abarcamos tan poco. La vida en los océanos debe ser el infierno mismo. Un vasto infierno inmisericorde de permanente e inmediato peligro. Infierno a tal extremo que durante la evolución algunas especies –incluida la humana- reptaron y huyeron hacia pequeños continentes de tierra firme, donde las Lecciones de Oscuridad continúan. Cita de Herzog.

M. invitó a las chicas a dormir a su casa así que de golpe nos encontramos con toda la noche por delante para nosotros dos. Salimos a tomar unas cervezas y después comimos en Sudestada. Linda conversación, rica comida, el placer de estar juntos y solos. Dormí desnuda cosa que no hacía hace tiempo. Me levanté temprano: mañana de Keith Jarrett al mango y lectura. Los diarios de Herzog son alucinantes. Estoy metidísima en esa selva, en ese hipnótico río marrón que es uno y todos: Nanay Momón Cenepa Camisea Urubamba Marañón, el río a veces corre lento, mudo, madera y oro y todos los tonos posibles del verde, otras es un poderoso río susurrante, imparable, corre fluye salta salpica remolinea y se funde bien lejos con el mar. Sapos que parecen aves, monos que parecen ovejas, insectos que parecen sirenas, chanchos que chillan como niños hambrientos, serpientes venenosas que parecen lianas, tarántulas del tamaño de una mano, todo es exagerado y obsceno, lo mismo y otra cosa en un ininterrumpido presente eterno. Indios de diferentes tribus, asistentes, actores, cocineros, pilotos, mecánicos, ocelotes, jaguares, osos hormigueros, colonias de termitas, murciélagos, peces iridiscentes que sueltan luces de colores increíbles, todos se mueven en el mismo escenario, hay ebullición y caos hasta que la noche cae abrupta y muda, la oscurísima noche tropical envuelve a todos y solo quedan millones de luciérnagas y estrellas titilantes y los ojos de los caimanes como carbones encendidos. Chasquidos, chapoteos, crepitajes, zumbidos, siseos. Revientan pimpollos y  brotes, todo cae abriéndose semillas fundas vainas frutos carnosidades humedad al diez mil por ciento, todo se agita se repliega se estira estalla se moja se fermenta en rítmica pudrición. Miserable y majestuosa, la selva rezuma una bella y dulzona podredumbre mientras el río-monstruo, el río-vida, el hipnótico-río, corre indiferente.

Annaterra Libidinosa y Pluvialbella. Es como un juego que no termina nunca.

Presenté Locas al concurso del FNA pero no tengo muchas esperanzas, entrar en ese circuito, la espera, ni siquiera está terminado. No sabía en qué género ubicarlo, es increíble que todavía se sigan dividiendo los escritos por géneros, atrasa mil años, la cantidad mínima de páginas me dio para presentarlo en crónicas y lo metí ahí. El resultado es en noviembre. Mientras: me dedico a escribir este diario y a leer y a todo lo demás.

Un grupito toma cerveza al frente del chino. Se pasan la botella de Imperial abrigados con camperones de River, esperan que se haga la hora del partido, gritan, se ríen, se turnan para entrar a comprar más botellas o latas, se hacen chistes y se pegan piñas cariñosas en la panza mientras la tarde desaparece por la avenida Monroe junto a un pedazo de diario que rueda, levanta vuelo y planea hasta engancharse en la rama baja de un árbol. Resplandecen las tres tiras de adidas, el rosa frío del atardecer se va apagando, queda una oscuridad granulada, gris plomo y el vapor tibio que sale de sus bocas. Un perro piel y huesos los mira indiferente con ojos saltones desde atrás de una reja. Cuando se van dejan un tendal de botellas y latas vacías en fila contra la pared del supermercado, olor amargo a cerveza derramada  y colillas. 

La selva es tremenda, en hora pico debe ser más ruidosa que Corrientes y Carlos Pellegrini. Mosquitos que inoculan fiebre y pesadillas, pantanos pestíferos, paludismo, pavores. Mohos, vahos, resinas y espesuras. Plantas carnívoras, veneno. En todos los campamentos y caseríos hay gallinas y basura. Los sonidos se amortiguan por la humedad. Luego de un día completo de rodaje y de varias horas de soportar los casi ininterrumpidos ataques de furia de Kinski, los caciques de los ashininka-campas y de los machiguengas de Shivankoreni se acercan a Herzog y se ofrecen a matarlo en el acto (p.233).

Intoxicada de series. Perdiendo el tiempo irremediablemente. Voy a soñar raro, sueños confusos, en loop, jirones, no llegan a conformarse en sueño.

AGOSTO

En la calle hay una patrulla del Gobierno de la Ciudad tirando abajo un plátano centenario. Lo hacen con tal torpeza y descuido que parece un chiste. Escuchan chamame. Pienso en Mene. Linda y amada Mene, la familia puede tener idas y vueltas, momentos de cercanía y otros de mayor de distancia, peleas, secretos, cambios, y alianzas, Mene es la roca inmóvil, lo que nunca cambia. Ahora Los del Fuego. Dónde está mi amor, ese amor que me jurabas tú se mezcla con el rugido de la motosierra. El árbol reducido a una pila altísima de leña y a kilos de polvo flotando en el aire, volándose con el viento, cubriendo los autos estacionados de una capa roja y amarilla. Voy a extrañar su sombra fresca en la terraza. Terminando Herzog. La selva no tiene tiempo ni memoria, mucho después de que desparezca el último hombre sobre la faz de la tierra, va a seguir cubriendo todo con infinita cruel y febril paciencia. Somos nada. Fitzcarraldo gira alrededor de una imagen, de una sola visión: un barco atravesando una montaña en el mismísimo centro de la selva. Metáfora de qué. No lo sabe. No le interesa tampoco. Lo único que le importa es que esa visión empuja. Y cuando lo consigue: ningún dolor, ninguna alegría ninguna excitación ni alivio ni sensación de felicidad. Sólo la comprensión de una gran inutilidad. La conquista de lo inútil. Y un remolino de palabras girándole adentro.

Anoche: Baphoto. Me gustaron las fotos de Ariel Ballester. El desamparo, la soledad, el espacio vacío repleto de fantasmas, resuena Locas en esas imágenes. Lo bello y lo siniestro del desamparo, el cuerpo presente sin estarlo, la mirada, la marca. Me compré el libro. Mis preferidas: la foto 17, la foto 32, la 38, la 52 y la 59. Poética de la catástrofe. Lo que queda. El eco. Los restos. Locas como una cantinela, una plegaria a un dios que no existe, plegaria de los corazones rotos, plegaria de los corazones solos. 

M. me dijo que había pensado regalarme la obra que presentó. Es tremenda. Me encanta. Va a quedar espectacular en el la pared del comedor. Vamos a tener que encontrarle un nuevo lugar al cuadro de B.

En Bar Barcelona se toma cerveza de litro con hielos y se conversa hasta la hora de cierre con el mural del ciervo y el zumbido del motor de las heladeras como telón de fondo. Es un hecho, como que el sol sale todas las mañanas y el agua moja.

El gordo y largo armatoste marrón caca y cremita del 39 cruza en rojo y casi se lleva puesta una motito que venía a las chapas y sin luces por Ravignani.

Arrancamos con un ciclo de cine en la sala, pasamos películas y yo hago pochoclos en la cocinita de los enfermeros. Armamos conos con el papel de los pedidos de medicación a Farmacia y los llenamos de pochoclo dulce y crocante. S. no se queda a mirar, sólo se acerca para llevarse a la cama la mayor cantidad de pochoclos que pueda, entra y sale, entra y sale con su botín, las manos pringosas, un par de pochoclos enganchados entre las crenchas mugrosas. Me recuerdan a mi infancia dice como única explicación. Esta escena sola alcanza para justificar todo el año de cine.

Mi mentir habla verdá. Eso me ocsesiona (cama 50).

Fin de semana en la costa. El mar verde acerado, el aire frío y salado impregnando todo, gaviotas y viento, luz de sal, brumosa, difusa, chimenea prendida ininterrumpidamente, incontables partidos de carioca. Volvimos con el diente de I. envuelto en una servilleta. Raton peres se me cayo el segundo diente pero me lo trage en la mesa mientras comia anmurgesa. Te boi a dejar quesito rocefor que seguro es tu preferido y un vasito de agua. Se van cayendo los dientes, uno a uno, margarita deshojada, caen caen con deseo y miedo a la vez, caen como las cuentas del rosario que Mene apretaba con fuerza en su mano derecha, la velocidad pasmosa con la que pronunciaba letanías y oraciones con los ojos semi cerrados apuntando al cielo, Dioooos Maríiiiia lleeena eres degraciaelsrcntibendterentrtdsmujeresybendelfrudetvient Jesús… saaaaaantamaría madre de dios, ruegapornostrspecadahorayenlahoradentumuer amén. Al terminar se persignaba dos tres hasta cinco veces seguidas. Este es otro pedazo del collage, son ladrillos, voces que forman parte de un mosaico mayor del que no tengo cabal conciencia ni capacidad de verlo en su totalidad por la sencillísima razón de que nunca sé de antemano hacia dónde voy.

Escribo

Escribo

Escribo

con estas manos mías. I. y yo tenemos manos parecidas, palmas grandes, dedos largos, el meñique izquierdo mío torcidísimo, un lunar en el pulgar y el anillo de T. en el meñique derecho, mi tesoro más preciado. Mente dedo tecla dedo tecla mente tecla mente escribo escribo dedo declante mendeclando sin cesar, los hermanos sean unidos la ley primera amarodiar siempre a pesar de todo. 

El odio es sed de amor dice Pavese en sus diarios.

Me prestaron los diarios de duelo de Barthes. Son un poco pesados pero rescato la idea de la muerte como una piedra que se instala, se instala y no se gasta: sencillamente: está. Queda ahí, incrustada,  y uno va dando vueltas alrededor de esa piedra una dos mil un millón de veces. El tiempo hace pasar la emotividad del duelo pero no la aflicción. El duelo nunca termina, más bien se transforma. Resolana: trabajo de escritura y reescritura de la muerte y la soledad, rodear esa piedra, hacerla cantar o soportar el silencio, el vacío, saber que siempre estará ahí.

-esta cómica sed de vivir-

¡Oh!      ¡Oh!

vida       vida

vida       vida

vida       vida

    carroña

    última

    forma.

Había anotado mi fracaso en mi incursión a un encuentro de Escritores y Poetas pero se me borró de la compu. No pienso reescribirlo, basta con anotar que todos mis amigos NO estaban ahí y que tengo que aprender a no exponerme, a no ir obligada a los lugares. La soledad no está bien vista. Despierta sospechas. No debería haber salido de mi cueva. Definitivamente no pertenezco al C.D.C.U. perorando sobre Literatura entre buches de vino y miradas satisfechas, todos modernos, cancheros, saludándose, riendo cómplices. Nada es más deprimente que lo cool dice Kerouac. Junté fuerzas y me fui. Volví por Scalabrini Ortiz (ex canning) con las ventanas abiertas, puteando enrabiada al aire brumoso de la medianoche.

Infiernarme antes que ser vomitada por tibia.

¿No es la soledad –el resultado, la última cuna de todos los ríos?

¿De quién son los ríos? Del que los oye. El río Hudson, el Merrimack, el Concord, el Mississipi, el Liffey, el Roveja, el Po, el Marañon, el Nilo, el Amazonas, el Río de la Plata, el Paraná, el Samborombón, anaplurabelizados ríos del Tiempo.

Lucía Mazzinghi

Ph / Ariel Ballester / Poética de la catástrofe, Ruinas de Epecuén