Comedia biológica / Bettina Bonifatti

[Este fragmento pertenece a uno de los textos que componen el libro inédito Comedia Biológica, de Bettina Bonifatti]

La doble esencia en la partición enrostra dos personas hasta donde compone detalles. Los gemelos no deberían considerarse hermanos.

Escribo para salir de algo. Hice lo posible por la diferencia. No hace falta hacer más. Me rindo. Científicos dejan estudios de gemelos por la mitad. 

Me había propuesto no decir ella

Lo único que falta sería tenerle miedo a un pronombre.

Me alejo. No es distancia ni apego, odio ni amor. Es una intensa vida falsa afuera y la fuerza de los genes que tienen mala prensa.

Creen que es sólo imaginario. Los que nunca tuvieron pesadillas a dúo. Esos tabla rasa no saben de calambres simultáneos, nimiedades replicadas ni de la fuerza que comanda y no explica. Aún en la dualidad es algo único.

Quiero leer sobre embriología. No como ciencia sino como literatura.

Desde adentro sé cuando uso sus gestos. Dicen que hay un proceso mimético cuando hablamos por teléfono. Espejo de la voz. 

Lo gemelar no se conoce demasiado. Lo demuestra el hecho de que, como en la película El hombre elefante, aún se exhibe. 

Turnarse padres. Un rato cada una. Todo va y regresa, vida de búmeran. Me toca a mí, pelea a muerte por una concordia.

No es fácil como dicen los gemelos inseparables sino parecido a la historia de los siameses chinos Chang y Eng, que nunca averiguaron por qué órgano estaban unidos.

En la peor pelea uno quiso matar al otro, estrangularlo, y no pudo; hubiese sido un extraño caso de homicidio y suicidio a la vez. Pelea en el colmo de la discordia, odio constitutivo del amor, leyes que faltan, acto que desliga y liga a la vez. 

Toda aquella infancia extravertida me resultó cansadora, como un largo entrenamiento para nada. 

¿Ejercen lo gemelar quienes jamás se enfrentan? Venir de a dos complica a cada uno que mira y se marea en la preferencia.

Nunca hubo perplejidad. La imagen no agarra de improviso. 

Siempre que muestran gemelas son personas que no se preocupan ni cavilan sobre renunciar a su condición. 

La palabra gemelar es fea y los sinónimos, inexactos. 

Las ganas de mudarme de cuerpo, cuando me dice: Si te extraño me miro en el espejo.

El primer libro que leí: El príncipe y el mendigo. 

No es desacertado ver muerte en la mandíbula. Papini: la dentadura es la única parte de la calavera visible antes de la muerte, pero los que miran, cuando el hombre todavía vive, no ven el horror sino la alegría.  Nariz como trompa frustrada: el desprovisto de nariz produce horror.

Sensación de estar viviendo también en otra parte, o sentir hecho lo que no hice. 

Confusión o saludos desconocidos. Respondo o digo que No soy.

En el fondo del mundo gemelar no hay nada. Está vacío. No hay una reserva de tesoros, sólo anécdotas, y contarlas empobrece. 

Trampa de sacar rédito, bajos beneficios, precariedad de locura inmóvil.  

¿Qué palabra está perdida?

No es que se haya dicho poco sino que siempre se dicen las mismas cosas.

Anécdotas: prensa amarilla de la especie. En este siglo ya no se trabaja en circos. Conozco enanas abogadas, no es necesario convertirse, además, en un fenómeno.

La soledad se duplica. 

Si ella no amara su aislamiento, ¿qué sentiría yo?

La familia no ayuda. Deposita palabras como si cada una fuera un recipiente. Creen que hacen un bien. Las buenas intenciones empeoran todo.

Dicen que cuando se reduce la semejanza a la identidad (el otro a uno mismo) la consecuencia cultural es el exterminio. ¿Caín y Abel?

Casi iguales. Casi, adverbio de la ironía.

No pude hallar enemistad para justificar la lejanía. Cada una peleó a solas consigo.

Ignorancia del más allá de la apariencia.

No alimentar el apetito del ojo. Deponer la mirada. 

¿Por qué mecanismo autómata una vida puede desdoblarse? Sólo esta igualdad más allá de la imagen, me alegra.

Cansada de testimonios familiares que solían contradecirse entre sí, quise escribir un libro de dos tapas. Impusimos una veda sobre el tema y plazo para intercambiar manuscritos. 

Fui libre en la independencia de la caligrafía. 

Siempre me veo desde adentro, no soy consciente de la igualdad física. Los demás recuerdan una condición que no percibo desde ningún ángulo. El gemelo puede ser, como en mi caso, un ciego de sí mismo.

Nos trataban con gracia, en un mundo que cree en la imagen e ignora la importancia del rechazo. Nos aconsejaban que nos queramos, mientras festejaban que hagamos lo mismo, y nos pedían que nos diferenciemos para no confundirnos. Nos avisaban que éramos distintas, mientras nos escribían con birome la planta del pie para no confundirnos en el momento del baño.

Nos escuchábamos llorar a la vez, de cuna a cuna, testigos sin descanso.

No registrado: el tiempo perdido en aclarar quién es quién. 

En el culto a la diferenciación, se olvida que el temor de cada una no es parecerse sino desconocer la cualidad idéntica que nos separa.

Me alejo de lo competitivo desde que nací primera.

De tanto tener que ponerse de acuerdo para todo, los gemelos no resultan buenos negociadores por cansancio. Al avanzar de a dos, a veces tropiezan; lo que no significa que las cosas les cuesten el doble, porque se dan aviso en una advertencia de más allá o más acá, que les ahorra la mitad de los problemas. 

Desde que nací, una mano me agarra las cosas; nos criamos a manotazos, y en la acrobacia, recibimos el ojo por ojo y diente por diente de la educación. Hoy, el espectador pide disculpas antes de importunar. Festeja el lugar común. Con tristeza, caigo en la trampa de quien mira. No haber podido cerrar a tiempo el telón. 

En busca de ritual para terminar con lo dual, armamos un dúo cómico y nos hicimos pasar por la otra, en virtud de un rompimiento imposible. 

Contrabando amoroso. 

Si las personas recordaran los problemas antiguos, el vacío legal que impedía, por ejemplo, separarse a un matrimonio, entenderían. La ley no lo contempló nunca. Sólo se lo piensa cuando un siamés debe ir preso.

El abandono mutuo es difícil de practicar. La pelea generacional no sirve a los nacidos juntos. La condición de iguales persigue un equilibrio. Es difícil patear el tablero. La semejanza no admite el portazo. Aún con su fuego no puede quemar las naves. 

En el tejido viviente, la percepción, como una antena, sintoniza la experiencia idéntica sin plagio. Solo en la distancia se ignora el rechazo. La telepatía genera pormenores, una lista inútil para testigos incrédulos.

Nací con un cansancio extra.

Como una figura de cartón, me voy de espaldas hacia el nacimiento que me faltó.

Bettina Bonifatti / Comedia Biológica (Fragmento)

Ph / Annemarie Heinrich