Elegías del destierro del poeta Ovidio / Marina Giancaspro


Tristia y Ex Ponto, desarraigo y transformación en la producción de las Elegías del destierro del poeta Ovidio

Existe una cualidad autoconsciente que asume el yo poético desde el momento de iniciar la marcha hacia el destierro, aspirando a revertir los efectos de una sentencia de destino final para el poeta.  Si bien estos poemas narran el viaje hacia el exilio, no lo hacen a modo de diario de viaje y tampoco siguen una cronología lineal, de tipo episódica. Las elegías asumen un valor de gran carga semántica manifestando la interioridad del ego poético en cada tramo del camino. El liber o libellus que conforma el primer libro de Tristia [1] está escrito durante el viaje hacia la tierra de Tomos, actual Constanza en Rumania, es enviado a Roma, desde algún puerto o paraje, estando el poeta aun en viaje. El poema comienza con un envío de regreso hacia el origen: parte de la mano física del poeta y es entregado para volver, metafóricamente, acompañando a modo de propemptikon [2]su manifestación estilística y estética. Si bien la producción ovidiana del destierro no es la que goza de mayor atención por parte de la crítica, respecto a su valor literario, son varios los autores que la han considerado invaluable por su aporte autobiográfico (Tr. IV, 10) [3] y la riqueza subjetiva que encarna. Es interesante destacar que la obra elegíaca que culmina la producción ovidiana en el destierro confirma la amplitud de riqueza formal del dístico elegíaco y expande los tópicos de contenido del género [4].

Por lo tanto, el presente texto no pretende analizar el contenido emotivo de la travesía vivida por el poeta Ovidio sino acompañar el imaginario que pudo llevar a una producción tan comprometida como cautelosa, tan desgarradora como prolífica, teniendo en cuenta los límites que ensanchan la experiencia de un género, entre el estilo y su forma.

Contexto de escritura del texto

Las Tristes fueron escritas entre el año 8 y 12 de la era cristiana, el primer libro y parte del segundo entre el 8 y 9, y los otros cuatro en los años siguientes. Las Epístolas del Destierro durante los años 12 a 16, justo antes de la muerte del poeta en el año 17 dC. El período abarca entonces parte del principado de Augusto (27 aC – 14 dC) y la transición a manos de Tiberio (14-37 dC) con los cambios consecuentes que se dan a partir de la muerte del princeps. Tiberio había participado en varias campañas militares que ayudaron a consolidar los límites del imperio. Ovidio fue desterrado, curiosamente,  a los márgenes más alejados de Roma donde, a medida que transcurrían los años, las esperanzas de que Augusto revirtiera la pena se hicieron cada vez más lejanas hasta verse frustradas por su muerte. Los últimos años de Ex Ponto registran una tristeza inexorable, coincidente con la resignación que debe haber acompañado los últimos días del poeta confinado, ahora sí, para siempre. De este período nos llegan sus epístolas en dístico elegíaco dirigidas a nombre de quienes fueron allegados al poeta, estas permiten reconocer, no solo los nombres de las personas sino también verdaderos compromisos fundados en los pactos de amicitia [5]. Podemos leer entonces estas elegías en clave de epístola, no solo como un modo de reafirmar el afecto sincero que probablemente haya existido entre  el poeta y sus amigos, sino también como un compromiso en auxilio de su reiterada petición de volver a Roma. Seguramente necesitara hacer correr la voz de ese pedido, multiplicarlo para que llegara a oídos de Augusto, o de Tiberio, con insistencia y por medio de relaciones políticas y estratégicas.

Spes quoque posse mora mitescere principis iram

uiuere ne nolim deficiamque cauet

Nec uos parua datis pauci solacia nobis,

quorum spectata est per mala nostra fides.

Coepta tene, quaeso, neque in aequore desere nauem

meque simul serua iudiciumque tuum        (Pon. 2. 7. 79-84) [6]

En este mensaje enviado a su amigo Ático, probablemente Curcio Ático, también allegado a Tiberio, el ego poético persigue afianzar lazos de lealtad. Insiste, basado en la fides, que se mantenga unido, y que eventualmente su criterioso juicio sirva en su auxilio. De este período existe una tercera obra, Ibis, 12 dC, es un largo poema elegíaco con contenido de invectiva contra Ibis, un enemigo nombrado con el seudónimo  Ibis. Tampoco ha dado la crítica demasiada atención al valor literario de esta pieza por considerarla una suerte de escritura de auto conmiseración y expresión de furia que sirve al poeta de escape de su propia pena meditativa [7]. Sin embargo, aquí el autor retoma el juego que ha establecido anteriormente entre el pie métrico, género y tópico correspondiente, esta vez aludiendo al pentámetro yámbico apropiado para la invectiva [8]

Prima quidem coepto committam proelia versu,       

  Non soleant quamvis hoc pede bella geri           (Ibis, 45-46) [9]

(…) Postmodo plura leges et nomen habentia verum,

  Et pede quo debent acria bella geri.               (Ibis, 644-45) [10]

El poema deja asentado que la elegía pide prestado el tema a la invectiva y lo usa a su favor. Si bien el Ibis parece no haber despertado mayor interés para la crítica en otro tiempo no puede dejar de reconocerse la astucia empleada en la construcción poética admitiendo cierta dilución en los bordes de las clasificaciones métrico-genéricas.

Queremos decir que Ovidio no desconoce los límites, se ha educado en Roma, atravesó los estudios retóricos y literarios que le permitieron ingresar en los círculos importantes de debate y producción intelectual de la época [11], ser publicado, leído, ocupar un lugar en las bibliotecas, circular. El plan estratégico de su defensa incluye la interacción genérica de su producción desde el exilio, basando su alegato en las materia conveniente modis [12]. Tratándose de invectiva, la materia elegíaca suavizará el modus del mensaje, teniendo en cuenta que su poesía sirve a la vez de suasoria para su regreso a Roma. Lo que hace es admitir precisamente, que aunque no sea lo adecuado, lo hará, usará en un futuro el pie que corresponde a la invectiva, mientras tanto, la elegía, la forma en que Cupido lo inició con aquel pie que le quitó a la épica, el género que lo llevó a la popularidad y el que probablemente le permite continuar el ritmo de su latido vital, el último con el que deja Roma, el que marca el paso de su marcha en la memoria con su ritmo pegadizo y pauta el equilibrio de la nave en la que viaja, a veces tormentosa, es el mismo pulso continuo que no abandona el conato del poeta. Un mutuo acuerdo entre impulso y escritura, es a la vez conatus de su producción [13]. El impulso de su marcha en dos sentidos, vivir y escribir. El libro IV de Tristia, considerado un testimonio autobiográfico, expresa con profundo pesar, la quita de una función vital a la cual la relegatio lo condena y es la de la actividad literaria y función de la literatura misma. Siguiendo a Philipe Lejeune, “un autor no es una persona, es una persona que escribe y publica” [14],  la captación de la masa textual la hace el lector que es quien hace funcionar al texto. No parte de la interioridad del autor sino de la posición del lector para quien han sido escritos los textos. Si bien debemos situarnos en la realidad histórica romana de los principios de la era cristiana, y las condiciones de publicación y distribución de los textos difiere ampliamente de las condiciones de la modernidad, la captación de esa masa textual estaba lo suficientemente desarrollada como para entrañar en el ego poético la enunciación de una falta desgarradora.

sed neque cui recitem quisquam est mea carmina, nec qui  

 auribus accipiat verba Latina suis

ipse mihi quid enim faciam? scriboque legoque,        

tutaque iudicio littera nostra meo est.

saepe tamen dixi ‘cui nunc haec cura laborat?          

an mea Sauromatae scripta Getaeque legent? (Tr. IV. 1, 89-94) [15]

Si bien podemos imaginar la persona del poeta inmerso en un desencanto hipnótico, obligándose a ejercitar su escritura para no perderla, para llevar registro poético de su travesía, geográfica y subjetiva, la tensión interna entre ese “yo” autobiográfico y la producción literaria sugiere que los cambios que se perciben en la obra ovidiana del destierro no son lineales ni monótonos y que este movimiento está presente en el ingenioso tratamiento con que Ovidio se defiende de lo adverso, se ‘trata’ a sí mismo en la escritura, se auto-confronta con su propio “yo” lector dentro y fuera de él [16]. Nescit enim Caesar, quamuis deus omnia norit,/ ultimus hic qua sit condicione locus (Pont. 1.2, 71-72),  “César no sabe, en efecto, aunque un dios todo lo sabría/qué condiciones hay en este confín remoto”; barbarus hic ego sum , “yo soy el bárbaro aquí”; per gestum res est significanda mihi, “debo hacerme entender por gestos” (Tr. 5.10. 36 y 37); et carmen demens carmine laesus amo, “amo la poesía, demente, herido por la poesía” (Tr. 4.1.30); et videor Geticis scribere posse modis (Tr, 3. 14, 48) “y me parece que podría escribir en gético”, pero se resiste, teme que las palabras bárbaras se cuelen entre las latinas.

Carmen et Error

Sobre las causas del destierro los extensivos análisis y estudios documentados a lo largo del tiempo han arrojado una cantidad de hipótesis y conjeturas específicas sin llegar a acordar precisión para afirmar con certeza estas razones. Quizás el foco puesto sobre el término error, usado por Ovidio nueve veces en Tristia y tres en Ex Ponto, haya agotado la lupa de nuestros críticos y ya nada pueda emerger de allí. [17] Lo cierto es que las conclusiones variadas sobre el hecho, por lo general coinciden en que el significado del error ha sido tan vehementemente guardado en la conciencia privada del poeta que todo lo que de él trasciende en la escritura es que ha sido no intencionado, que hay algo que vio, que no debió haber visto, que su mente ‘fue arrastrada hacia’ pero no fue criminal,  que además no fue un error sino dos, un poema y un error, Carmen et error, que reconoce merecer el castigo aunque sea el único que ha pagado con el destierro por ello, y que espera que se le conceda la suavidad de la pena, si no es el regreso, al menos un lugar menos hostil para su vida.

Immo ita, si scitis, si me meus abstulit error

Stultaque mens nobis, non scelerata fuit     (Tr.1. 2, 99-100) [18]

Es claro que el poeta apela no solo a la voluntad de Augusto sino a todo el registro posible de involucrados en la cuestión de la  absolución a la pena. La segunda persona del plural en presente del indicativo scitis se dirige tanto a los dioses convocados en auxilio de la nave al comienzo de la elegía 2 como a la figura de Augusto divinizada: “Vosotros sabéis”. El plural mayestático en nobis también utilizado como un modo de variatio, respecto del me singular anterior agrega una cualidad involucrando a otros del lado del condenado, no necesariamente personas físicas sino ‘un otro’ léxico, en la forma de presentarse el ego poético en defensa propia, escribe “nobis”, como un estado de mens stulta non scelerata compartido, apelando a un sentimiento empático que puede entender tanto quien va en esa nave como el lector que navega entre estas apelaciones así escritas.

Hemos dicho que se admiten cantidad de conjeturas sobre las causas del destierro y que pueden agruparse en dos vertientes, Carmen et error, que si bien  Carmen, el Ars Amatoria junto a toda la producción de provocación erótica de Ovidio, desató la hostilidad por parte de Augusto y sus correligionarios hacia la obra y fue retirado de circulación pública, Error provocó el destierro, es decir, la propia persona del poeta es arrancada de su entorno y Ovidio es enviado a la zona más alejada que el imperio podía contener. Sin embargo la pena es más suave que el exilium, que hubiera significado la pérdida de la propiedad y de la ciudadanía romana. Esto no implica que el desarraigo no tuviera consecuencias físicas y psicológicas en la persona del poeta y que podamos relevar ciertos rasgos de este efecto en los poemas. Sin embargo, la entidad jurídica de la relegatio implicaba una pena que en la mens stutlta del ego poético parece poder revertirse a partir de recapacitar, aceptar el cargo y callar el secreto:

Perdiderint cum me duo crimina, Carmen et error

 Alterius facti culpa silenda mihi             (Tr. 2. 1, 207-208) [19]

El doble delito se enuncia en el largo poema Tr. 2, dedicado por entero a Augusto a modo de alegato. El ego poético despliega ese doble artificio de ‘decir’ silenciando la falta cometida. Más aun, la falta es dicha: culpa, lo que calla es ‘de lo otro’, alterius, del hecho en sí, facti, y esto sobre lo segundo, el error. Los dos delitos, duo crimina,  entonces, quedan a la vez desdoblados, carmen yace claramente en el primer término del sujeto y emerge a la superficie del poema evocando el imprudente Ars amandi, por todos conocido. Error se esconde detrás, está coordinado por et, no está incluido en el poema, no está diciendo error in carmine por lo cual podrá pensarse quizás que no habría peligro en nombrar la “falta” sino en develar su contenido. La variedad semántica que admite el término error incluye la idea de vagatio, carente de culpa, también “falta”, “duda”,  o “demencia” y “furor”, vinculado al eros. [20]. Esto explica que el término quede asociado a cierto matiz de enajenación de la conciencia, stulta mens y aparezca también con frecuencia en las elegías amorosas de Ovidio [21].

El libro 1

Podríamos comenzar leyendo este primer libro y aceptar llanamente todo cuanto dice el poeta, establecer así la confianza en el vacío de qué hay detrás de su elaboración y descansar en el ritmo que pautan los dísticos siguiendo el sentido impregnado de gran sentimiento personal. Sin embargo, un análisis exhaustivo, siguiendo las aportaciones de Gareth Williams, permite nuevas interpretaciones del sentido de los textos. Williams propone que el poeta “utiliza”, literalmente, la exageración a modo de contraste entre polaridades marcadas, de las cuales, la relación entre el mundo interior del ego poético y la geografía asoladora de los confines del imperio expresa la estrategia paradigmática de la utilitas. La función de estas elegías tendrá el propósito de mantener el vínculo entre el desterrado y Roma, seguir produciendo y enviando las copias para su edición y eventualmente volver al espacio de las bibliotecas, ya sea de manera remota o bien en presencia, si consigue la absolución por parte de Augusto [22].

Dijimos antes que sus amigos ayudarán en esto, aunque a diferencia de las epístolas Ex Ponto, los nombres evitados en los libros de Tristia muestran todavía la cautela de no comprometer a las partes de manera explícita aunque aparecerán señales de amistad concreta o bien señuelos de un compromiso fundado en los pactos de amicitia [23].

La tradición crítica apunta a señalar la especificidad de la composición desde el exilio en Ovidio como un género en sí mismo cuyo  tópico reside en la profunda interioridad poética para desplegar el significado de dos separaciones posibles, la de sus congéneres, sus costumbres, sus espacios físicos, y otra forma de exilio que resultaría de la adaptación a las condiciones que les son adversas: adoptar una nueva lengua, generar nuevas relaciones entre quienes le eran extraños, supone una ruptura con su identidad romana. Adoptar una nueva identidad. La ruptura con quienes habían sido allegados no solo implica la pérdida de la unión y la confianza, sino que aumenta la distancia entre la interioridad de la narración y el mundo, como si se tratara de opuestos sin sentido, ficciones perfectamente expresables en la poesía pero incompatibles con la realidad:

terra feret stellas, caelum findetur aratro,    

unda dabit flammas, et dabit ignis aquas, (Tr. 1.8, 3-4) [24] 

El dístico corresponde a la elegía al amigo infiel, que no se acerca a despedirlo cuando parte al exilio, que no acusa recibo de sus envíos y así revierte el pacto de amicitia  fundado en una contradicción. El poema comienza con un gran oxímoron de la naturaleza, donde los ríos correrán contra corriente, la tierra producirá estrellas, el cielo se abrirá hendido por el aratro, la ola, unda, dará llamaradas y el fuego dará aguas. Los términos remiten directamente al tratamiento de ruptura amorosa que Catulo expresa en el poema XI, donde se percibe irónicamente la presencia de quienes habían sido sus comites, Furio et Aurelio, pero también han sido amantes inescrupulosos, moechi, de la ya no amada Lesbia y pretenden acompañar al ego poético, hacia los extremos Indos, donde las olas del mar azotan y ensordecen, turditur unda. El poema envía un mensaje de ruptura, non bona dicta, a Lesbia a través de los comites y del propio poema. La asociación que hacemos responde a la ocurrencia de términos utilizados en ambos poemas y al sentido de la renuntiatio amicitia [25] expresa en ambas elegías.   

inque meos si non lacrimam demittere casus, 

pauca tamen ficto verba dolore loqui    (Tr. 1. 8. 19-20) [26]

Las lágrimas no vertidas y las pauca verba de dolor fingido, ficto dolore, conceptos repetidos en ambos poemas, apoyan la hipótesis de que estos pactos no solo eran frecuentes en el usus romano de la vida cotidiana en la urbe, sino que frecuentemente podían disolverse o bien fingirse con fines estratégicos.

Siguiendo los opuestos de manifestación hiperbólica, el poema juega a un equilibrio posible entre el mar de lágrimas que baña el ambiente privado en la víspera del viaje hacia Tomos, comparable con la primera tempestad (Tr. 1. 2) y la segunda, de grado menor (Tr. 1.4). Curiosamente las dos tempestades enmarcan la elegía Tr. 1.3 que refiere el momento de la partida desde la domus del poeta.  Allí no hay urgencia de partir, la idea es estirar el tiempo todo lo que pueda durar, en el viaje no habrá urgencia por llegar, solo plegarias a los dioses y conjeturas acerca de lo que hubiese pasado si los vientos hubieran sido favorables hacia otras tierras.

A! quotiens aliquo dixi properante ‘Quid urges’?

Vel quo festinas ire vel unde, vide!

(…)    Ter limen tetigit, ter sum revocatus et ipse

Indulgens animo pes mihi tardus erat.    (Tr.1.3.51-52(…) 55-56) [27]

La repetición percusiva de titigit resume, sonora, el golpeteo acuciante ter limen titigit ter tres veces “t” enmarcadas por dos veces “tres”. Properante aliquo del verso 51 se confronta con  tardus e indulgens en el verso 65.

La única urgencia parece ser la partida del libellus, el parve liber que personifica las angustias y esperanzas del poeta, pero que además porta un reclamo: que se ponga en  consideración la relegatio y que Ovido pueda tener, si bien no un regreso a casa, al menos un cambio de destino a un lugar menos hostil. Con este pedido nos ubicamos en el verdadero inicio del poema, su primer dístico atrapa con enorme fuerza expresiva: mandato, ibis; envío, sine me; deseo, nec invideo; súplica, ei mihi y perdón, non licet ire.

Parve nec invideo sine me, liber, ibis in Vrbem,    

ei mihi, quo domino non licet ire tuo!     (Tr. 1.1.1-2) [28]

El vocativo “parve” (parvus, -i = pequeño) junto a “liber” (liber, -bri = libro) permite reconocer esta atribución de personificación del libro al cual se dirige el ego poético. “Ibis” 2da pers. Pl. fut. M ind. (eo, is, ire, ivi, itum = ir) + quo: “in urbem” = irás a la ciudad constituye una afirmación al tiempo que  el lamento “ei mihi”, muy reiterado a lo largo de toda la obra,  implica la tensión entre el deseo de acompañar y el impedimento para hacerlo, sin embargo, el uso de “domino”, indica la posesión de una propiedad, el libro, y exhibe el ejercicio de los derechos de ciudadano que no le  han sido quitados.

vade, liber, verbisque meis loca grata saluta:

contingam certe quo licet illa pede        (Tr. 1.1, 15-16)[29]

contingam licet pede confronta con non licet ire del dístico anterior. El mencionado propempticon inaugura a modo de Proemio el expreso anhelo de seguir ligado a Roma y hace referencia a lo que sí le es permitido. Si el juego léxico que el autor ya abrió en Amores 1.1  refiriendo al pie ‘métrico’ que le quita Cupido para sortear la culpa del tópico amoroso, en Tristia, transfiere al pie métrico el permiso de volver a pisar su tierra con los versos. Al mismo tiempo  el reclamo es una demanda literaria, así como en su momento sugirió que Amores se emplazara en el espacio de la biblioteca pública, el libellus extiende su reclamo a la posteridad toda, que la obra no sea olvidada:

hos quoque sex versus, in prima fronte libelli
si praeponendos esse putabis, habe.
orba parente suo quicumque volumina tangis,
his saltem vestra detur in urbe locus. 
quoque magis faveas, haec non sunt edita ab ipso,
sed quasi de domini funere rapta sui.
quicquid in his igitur vitii rude carmen habebit,
emendaturus, si licuisset, eram.
                               (Tr. 1. 7, 35-40) [30]

El arduo camino que debió atravesar el liber para llegar a diferentes postas, sucesivas entregas a través del cursus publicus, y otras modalidades del sistema de entrega de encomiendas, hacen pensar en una tarea minuciosa y cuidada por parte de Ovidio,  no improvisada y repentina, sino metódica, persistente, frágil, quimérica[31]. Indefectiblemente  o no,  la obra llegó a Roma, la voz simbólica del poeta se expandió y ocupó su lugar de manera más silente tal vez que las que le dieron fama y popularidad.

Conclusiones

La vastedad del imperio abarcado por Augusto debe haber significado en la cosmogonía del poeta un crudo impacto de contacto con la realidad. Un contraste ya no simbólico entre los márgenes geográficos y el intelecto, sino la experiencia de un quiebre orgánico entre la inmensidad amenazante y la singularidad rechazada. Si bien la relegatio supuso en principio una pena menor que el exilium, los efectos del desarraigo produjeron una devastación física y psicológica en la salud del poeta. Hemos querido reflejar, tomando de fin a principio, algunos pasajes de estos testimonios del destierro, partiendo desde las últimas elegías, Ex Ponto e Ibis, hasta llegar a Tristia y terminar en el libro 1, y en el primer dístico del libellus como símbolo del pacto establecido entre lectura y escritura. La continua producción enviada a Roma, replicará en el medio multiplicada, como si existiera en la concepción ovidiana, una capacidad de transformación, no de índole psicológica o identitaria, sino una verdadera transformación en el acto de la literatura misma: “tocaré los lugares con los pies de mis versos”. Ciertamente, los ha tocado.  

Marina Giancaspro / Tristia y Ex Ponto, desarraigo y transformación en la producción de las Elegías del destierro del poeta Ovidio, 2021

[1] Para la versión del texto en latín utilizamos Perseus Digital Library, P. Ovidius Naso. Tristia. Arthur Leslie Wheeler. Cambridge, MA. Harvard University Press. 1939. Para la versión en español utilizamos editorial Gredos traducida por José González Vázquez, 1992. Y contrastamos en algunos pasajes con la versión bilingüe en traducción de Marta Elena Caballero, editada por Universidad Católica de Córdoba, 2007. Para la versión español de Ibis hemos utilizado editorial Gredos traducida por Ana Pérez Vega, 1994

[2] Donald Russell, en OCD, versión online define propemptikon (προπεμπτικόν)como una composición para expresar deseos de un próspero viaje a un amigo que se va. Fue un tema poético común y también ensayado en prosa en la antigüedad tardía griega y latina.  Varios autores la utilizaron, entre ellos Menandro (4) Rethor 395-9 Spengel; Safo fr.5 L-P; Calímaco (3) fr. 400 Pfeiffer; y en Roma, Horacio, Odas 1.3 3.27; y Propercio 1.8. Eran  poemas eruditos, leídos en general en los círculos literarios y aludían a  un conjunto de temas en relación a la deserción, el elogio o lamento por el lugar al que se va, los peligros del viaje, la oración porun regreso seguro. Publicado online 07/03/2016

https://oxfordre.com/classics/view/10.1093/acrefore/9780199381135.001.0001/acrefore-9780199381135-e-5369

[3] Siguiendo a S. G. Owen, 1885, cf.”Esta obra de Ovidio es quizás, exceptuando el Fasti, la más adecuada para propósitos pedagógicos (…) Es precisa  y vigorosa en estilo, y un modelo admirable de composición elegíaca. Y en mi opinión, no es poco interesante. Pero mi interés radica en su valor autobiográfico, y el hecho sistemático de que esta característica no haya recibido demasiada atención por parte de ningún editor, es explicación suficiente para que se la hiciera caer en el olvido”. Owen, S. G.; Ovid, Tristia, Book I, Oxford, Clarendon Press, 1885. Pag. v

[4] Respecto a estos debates remitimos a Vázquez, J. G. (1983). “Los poemas ovidianos del destierro: notas para una valoración estilístico-literaria” en Unidad y pluralidad en el mundo antiguo: actas del VI Congreso Español de Estudios Clásicos. Sevilla. 6-11 de abril de 1981 (pp. 223-228) y otros artículos: Florentia Iliberritana, 2000, N° 11, pag. 93-98, donde se explora la fuerza ilocutiva del mensaje desde el destierro, redundancia, monotonía, hipérbole, coincidencia entre dístico y frase. Todos recursos que refuerzan la intención del mensaje que no solo ha de llegar a Roma, sino además persistir en el medio.

[5] En la República Romana existía la amicitia como práctica social y  la propositio amicitiae, como género discursivo (Bajtin, 1979); esta propositio no siempre era un acto sincero, sino una conveniencia, un acuerdo o un pacto con fines políticos, territoriales, o estratégicos. Existían fórmulas para establecerla y también para deshacerla. Tanto en el ámbito del Estado como en el ámbito de la vida privada, estos pactos se estrechaban con la diestra y también en actos de habla, fórmulas tipificadas en contextos como los del estado o las relaciones públicas, pero en el ámbito privado se utilizaban con caracterizaciones propias, el uso de  metáforas, y entran en el terreno de la literatura. Fernández Corte, Revista Emerita Vol 63, n°1 (1995) / M Bakthin, “Les generes du discurs”, en Esthétique de la création verbal, Paris 1979, p. 271  

[6] “También la esperanza de poder ablandar lentamente la cólera del Príncipe/me hace vivir y no desfallecer/ Y no pequeños pocos  consuelos me dais vosotros/ cuya fidelidad, por  mis desgracias es admirada. /Continúa, te lo ruego, /y no abandones mi nave en el mar, y conserva a la vez mi persona y tu juicio”.

[7] Gareth Williams comenta que hay nuevos estudios sobre el texto de Ibis que apuntan a reevaluar su función  dentro de la producción ovidiana como muestra única de explosión de rabia en oposición a la melancolía que impregna el resto de la obra desde el destierro.  Ver, Ovid’s exile poetry: Tristia, Epistulae ex Ponto and Ibis en Cambridge Companion to Ovid, ed. Philip Hardie, Cambridge University Press. 2006 y también: Agúero Solís, A; “Género e interacción genérica en Ovidio, elementos del género autobiográfico como estrategia de disimulación yámbica en Ibis” U. Nac. De Córdoba.

[8] Recordamos los versos iniciales de Amores 1.1 donde el  poeta  confiesa su intención de escribir en el verso apropiado para la guerra y las armas,  hexámetros,  pero el gracioso Cupido le quitó un pie al segundo verso y se convirtió en el dístico que ahora lo incita a escribir sobre el Amor. Arma gravi numero violentaque bella parabam/ edere, materia conveniente modis./par erat inferior versus risisse Cupido/ dicitur atque unum surripuisse pedem. (Amores 1.1.1) “Me disponía a escribir sobre  las numerosas armas y guerras violentas, los materiales apropiados para mis metros, igual era el verso inferior, Cupido se rió y se dice sustrajo un pie”

[9] “Ciertamente emprenderé los primeros combates con el verso con el  que he empezado, /aunque no suelan sostenerse las guerras en este pie”

[10] “Posteriormente leerás más cosas, y llevarán tu verdadero nombre/ con cuyo  pie deben  librarse las agrias batallas“

[11] Ovidio perteneció al círculo de Messalla y también tenía amistad y vínculo con el círculo de Mecenas. Quintiliano, en su Institutionis Oratoriae, Libri Duodecim Vol. 2 precisa que para ser un buen orador y servir a los fines últimos de la retórica, que es la persuasión, es necesario conocer la lengua latina en su máxima expresión y cita a Ovidio entre los poetas elegíacos, más lascivo que los elegantes y suaves Propercio y Tibulo, pero menos duro, quizás que Galo. Ver anexo.

[12] Ibidem. Nota 8

[13] Conatus,-us: m, esfuerzo [físico, moral, intelectual], empresa, empeño, tentativa (conatus adversariorum effingere: hacer fracasar los propósitos de los adversarios; perspicua sua cncilia conatusque ómnibus fecit: ha mostrado claramente cuáles eran sus proyectos y tentativas) || inclinación, instinto natural. Latina, P. Diccionario Ilustrado Latín. Latino-Español Español-Latino, vigésima primera edición, Vox, SPES Editorial, SL, Barcelona (2004).

[14] Philippe Lejeune, en “El pacto autobiográfico”, define  la autobiografía partiendo de la posición del lector en el mundo moderno de occidente. Es un “relato retrospectivo en prosa que una persona real (verificable) hace de su propia existencia, poniendo énfasis en su vida individual y en particular, en la historia de su personalidad”. (Lejeune, 1991) 

[15] “Pero ni hay nadie a quien recite mis poemas ni quien/entienda con sus oídos palabras latinas. /Yo mismo (pues ¿qué haría?) escribo y leo para mí/, y a salvo está nuestra escritura, en mi opinión/A menudo, sin embargo, me dije: ¿Para quién trabaja ahora esta acción? ¿Es que los sármatas y los getas leerán mis escritos?”

[16] Para una lectura más amplia sobre la evolución del género elegíaco en Ovidio remitimos a Stephen Harrison, “Ovid and genre: Evolution of an elegist” en Cambrige Companion to Ovid, Op. cit. PP; 79-93

[17] Sobre este tema existe una extensa enumeración y elaboración de las causas en  J. Carcopino en “L’exil d’Ovide”, en  Rencontres de l’histoire et de la littérature romaines, Paris, 1963, pp. 115-129 y también en  S. G. Owen en P. Ovidii Nasonis Tristium liber secundus, Oxford, 1926, pags. 1-48. La abundante biliografía sobre las causas  de la relgatio y los incontables artículos que las mencionan hacen difusa cualquier mención no suficientemente documentada sobre el tema. Por esta razón y por no tratarse del tópico principal de este trabajo  enumeramos algunas de estas basándonos en los textos aquí citados y apenas mencionamos  que, además de la principal causa que parece haber sido el contenido del Ars Amatoria, por ser radicalmente opuesto a las leyes augústeas de restauración del orden tradicional y en especial de la ley pública del 18 aC, promoviendo el matrimonio y refrenando el adulterio, entre las conjeturas existe la de que Ovidio pudo haber espiado con sus ojos ‘seducidos’ y no intencionados, a la esposa del emperador Augusto mientras tomaba un baño con sus doncellas, o que tuvo un romance con Julia, hija de Augusto, o que participó en una reunión de partidarios opositores al gobierno y otras conjeturas  que no están confirmadas. Ver, Garreth Williams ( op. cit. pp: 233-34) y C. E. Newlands, Ovid, London-New York, 2015. pp. 1-22

[18] “Por supuesto es así, si sabéis, si mi error me arrastró/ Y mi conciencia fue insensata, no criminal” 

[19] “Aunque me hayan perdido dos delitos, poema y error,/ Debo callar la falta del segundo hecho”    

[20] Cf. Tola, E; “El exilio ovidiano o la identidad poética en los márgenes” Praesentia 18(2017), p. 1 Basta reponer la advertencia de Virgilio en Bucólicas malus error (Buc, 8, 41) y las ocurrencias en Metamorfosis, en el episodio de Narciso y en Dido y Eneas.

[21] El término error está mencionado 29 veces en la obra de Ovidio, como dijimos con mayor ocurrencia en Tristia y Ex Ponto (13 veces), 1 en Amores, 7 en Metamorfosis, 5 en Heroidas, 1 en Ars Amatoria y 2 en Fasti.  http://www.intratext.com/IXT/LAT0537/TW.HTM

[22] El libro 1 está escrito cuando Augusto está vivo y en el poder, Ovidio seguirá escribiendo y enviando según la función restitutiva de los poemas durante el periodo de Tiberio, pero las esperanzas del poeta se verán teñidas de mayor desolación, mención a la enfermedad física y mental producto del desarraigo forzoso.

[23] Cf. Trist. 3.4.63–6, 4.5.13–16. Tristia 2 (a Augustus) y 3.7 (a Perilla) son excepciones, al igual que Pont. 3.6 y 4.3 (sin destinatarios nombrados). Para el anonimato de Tristia como estrategia, véase Evans (1983) p: 58 : “la obra adquiere un atractivo general al no dirigirse a individuos nombrados”, también en Williams (1994) pp: 104–6 : “Ovidio enfatiza la moral en lugar de una identidad con nombre”, y Oliensis (1997) p: 178 “los silencios de Ovidio dramatizan el modo en que el exilio ha frenado los  actos de amicitia , entregando también un reproche indirecto a Augusto”. Gareth Williams, op. cit. 234-235.

[24] La tierra hará estrellas, el cielo será hendido por el arado, /la ola dará llamaradas y el fuego dará aguas

[25] Op. cit. Fernández Corte, 1995

[26] “Y aun sin derramar una lágrima por mí/ aunque sea, decir pocas  palabras  con fingido dolor”

[27] Ay! Cuánto alguien me insto apurándome, Por qué me apuras?/Mira hacia donde me apuras a ir, desde dónde?/(…) Tres veces toqué el límite y tres veces volví sobre mí mismo/ Mi pie era lento con ánimo indulgente

[28] “Librito, y no te veo con malos ojos, sin mí irás a la ciudad/ ¡Ay de mí! Ya que tu dueño no tiene permitido ir”.

[29] “Ve, libro, y saluda con mis palabras los lugares queridos: los tocaré, ciertamente, con el pie que me está permitido”

[30] ”Tú, quienquiera que seas que tocas estos volúmenes huérfanos de padre, dales lugar en tu ciudad al menos. Y para que los acojas con más interés, éstos no han sido editados por su dueño, sino que fueron casi arrebatados de su funeral. Cualquier falta, por lo tanto, que en ellos tenga el rudo poema, yo la hubiera enmendado, si hubiera estado permitido”

[31] El cursus publicus, sistema de transporte y correos oficial se atribuye a Augusto, según Suetonio, quien dispuso una serie de postas de correos vinculadas entre sí a lo largo de todo el imperio. Eran operadas por distintos agentes, a caballo, carro, y a pie, y también servían como vehículo consular de documentos estatales y en algunos puntos, de recaudación fiscal. Si bien en época de César y anteriores, el correo funcionaba también por tramos y a través de personas contratadas iuvenes o emisarios particulares, una vez que el imperio abarcó lugares tan alejados, el servicio de postas pedestre, mano a mano,  frecuentemente desvirtuaba el mensaje, o vulneraba.  Además se perdía el control  fidedigno de los acontecimientos locales que interesaban al estado. Augusto aplica una reforma profunda que permite incluir dentro del cursus publicus, el transporte de personas y objetos de pertenencia estatal y un sistema de control de los transportes, encomiendas  y mensajes  personales. R. Escutia-Romero, “Contribución al estudio del servicio estatal de transportes en la administración romana”en  Revista digital de Derecho Administrativo, n.º 17, primer semestre/2017, pp. 39-67/ Suetonio Aug. 49,3 en la referencia epigráfica de Burdur seg 26 (1979) 1392

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