Publicado en Vogue Italia,
1 de diciembre, 2023
Traducción del italiano: Sofia Brucco
Para su vida, sueña llegar a ser una ermitaña absoluta en los campos de Umbría. Y aun así, es justamente la gracia y desgracia de la gente a la que dedica su obra, incluida su última película, La Chimera. Entrevista a la gran directora y autora italiana: entre Fellini, los hijos de Italia y los árboles a los cuales tanto se parecen nuestras vidas.
Me imaginaba, escuchando a Alice Rohrwarcher, que durante todos los veranos de su infancia en el campo ternano de Castel Giorgio no podía faltar jamás una cita que se repetía exactamente cada año, como un rito. Salir por la mañana a tocar la tierra húmeda a la cual tanto se refiere en su obra, desde la primera, Corpo celeste de 2011, hasta la última, La Chimera, con Josh O’Connor e Isabella Rossellini (producida por Rai Cinema junto a 01 Distribution), ambientada en el límite entre la Toscana y Lazio y que es la historia de un grupo de asaltantes de tumba pobres y un arqueólogo inglés que perdió a su amor y está condenado a percibir lo que hay en el vacío debajo de sus pies y la tierra, donde están los hongos, raíces y también algunos tesoros.
Raices, de hecho, como las que los padres de Alice y Alba Rohrwarcher (actriz que siempre aparece en las peliculas de su hermana) decidieron trasplantar en lo años ochenta, lejos de Fiesole, –él músico de Hamburgo y ella maestra florentina– para vivir en estrecho contacto con la naturaleza, como los protagonistas de las historias de la directora, siempre lejos de todo, inalcanzables y coqueteando con las fronteras de muchos mundos. Ciudad y campo, masculino y femenino, vida y muerte. De este modo, la joven pasa de Corpo celeste, candidata a mejor debut en los David del 2012, las cuatro hermanas de Meraviglie, proyectada en Berlín, donde la directora italiana, de las mejores y más internacionales que tenemos, recibió una beca de un año del fondo alemán Nipkow –y donde también fue música callejera. Y luego Lazzaro Felice, que en el 2018 conquistó el Prix de scénario en Cannes por el mejor guión, pasando por Futura, el corto Le pupille, candidato al Óscar y ahora (desde el primero de diciembre de 2023 hasta el primero de enero) una retrospectiva de sus películas en el Centre Pompidou, incluyendo cortometrajes inéditos y una instalación inspirada en su universo, con la compañía teatral Muta Imago.
Siempre mundos distintos. Arthur, el protagonista de La Chimera está inspirado en el diario del arqueólogo Sergio Paglieria, Guerreros de polvo, y es quizás la primera en conectarlos realmente. “Por eso en el póster de la película es representado como el Colgado, en las cartas de tarot, porque mira el mundo dado vuelta. Es algo que me han enseñado siempre”, La diversidad como cifra estilística de la expresión, y una mirada maravillada que sublima incluso lo que no es.
Desde el 2022 con Le pupille a hoy con La Chimera, la candidatura a los Óscar primero y después lo mismo en Cannes. Un periodo intenso.
Ahora estoy pendiente del estreno de la película. La belleza de enfrentarse al público es algo que las vitaliza mucho. Todas las películas necesitan ojos que las vean y las perfeccionen para florecer. Como las plantas. Y además, espero poder dedicarme a un proyecto en el que vengo pensando hace mucho, sobre los cuentos de hadas italianos.
En cambio, La Chimera es la historia de todos “los arqueólogos guardianes de todo fin”. Partamos por el principio, ¿por qué la arqueología?
Porque es como la ciencia ficción.
¿Nos habla de cosas que no vemos?
Nos recuerda que nuestro viaje en este mundo es algo mucho más grande que el viaje de nuestra vida. Que estamos hablando de arcos temporales más grandes, de civilizaciones que nacen, se desarrollan y mueren. Nos recuerda que también la nuestra llegará a su fin y que deberemos pensar no tanto en lo que tenemos que hacer en la vida, sino en lo que tenemos que dejar atrás. Actualmente es como si viviéramos en el exilio, solo en el más acá. Está todo acá, la muerte, el amor, los conflictos, el destino. La arqueología nos recuerda otras tierras y memorias comunes.
Estamos en el momento en el que lo inmaterial no existe, ¿es posible que en ese caso sirva una arqueología de los sentimientos?
Nos hemos empobrecido, pero quizá era necesario. A veces es necesario perder cosas para luego volver a encontrarlas de una manera más verdadera. En este mundo de los asaltantes de tumbas donde todos buscan el dinero fácil, Arthur busca un pasaje al más allá, como en los mitos del pasado.
¿De dónde viene tu relación con lo invisible que va desde el 2011 hasta ahora?
De mi amor por lo invisible. Y del hecho de que no puedo dejar de creer que este amor no sea la demostración de algo mas vasto. Yo encuentro un encanto en el cuerpo, en los árboles, en el estar juntos, en la posibilidad que tenemos de elegir ser buenos. O por lo menos mejores.
Cada personaje sigue una utopía, lo que vos elegís llamar quimera. Flora (Isabella Rossellini) busca una hija que ya no tiene, los asaltantes de tumbas con su búsqueda materialista de la tumba sin tocar, Arthur y su sueño de amor. ¿Pensás que es una búsqueda propia de la existencia?
No lo sé. Sé que cada uno vive en la prisión de su propia quimera. La única en la película que no la tiene es Italia (la actriz brasileña, Carol Duarte), que de algún modo baila con las quimeras. No se deja construir una prisión de eso.
¿Y tu quimera?
Ser una ermitaña.
Por eso vivís en el campo en Umbria.
Sí, pero de todas formas hay demasiada gente (ríe).
¿Deseas la autosuficiencia total?
Siempre digo que va a llegar un momento en que corte lazos con todo y que voy a estar sola con la nada. Esa es mi quimera, quitar. Solo que después me gusta muchísimo estar en el caos de la gente. Pero a veces en mi inquietud me digo que tenía una cita conmigo misma a la que falté.
Se nota siempre una distancia. Tu cine es físicamente realizado lejos de Roma; las historias que contás tienen una temporalidad, pero a la vez no la tienen, y quienes aparecen ahí parecen ser la miniatura de un código medieval. ¿Por qué esa distancia?
Te permite ver las cosas desde afuera para sentir algo de compasión, porque es como si toda la narrativa en la que estamos metidos, encastrados, quisiera obligarnos a mirar todo desde dentro. Cada tanto deberíamos recordar que estamos en un planeta hermoso y luminoso, pero totalmente perdido en la oscuridad, en el frío y la desolación silenciosa del universo. Eso puede, paradójicamente, dar algo de serenidad.
Tus protagonistas hablan poco. Lazzaro de Lazzaro Felice no dice nunca su opinión; Arthur lo hace rara vez, también por su limitación de idioma, siendo inglés. ¿El silencio es un privilegio?
Son películas llenas de parloteo; todos hablan uno encima del otro como un coro, y aun así hay diálogo verdadero. Por lo tanto, es eso poquito que nos es dado entre el parloteo. El silencio los hace parecerse a Lazzaro y Arthur, si bien son diferentes. El silencio de Lazzaro es el silencio de quien está siempre presente y, por lo tanto, no tiene mucho para decir; el de Arthur es el silencio de la ausencia.
Cuando la BBC en el 2021 publicó una lista de motivos para amar el mundo, contó la historia de un ecologista de sonidos que había pasado toda su vida catalogando los silencios naturales. Decía que si fuéramos capaces de preservarlos, y no lo somos, podríamos salvarnos.
Bueno, lo dice Fellini también al final de Voce della luna. “¿No te parece que si hubiese más silencio lograríamos entender más?”
Trágico.
Pero él siempre fue un autor trágico, incluso si es descrito como el director del sueño. Para mí es un realista, incluso cuando habla de cuentos de hadas, siempre tiene la realidad en mente, y lo siento más real que otros autores que se inspiran muchísimo en la vida real.
¿Él te influencia?
Él tiene una influencia colectiva. Recordamos a Fellini; está dentro nuestro. Es como si fueran sueños que todos soñamos. Como si fuese el cine de la memoria captado fuera de campo.
Hay otra figura siempre presente y es la de los niños. Quizá hijos, más que niños.
Esos son los hijos de Italia, Italia como Italia. Los hijos de los cuales deberíamos hablar seriamente.
¿El futuro que se hace lugar?
A mí me interesa la relación padres-hijos como la fantasía de un mañana menos predecible. Los hijos de Italia están escondidos debajo de la cama, lo cual es un poco lo que hace mi país con sus niños.
Hijos que ocupan un espacio en desuso, el palacio abandonado de la estación de Riparbella.
Hijos que ocupan y renuevan las habitaciones. Italia y los suyos lo hacen con una estación abandonada. Espero que eso suceda también en la vida real.
¿Qué niña fuiste?
Una absorta.
¿Y Alba?
Rebelde.
Dos mundos.
Yo era más contemplativo porque la rebeldía tenía que ver con ella y quizá en general tiene que ver con los primogénitos. Ellos tienen la difícil tarea de romper los límites al crecer. Yo llegué a un mundo donde lo que hacía era mas bien observar, en lugar de luchar.
Alba que siempre está en tus películas
Me encanta participarla porque es como trabajar en un espacio de fantasía que compartimos. Es un gran sustento.
¿Cuánto de autobiográfico hay en lo que haces? Pienso en Meraviglie y en la presencia de las abejas, habiendo sido tu padre músico y luego apicultor.
Mi sensación es que dirigirse hacia las propias raíces quiere decir salir de uno mismo, no entrar. Pienso en el bosque: el árbol, en su descenso a las raíces, se une a otras plantas. En los estudios botánicos se lee que el aparato radical funciona como un sistema único. Yo siento eso, que cuando me dirijo a mis raíces me siento más universal y puedo hablar con todos. En Meraviglie está mi mundo, nuestra casa, nuestra ropa y una serie de dinámicas muy similares a las de mi familia, pero por ejemplo en Lazzaro Felice hay algo mucho más íntimo y personal. Por eso es difícil para un autor decir qué película se parece más a su vida.
Les debe suceder también a los pintores.
Se hacen autorretratos, pero se encuentran en un paisaje.
Volviendo a Fellini, un Amarcord: de chica te gustaba mirar los monstruos del jardín de Bomarzo. ¿De qué mas estaba hecho ese mundo?
De fantasía. Pienso en el 94, un momento importante de mi adolescencia. Me acuerdo de la TV de divulgación que entró en las familias y en las casas. Alba y yo mirábamos Non é la Rai en secreto. En Meraviglie lo cuento a través del personaje de Gelsomina, que es una primogénita. Lo suyo es el movimiento del que quiere escapar de una situación y después en un determinado punto se da cuenta de que siente ternura por este mundo.
¿Hablas de la casa de tus padres?
Exactamente.
También vos te fuiste. Estudiante en Turín, después Lisboa, una parte de tu vida en Berlín.
Sí, pero después volví. Ahora vivo a pocos kilómetros de donde crecí. Un lugar en el que me siento maravillosamente radicada e increíblemente extranjera.
Aparece con frecuencia esa lógica del viajante. Lazzaro es un viajante en un mundo que no merece su gracia, en Corpo celeste Marta vuelve a un pueblo que debería ser su casa pero en el cual se siente una extranjera. Arthur hace lo mismo. ¿Vos sos una viajante?
Seguramente hay una parte ajena dentro de cada uno de nosotros que nos hace parecernos a un peregrino.
¿Es alienación?
No, es ajenidad. Está claro que la mirada del que viene de afuera, ya sea extranjero del alma o extranjero de la geografía, nos permite ver mejor una realidad sobre la cual nuestra costumbre ha anestesiado la mirada.
De vuelta, un contraste entre el mundo, el masculino y el femenino. ¿Quién gana?
El ganador está solo. ¡Espero que no sea un partido! Pero hincho por las mujeres.
¿Te referis solo a La Chimera?
Ahí específicamente estamos en los años 80, el final de un mundo que tarda en terminar y que agoniza desde entonces, que es el mundo de una cierta idea de hombre vaciada de lo que era un rol ligado al trabajo físico. Quedaron los comportamientos machistas, pero ni los hombres saben por qué. Estos pobres asaltantes de tumbas, pobres de espíritu, son insoportables, y muy a su pesar, están obligados por el sistema a comportarse como machos. Y son ridículos.
Y las consecuencias las sufren también las mujeres.
Hay una enorme tristeza y una enorme miseria. Pero también hay un camino que es el que toman las mujeres en la película. Logran transformar el pasado y el abandono en algo nuevo.
¿Qué le enseñas a tu hija Anita?
Espero que la gentileza. Y la atención.
Respecto al amor, ¿realmente tiene que ser una constante la sensación de vacío?
El amor hace crecer raíces en el otro, o por lo menos eso es lo que yo querría. Como Arthur que se enraíza en Beniamina, y cuando ella no está, vive como un miserable.
Orfeo y Eurídice.
Pero esta vez no fue él quien se dio vuelta.
¿Tu amor hizo raíces?
Es una selva.
Ph/ Alice Rohrwacher por Brigitte Lacombe (@Brigitte Lacombe)