
Hay que poner las vías sin hacer que los trenes se detengan. Todo trabajo artístico debería ser significativo: las escalas nunca tendrían que tocarse como simples ejercicios de gimnasia sino que tiene que haber música en ellas. La dificultad de todo entrenamiento es que estamos presionados a trabajar de a partes aunque la esencia del atractivo artístico esté en la unidad. Una mente académica disecciona la unidad en elementos para propósitos analíticos, el problema así se disuelve y se trata por partes: se define una gramática, contrapunto, etc. Y aquí descansa un espejismo: porque todo este análisis es siempre inservible para captar la esencia. Por este motivo, al enseñar análisis, es necesario recordar que se trata de una cáscara. Hay que tener presente que la visión crítica existe solamente con propósitos de discusión. La crítica es impotente para alcanzar al arte. El arte en sí mismo viene de una región bastante lejana de otra expresión que no sea ella misma. El niño no sabe esto, él quiere la regla y quiere hacer el arte fácil. Se irá por las ramas y se convertirá en un excelente alumno pero en un artista vacío, a menos que su mente sea ejercitada para mantener esa gramática bajo control.
Desde luego, la técnica tiene que ser perfecta, ese es solo el comienzo. Es el protocolo de un modo de discurrir, como si dijera “estimado/a” o “con cariño”. Cualquier entorpecimiento o equivocación atrae una duda prescindible en las expresiones. La técnica tiene que ser discreta y sin llamar la atención de la idea principal, como esos pianistas que encuentran las notas sin tener que mirar sus manos. El secreto eterno es que la vida corre y nunca se deja atrapar. El arte es una persecución, muestra el camino, lo sugiere, lo sigue, lo indica. Pero el secreto queda en secreto y la experiencia en experiencia. Si no fuera así el mundo estaría todavía más lleno de obras maestras y el misterio de la existencia estaría ya explicado.
Entonces, la inquietud en todo momento con cualquier aprendiz es, ¿cuánto puede aguantar hoy? ¿Es él un río con fuerza y lleno de ideas, un estudiante avanzado y ambicioso? Que entonces dejen sumergir su poder en los más refinados problemas de técnica que sugirió Fidias. Esas son cosas por las cuales él se preparó. Él es su pupilo. Pero hay que entender que los buenos artistas, grandes y pequeños, son buenos porque, desde sus primeros pasos, no tomaron más de lo que podían digerir. Tienen las riendas y siempre las han tenido. Ha habido un ímpetu artístico en sus vidas que subordinó su conocimiento a su espíritu.
Ahora, cuando se trata de la enseñanza de un niño, la unidad de su propia mente nunca debe quebrarse. Tiene que encontrar su armonía y su gramática en grados, y así aceptar y utilizarlas en el recorrido de sus propios experimentos. Nunca hay que hacerle pensar que esas reglas del arte son realidades ajenas que tienen que ser memorizadas, porque no es así. Son realidades internas a las que debe acercarse como parte de su propia naturaleza-
Aunque Santo Tomás de Aquino y Ludwig van Beethoven podrían ponerse de acuerdo para decirme lo contrario, yo digo que si se desarmara completamente la mente de un niño es probable que nunca vuelva a unirse. Los profesores y críticos de la pintura sirven de ejemplo: ellos son personas que han creído en las dislocaciones de la teoría. Su capacidad de contemplar ha sido anulada: se detuvieron a enunciar la regla y por ese motivo su maquinaria no va a volver a funcionar. Las reglas del arte, que son, propiamente hablando, meras ayudas mnemotécnicas para indicar el paradero de fuerzas invisibles e inimaginables, fueron tratadas por estas personas como realidades categóricas. De este modo el profesor muere fácilmente y se lleva a otros en su camino. Hay algunos que no son alcanzados, pero hay muchos que sí. La unidad de la mente de un niño es atacada por todos los profesores menos por los grandes. Los estatutos, después de todo, no son dioses sino asistentes, y tienen que dejarse debajo de las escaleras en su verdadera posición en su momento indicado. Esto convierte a las reglas en algo fácil de recordar y fácil de aplicar.
En muchas gramáticas de latín recientes, diseñadas para los niños más pequeños, se hizo la costumbre de facilitar el uso primero para luego continuar al día siguiente con la norma. El niño aprende oraciones un día y gramática al otro día. Esto resulta conveniente, este método mantiene al niño informado de que la norma no es una verdad sino apenas una forma fácil de recordar la verdad. Nadie puede hablar por normas, hablamos por impulsos. Nunca debimos haber tenido un conjunto de reglas interponiéndose entre nuestro impulso y nuestra expresión.
Déjenme recordar que componer es un hábito creativo. En su ejecución y proceso, muchas manifestaciones extraordinarias se ponen en juego para que nunca pueda hacerse apropiadamente salvo de forma inconsciente y a través de la fuerza vital. Este caudal nunca debe ser detenido. Cuando un hombre o un niño está trabajando hay una unidad girando en su cabeza que contiene la solución y que proveerá un resultado consistente con cada ley del arte y lleno de fuego nuevo además si lo respetas y tomas sus pistas. Él tiene que ver al análisis clásico ir y venir detrás de su propio acontecer y nadar en su propia visión. Esto lo hará sentirse insatisfecho con su propio trabajo a menos que tenga la estructura clásica, a menos que se tenga en cuenta cada potencia atómica en el resultado, y que cada puntaje llegue al máximo. Pero se debe llegar a semejante resultado a través de un proceso natural, o nunca será del todo bello o cierto.
La transferencia de un estado de ánimo a una obra siempre tiene algo de milagroso. Contiene algo nuevo, una sorpresa. El artista recibió una ayuda sobrenatural: algo le ha sido dado. Hubo un momento de inconsciencia y luego puro viento en popa. La intuición era una unidad y el producto es una unidad. Entre los dos cayó un rayo. Esto pasa incluso con piezas pequeñas de arte, incluso con epigramas. Hay un milagro de incomprensible comunicación de fuerzas. Esto se debe al hecho de que la unidad no se rompió. Músicos como Von Bulow, que desarmaron la música y la volvieron a armar, nunca tocan del todo bien. En su mente, la cosa nunca debió haber estado en partes separadas.
Entonces, si se está a cargo de un niño que se inhibe con facilidad, no hay que desmotivarlo. Puede ser verdad que los grandes artistas jamás se inhibieron, pero hay una posibilidad de que el niño no sea un gran artista. Todo esto queda en la creencia tan esparcida y perniciosa de que el arte es solo genialidad y que el estudio anula la originalidad. Estoy especulando del mismo modo de la naturaleza de esas personas que se convierten, de hecho, en artistas. Y se podría decir que esas personas tuvieron desde jóvenes un núcleo propio. Un niño debe tener algo sobre lo que construir. Tiene que jugar sobre esos cimientos e iniciar un método propio, un modo de germinación, un modo de desarrollar algo, lo que sea que crezca. Puede estar en una melodía, en un retrato, o en versos al estilo de Addison. Nunca podrá convertirse en artista a menos que haga su propio nido. Esta dinámica es parte de la red eterna del universo, todo lo que se puede hacer es virar hacia allá.
Existen tantas maneras de buena enseñanza como formas de relacionarse entre un maestro y su aprendiz. A través del mero silencio un maestro puede afectar el futuro de la mente de un niño. No creo que sea necesario que lo formal inunde la fuerza vital ni siquiera media hora. El tema surge con mucha presencia en la enseñanza del violín, donde bastante seguido observé con preocupación el tipo de atención que los maestros ponen en los brazos y las piernas. Estas actitudes deben ser asumidas, por supuesto, pero deberían manejarse de manera que no rompan el vínculo entre la mente del niño y el cielo en su camino hacia el arte.
A través de un sutil cambio de vocabulario podríamos considerar al arte como una simple técnica. A decir verdad, todos estos temas consisten en transformarlo en eso, o en asegurar que determinado accionar mecánico produce cierto efecto: de ajustar una clavija, oscurecer una sombra o alargar una pausa. Pero si se insiste en este punto de vista no queda otra opción que confesar la ignorancia sobre qué es lo que produce la cosa que queremos. Se pueden seguir todas las reglas y regulaciones y aún así el resultado puede ser insatisfactorio. Las reglas nos pueden dar una falsa promesa porque esa técnica mágica es inconseguible. Nos encontramos así más lejos de la comprensión del asunto que si hubiéramos aceptado su misterio desde el comienzo.
Quizás sea desde un punto de vista como el anterior que debamos abordar este gran tema, aunque sería inútil detenerse aquí y descuidar otros aspectos del caso. La mayoría de las personas no tienen nada para decir, bajo ninguna circunstancia podrían convertirse en artistas. Podrían llegar a ser artesanos, podrían obtener cierto grado de abstracción que pueda acompañar su formación general, o podrían convertirse en profesores o escritores. Una escuela de artes, además de desarrollar artistas creativos, ilumina a su comunidad de muchas otras formas: se convierte en un foco de puro intelecto y describe a su sociedad. Envía a viajeros, críticos, expertos, religiosos, caballeros de la libertad, hombres de coraje, de conocimiento, defensores de la civilización. Es una escuela de carácter y de filosofía, de lenguaje y articulación, de religión y progreso. El gran artista involucra y requiere de toda su jerarquía que existe detrás, de igualdad sincera pero personas menos dotada.
Que nadie subestime el impulso estético o menosprecie el crudo inicio en el camino del arte. Cualquier cartel indicador brilla con fuego etéreo aunque sea “Se dan clases de flauta” en un cartel de Omaha. ¡Cuánto se libera una mente incluso a través de aprendizajes breves en cualquier rama del arte! Una escuela de diseño hace tanto por la producción de ideas claras como una universidad de filosofía. Nada estimula más a la mente que una actitud creativa y los métodos de estudio en la ciencia deberían ser modelados a partir de esas buenas escuelas artísticas. Tenemos aquí la clave para el enfoque de cualquier estudiante hacia cualquier estudio, por ejemplo: debe ser a través de progresivas investigaciones originales acompañadas por libros de texto. El problema psicológico es el mismo en el estudio de la ciencia que en el del arte para mantener el discurrir de antiguas formulaciones, para obtenerlas y usarlas sin necesidad de ser poseídos o controlados por ellas. En el plano de la ciencia y en el del arte nada es un hecho, todo es hipótesis, todo es símbolo.
Enseñar es un asunto personal y tiene que mantener ese carácter, las escuelas sólo son valiosas porque le dan cobijo a las personas. Es tranquilizador recordar cuán fácil el arte florece cuando las condiciones son propicias, y cómo una tradición de pintura paisajística puede a veces venir de un pueblo pequeño sin ningún tipo de ventaja peculiar en el tema. Esto se debe a que algunas personas han comenzado a pensar y experimentar, hacer pruebas, vivir en su trabajo y llevar adelante sus ideas. Sus estudiantes toman la postura y, por un tiempo, la vida se sumerge en eso. No sabemos cómo pero hay un aliento de arte en ello.
No quiero desacreditar a las academias. Todas las proyecciones y financiamientos, todas las circulares, divulgaciones deben continuar. Pero también déjennos estar preparados para encontrar que aquí y allá el talento que madura en soledad, en esos artistas que están trabajando sus destinos con apenas un hilo de educación para conectarlo con las tradiciones artísticas del mundo.
Desde que andamos con la caña de pescar divina, buscando arte, preguntándonos qué es, cómo surge, cómo identificarlo, sosteniendo un dedo en el aire, deteniéndonos sin aliento en el corazón del bosque para atrapar la nota de el zorzal escondido, voy a decir lo que viene a mi mente de la forma más terrenal: para los artistas y artesanos todo reside en la diferencia en la técnica. El arte de hacer un violín se aprende en una luthería, pero el arte de la poesía puede tomarse en la práctica y en la tenacidad. La arquitectura es organizada pero la literatura es grandiosamente desorganizada. Las artes circulan entre sí de formas extrañas, y las emociones que producen llevan a nuevas formas sobre terrenos aún no descubiertos. La introducción de música extranjera tiene una influencia inmediata en el temperamento y la filosofía de cualquier población, y es muy probable volverse visible en las bellas letras y en la ficción. Walter Scott dejó muchas huellas en la pintura de Europa continental, Piranesi hizo lo mismo sobre la arquitectura doméstica de todo occidente. El tema se encuentra en una región más allá del alcance de un estudio concreto. La realidad y la importancia de la misma es probable que nos hagan comprender a algún niño con talento para quien el lenguaje de una de estas artes se vuelve su hogar. Comenzamos a mirar con sus ojos, a oír con sus oídos y, de ese modo, les aseguro que nos ganamos una introducción a nuevos mundos. Reside aquí un asunto práctico, porque el futuro del arte depende de la educación de los niños.
Existe una regla clara para el descubrimiento del talento artístico: se descubre al niño trabajando, haciendo bocetos, rasgueando o dibujando. Se vuelve inseparable de la práctica. Él ya está buscando el camino, solamente necesita una guía. Podrías facilitarle los materiales pero no, no te contentes con brindarle eso, ya se encuentra bajo el hechizo. Hay hilos dorados de telaraña que brillan en el aire, aparecen y desaparecen. Arpas eólicas colocadas en la ventana de nuestra vida. Estas son las visiones de la humanidad, de los antiguos artistas. El mundo entero está repleto de estos instrumentos. Cuelgan de las esquinas como telarañas para atrapar la imaginación de la juventud. Un tejido resplandeciente que el niño siente como suyo y tratará de ponérselo de inmediato. Ahora, ¿cuál es la relación entre los largos años de trabajo pesado que deben atravesar por regla y el último peldaño del trabajo creativo? La pregunta no puede responderse de forma sencilla. Gran diligencia en asuntos técnicos tiene alguna relación con los intereses espirituales, y la pasión por la exactitud en el dibujo de una manzana se transforma en una especie de fuerza en la pintura de un crucifijo. La literatura parece ser todavía más misteriosa que las demás artes, y la relación entre la escritura cuidadosa y el desarrollo del dominio es en este caso muy oscura y clara a la vez. Es como si el niño siempre supiera que está a cargo de un espíritu que no podríamos ver, que le susurró que esta excavación tiene que hacerse por el tesoro. Pareciera incuestionable que esos más remotos y felices toques de genialidad que ningún estudio podría alcanzar y que ninguna experiencia sugiere son los mismos que se deben a un conocimiento del tema, a una larga experiencia y esfuerzo personal.
El manejo de dificultades parece ser el camino hacia la sencillez. Cualquier acontecimiento analizado de forma severa y honesta quiebra la cáscara del misterio, y un tratamiento artístico impersonal se convierte en el vehículo de la más personal de todas las expresiones. De este modo, las limitaciones, o sea las mismas condiciones que constituyen a la técnica, dan lugar al alma de la obra a través de la compresión.
La educación del artista, que viene de un trabajo constante, involucra de alguna manera el registro de un permanente incremento de grados de visión personal y de historia privada. Al final, la naturaleza lleva sus regalos en bandeja de plata al artista perfecto y pone sus palabras en su boca. Piensa que se trata de una simple solución a un problema cotidiano y, en efecto, está desenvolviendo los papiros ocultos de su propio espíritu. ¿Qué partes de su obra se deben considerar técnicas? ¿Qué porciones son las no-técnicas? No lo sé ni nadie puede imaginarlo.
Enseñar es encaminar la mente del aprendiz para que se comprenda a sí mismo. Un matemático moderado puede enseñarle a un niño con genio matemático, y enseñarle muy bien. Así también puede hacer el profesor de gramática, el de música o el de arquitectura al enseñar cosas más allá de los objetivos a cumplir. Él sugiere e inspira. Esta es una reflexión muy reconfortante, y es en efecto cierto que el académico tiene que llevar el fuego de Prometeo en una caña de hinojo. La persona que hace esto tiene una cualidad singular: enseñan la genialidad. No pueden crear, pero sí pueden transmitir e iluminar. En su forma peculiar son también artistas o, en algún aspecto, profetas del arte.
John Jay Chapman, 1910
Traducción: Eric H. Hirschfeld
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