La opinión de Henri Meschonnic *

Nota introductoria de Claude Sicre:

(El diario Libération [Mme de Valley] me había solicitado que compartiera una tribuna libre con Henri Meschonnic acerca de nuestra propuesta, en la actualidad de esta época (Mme Valleys nos había hecho una larga entrevista conjunta, en el año 2001). Pensé que sería mejor que Henri escriba él solo un texto acerca de esta propuesta dado que  fui el que la había redactó. Finalmente, Libération no publicó e texto). Claude Sicre

Sería necesario que todos tomen conciencia de la importancia histórica que tiene la enmienda votada por la Asamblea Nacional el 22 de mayo último al artículo 1 de la constitución, declarando a propósito de la República francesa, que: “Las lenguas regionales pertenecen a su patrimonio.” Incluyendo a la vez estas lenguas en la historia de Francia y en la historia de la lengua francesa, lengua que François I en 1539 en Villers Cotterets había declarado – era contra el latín, en esa época – la única lengua de Francia, lengua oficial de las decisiones oficiales.

Pero la realidad histórica y geográfica de Francia era la de una pluralidad de lenguas. El abate Grégoire en 1790, para difundir las ideas revolucionarias, puesto que la revolución  partía de París, quería eliminar los patois como refugios del feudalismo y de la realeza. Todavía a fines del siglo XIX la República luchaba para imponer el francés como lengua nacional. Porque había ocho o nueve lenguas populares. Todavía en 1914-1918, según las regiones, pocos conocían la lengua nacional. En el promedio nacional, los bretones fueron los que tuvieron más muertos en la guerra, y pocos sabían el francés.

Esta rememoración no está orientada hacia el pasado, está orientada hacia el presente y el futuro, es por eso que tengo mucho interés en hacerla. Por algo, parisino de nacimiento, es que participo desde hace más de diez años en el Foro de las Lenguas de Toulouse, animado por Claude Sicre. Porque allí aprendí cosas, en el transcurso de estos debates y de estos encuentros. No puedo olvidar a un maestro bretón que todavía sufría por la guerra de los chuanes y que deseaba que en el nivel más alto del Estado hubiese una declaración pacificadora tal como Chirac había hecho a propósito de Vichy y de los judíos. Todavía no se hizo. La historia del pasado no es pasado, todavía están, los he visto con mis oídos, aquellos que sufren el día que recuerda  la matanza de San Barthélemy.

Claude Sicre tiene razón cuando reclama la atención de la Ministra de Cultura (apurémonos, mientras exista en este país un Ministerio de la Cultura) sobre el peligro de una interpretación regionalista de esta enmienda, que encerraría, a contra-Francia, a cada región en su lengua, suponiendo que su lengua solo le interese a ella misma.

Y Claude Sicre lucha para que al contrario se entienda que todas estas lenguas de Francia son nacionales. Porque la historia de ellas, y la historia de la cultura francesa, es una historia de intercambios, de interacción. Porque cada lengua es una lengua-cultura. No un instrumento de comunicación.

El verdadero reconocimiento de que todas las lenguas de Francia “pertenecen a su patrimonio” sería en efecto, como el Foro de las Lenguas de Toulouse lo propone, que por todas partes en Francia se transforme la enseñanza de la cultura francesa haciendo que entren allí iniciaciones a estas lenguas-culturas, del bretón de Estrasburgo al alsaciano de Rennes, del occitano de Lille al picardo de Toulouse.

Entonces se accedería en serio a una verdadera historia y a un verdadero futuro, reconociendo mejor nuestra geografía cultural.

En la medida de mi experiencia, como universitario invitado más o menos por toda Francia, he podido darme cuenta de que uno de los clisés culturales más tenaces, más antiguos y más nocivos, es la oposición entre París y la provincia. Muchos creen todavía en esta oposición, en esta estupidez. Es un síntoma, para mí, de lo que justamente Claude Sicre denuncia como centralismo. Yo lo llamaría provincialismo parisino.

La enseñanza de la pluralidad de las lenguas-culturas de Francia curaría este mal. Sin olvidar que el beneficio sería doble: para la vida de estas lenguas (un tema de moda es lloriquear sobre la muerte de las lenguas, al menos de esta manera se trabajaría para que ellas vivan), y para el sentido histórico de una solidaridad. Sin olvidar, dada la historia de las inmigraciones, en Francia, desde hace siglos, las lenguas no territorializadas.

Entonces, tal como lo dice “la proposición de nacionalización de las lenguas-culturas de Francia” sí, a través del aprendizaje de que la unidad es una pluralidad interna, habría “más democracia y más república”.

Todo eso muestra también la importancia mayor de la enseñanza en la vida política, en la ética de lo político.

Henri Meschonnic

Traducción: Hugo Savino          

* Texto publicado el 10 de abril del 2009 por el Carrefour Culturel Arnaud Bernard