Hugo Savino: El paso del Noroeste (I) / Los cuadernos de notas de Jack Kerouac, (1947-1954) Editores Argentinos

El paso del Noroeste

Los cuadernos de notas de Jack Kerouac, 1947-1954

                           

Primera parte :

Sección I

 

La preparación se volvió más importante que la ejecución.

André Beaufre

“Estilo idealista de Nueva Inglaterra, místico, nebuloso”. (Jack Kerouac en Vanidad de Duluoz, citado por Brink)

 

 

Hay un arranque. Que se confunde con un origen. Todos queremos saber cómo empezó ese misterio de La leyenda de Duluoz. Imposible. Solo queda la preparación y el funcionamiento es lo que se lee. Inseparables. Lean a Ferdinand de Saussure artistas de la poesía emotiva o no emotiva, cotorrera de sentimientos, chantres de algún origen, de los barrios, de la noción museica de vanguardia, no pasa nada si lo leen, no perderán la inspiración. Tampoco a la clientela de beatos. Ni la virginidad en la creencia revolucionaria y en ese producto llamado emancipación. A ustedes, vírgenes del horror y de la lectura, que van en grupo, nada los toca, nada los transforma. Tan encarnados. Jack (o John) Kerouac en 1947 tomó  una gran decisión. Completar un manuscrito. Acompañarlo de “registros de  ánimo”, o un “diario de escritura de invierno” o “notas a fondo”. Los libros de Jack Kerouac son la escritura de su vida. Publicado en el 2004, estos Diarios [1] pueden ser un arranque. Douglas Brink, en la introducción cuenta la historia de la edición. “Los garabatos de Kerouac, sus rabietas sin solución y  las notas al margen no han sido incluidas.” No importa. Estarán en otras ediciones y si rascamos están, esas rabietas, desparramadas por todos  sus libros.  En las entrevistas. En la correspondencia. Su obra. Jack Kerouac no estaba emancipado. Escribía estos cuadernos de notas en casa de su madre. Con la que vivió siempre. Para la generación vivió una doble no-emancipación, vivió con su madre y no se integró al movimiento de ninguna contracultura. Y todo empezó en estos cuadernos, en estas libretas. Para poner un punto de partida. Que no es ningún origen. Machaco.

“La comedia del origen” está hecha para no leer. Es una estrategia de poder.

Pero en el 47 hay varias cartas. Y hasta el 54, fecha que marca el término de estos Diarios hay muchas cartas más. Entonces, hay Diarios, libretas, cartas, novelas, libros de poemas. Todo ese continuo, que el academicismo separa, y está bien que lo haga. Cuida sus intereses. Porque solo sabe leer el discontinuo. Si entra en esta “red caminera” sabe que de ida se ve una cosa, y que volver (releer) por el mismo camino es ver otra cosa. Mucha angustia. “Se confunde el sentido.” Kerouac no se toma por Jesús. Sabe que está en el reino de este mundo. Que hay un “ganarse el pan”.

Carta de Jack Kerouac a Hal Chase :

Sáb. a la tarde del 19 de abril de 1947

“[…] mis intereses sufrieron una transformación sorprendente, y estoy contento, (una vez más) de saber que reorganizaste o simplemente sin duda orientaste tu espíritu hacia nuevos intereses. […]

Mi propio desarrollo en las direcciones indicadas más arriba se centran en un nuevo interés por las cosas más que por las ideas. Por ejemplo, todas mis lecturas en el transcurso de los últimos meses fueron de naturaleza  práctica. Te digo la lista : Oregon Trail de Parkman, otro libro sobre esta senda y también sobre todas las sendas de importancia en el país (no me preguntes por qué: en este momento este tipo de lecturas me vuelve completamente loco), una historia de los Estados Unidos, una biografía de George Washington, una historia de la revolución norteamericana (con mapas de campaña incluidos) – por último y sobre todo, empecé un enorme estudio de la superficie de Norteamérica, comprando mapas (mapas de carreteras) de cada Estado de los Estados Unidos y en poco tiempo no se me escapará el nombre de ningún río, de ninguna cima de montaña, ni de una bahía o ciudad.” Una vez que estudia los nombres y las rutas, hay que pasar a la frase. Kerouac escribe en una suerte de preparación infinita. De estudio infinito. Algunos escritores tienen la manía de estudiar. La capúa emotiva, la de la inspiración, la de la fraternidad, esa impostura de las imposturas, se ofende. No quiere que estudies. La capúa tiene el filosofema y Jack Kerouac el poema. “Y ahora, ¿qué significa todo esto? Conozco gente que puede llegar a ver ahí una suerte de regreso a la infancia. Y sin embargo también conozco gente que consideraría esto como un paso adelante.  Porque, después de todo, cuál es el pensamiento directriz en el temperamento norteamericano si no es la búsqueda enérgica y resuelta de un saber útil. El “sustento” de los hombres” en Norteamérica en lugar de la vaga y aburrida “fraternidad de los hombres” en Europa.” (ibid.)

“Kerouac, de hecho, solía decir que siempre consideró la escritura como “su deber sobre la tierra.” (Douglas Brink)

Primero es el oído, que escucha el sueño, la ensoñación y la visión. Ya sabe que su primer libro tendrá “380.000 extrañas palabras” y para escribirlo necesitará “siete meses de ascética oscuridad y trabajo.”

Situación: estos diarios se escriben en “tiempos de exclusión en el arte – los [F. Scott] Fitzgerald que nos dejan afuera prevalecen en la imaginación del público sobre los [Thomas] Wolfe que nos ponen adentro.” Es un reconocimiento del terreno. Saber qué rechazos esperan. Saber que lo cultural prefiere la discontinuidad. Y Jack Kerouac ya está, aquí, en un continuo. El cuerpo cuenta. Hay que ponerlo en el lenguaje. “Escribir largamente “ exige cuaderno de notas. Ni narrativo ni descriptivo exige prepararse. La doble exigencia incluye el sueño: partir para el noroeste de Canadá. Paso del noroeste es la huida. Y en el mismo movimiento un “volver a las sombras de la verdad.”  Y además ya sabe lo más importante: que a nadie le importa cómo “avanza uno en sus escritos.” Jack Kerouac escribe la salida de la ficción, su búsqueda que será infinita, inacabable, salir del arte de la ficción, esa sacralización que termina hablando con el perro. Jack Kerouac solo estaba en el terreno de lo sagrado cuando le hablaba a su gato. Cuando escribía sometía a lo sagrado a un tratamiento para ir hacia lo divino. Ninguna fusión en Kerouac.

Está la carta de Thomas Wolfe a Scott Fitzgerald (¿la conocía Kerouac?)

Bernard Hoepffner dice “que el gesto del traductor se parecía al del restaurador.” Donde él dice traductor pongo lector, y cambio el tiempo de verbo, donde dice “parecía”, pongo “parece”, le tomo el gesto que hace en La umbilicalidad del traductor. Así que leo los Diarios de Jack Kerouac con “el gesto del lector que se parece al del restaurador de objetos antiguos –– más particularmente de objetos que vienen de Extremo Oriente–, es decir que en los dos oficios, es preciso (un poco a la manera de un falsificador que se ejercita  en imitar una firma) tratar de meterse en la idea que nos hacemos de la persona responsable del original, sentir en nuestra mano la herramienta que él manejaba y, en un cierto sentido, meterse en su piel, convertirse en su doble, trasladar la obra en el tiempo, no devolverle el aspecto que la obra tenía cuando salió de las manos del artista, sino el aspecto esperado (otro país, otra cultura, otra lengua, otras costumbres…) por aquellos que pagan por la restauración.” (Cita desviada de la novela de Bernard Hoepffner, Retrato del traductor como estafador). Traer a Kerouac a otra cultura. Escribirlo en argentino. Y sacarle el óxido de los mitos del tipo beat que viajaba mochila al hombro, sacarle esas capas que la autoridad fijó para que no lo leamos.

Pensar : “¿Por qué pienso? Porque es mi vida, aquí mismo.”

Hay, y ya había en ese 1948, una charlatanería inagotable sobre qué es pensar. No se agota. Ya es legión. Mucha gente vive de esa pregunta. Cada tanto surge un escritor y registra que los poetas pensaron y piensan. Algunos. Los que no están sometidos al filósofo de turno. Jack Kerouac no tenía filósofo de cabecera. “Martes 17 (1948) : ¡Hastío! ¡Siempre el hastío! Detestamos todo trabajo original, nosotros los humanos. Escribí 1 800 palabras al respecto. […] Qué mejor soporte para pensamientos serios que una novela  –– pensamientos serios refinados,  desde su crudeza, para hacer con ellos motivos serios – y la deriva intuitiva inconsciente del gran tema –– los pensamiento que surgen. A menudo pienso que un cuaderno de notas sería mejor ––  pero no, una novela, el relato mismo de lo serio y del sentido de la vida, eso es lo mejor (“Será lo mejor para ti” – Mahoma).  Pensar es pensar lo que no se pensó, así que hace falta ir a trabajo a contra estilo, si se sigue el hilo del motivo, y que se preparará  en cuaderno de notas, con desvíos canucos y cotidianos. Jack Kerouac no puede integrarse al concepto de arte de la ficción. Trabaja con lo leído y lo que relee, y lo que oye, un mismo movimiento. Lo que lee en permanencia, es para él un Louvre, el de Cézanne, se impregna  y arranca. Cuaderno de notas es el continuo de su Leyenda. Si hay que buscar algún Paso del Noroeste infinito hay que buscarlo ahí.

Salir de la problemática forma, de “la cáscara de la forma. Muy general todo eso.” Kerouac detesta las ideas generales. Nunca se sintió atraído por el realismo lógico. Kerouac fabrica sus propias herramientas y las pone en el soporte Shakespeare-Dostoyevski y expande. Está siempre en expansión. No tiene problemáticas nacionales. Uno lo trae al español de argentina y no lo dejan entrar, porque la discusión es eternísimamente identitaria. La identidad se protege de algunas lecturas y traducciones. Vive en el agujero de alguna patria narrativa donde solo se hereda, y se repite lo que se hizo. Disputa de herederos. Donde no entra ningún gringo. Criollo le habla a criollo. Kerouac era canuco. Un meteco.  Victor Hugo lo explicó en su prefacio a las traducciones de Shakespeare que hizo su hijo.

En los Diarios no se deconstruye nada. Es una exploración. Las notas. Marina Tsviteàieva lo hizo antes. Macedonio Fernandez toda su vida registró en cuadernos. Scott Fitzgerald ya había hecho sus sublimes Carnets.

Hay un tipo (lo llaman identidad nacional) de norteamericano (y de argentino) que hace del gusto su eje y su orientación. Kerouac dice que lo sacan “de libros escritos en Europa por snobs continentales fenomenales,  de cierta extraña, oscura y solitaria noción de que todo lo que es salvaje, brutal y vasto debe ser barrido de la vida americana de un plumazo por la palabra “gusto” –– es difícil determinarlo. Pero Thomas Wolfe ya se encargó de los aspectos satíricos de este fenómeno, y yo dejo a cualquier psicólogo amateur ocuparse del resto. No tiene importancia.”

Llega el invierno y se escribe desde “las sombras de la verdad.”  Y la obstinación por salir del estilo, entre esas sombras se esconde la pobreza de la noción de estilo : “Empiezo a escribir en un estilo más libre esta noche.”

1000 palabras pertinentes,  en una hora. ¿Durará?” Kerouac se escucha la pertinencia de lo que escribe. “2500 palabras hoy en algunas horas. Tal vez eso es – la libertad.”

Salir de una lengua hacia otra : “Hay algo  horriblemente franco-canadiense en las torpezas de mi trabajo de antes – ¿y de hoy? – algo infantil y sincero, y sin embargo ininteligible. ¿Otra vez esa palabra?” (69 A 74). Hay lo franco-canadiense como susurro de pasado que sigue sonando a través de Gabrielle. Hay que integrarlo a la Leyenda.

Ricardo Zelarayán decía que no era un escritor. Lo interpretaban. No se tomaron el trabajo de leer su obra para verificarlo. Salvo unos pocos. Jack Kerouac dice “¡Oh, sí!,  sé que nunca tendría que haber sido un escritor, no está en mi naturaleza, pero estaré atento hasta el final. 2 000 palabras esta noche.” Claro que para entender lo que dicen los dos hay que leerlos. Insoslayable. No estar en géneros exige poner la piel sobre la mesa como decía Céline. No ser escritor es muy aconsejable. Pero no es para cualquiera ese no ser.

Este libro que todavía no tiene nombre definitivo, que se escribe con los libros de Kerouac, con toda la obra, con las biografías y todas sus crónicas. Lo único seguro es que estará el nombre de Kerouac, que está marcado por su inactualidad. Por la indiferencia. No lo quiere nadie. Y, a la vez que es una lectura de Jack Kerouac, es mi recorrido de rechazo. Mi política de rechazo.

Kerouac escribe desde esa herida canuca, ese arrinconamiento difícil de explicar a progresistas, sean de derecha o de izquierda,  que se van acomodando como en el carro de los melones, industriosos en sus carreras, la que sea. Jack Kerouac no se dejó adoctrinar, ni reclutar. Se mantuvo en esa herida, ninguna aprobación podrá cerrarla. Además, la aprobación es siempre la aprobación de una autoridad o de parásitos que te comerán desde el lomo. Mandelstam lo supo bien y decidió no ser contemporáneo de nadie.

Jack Kerouac era lector de Pascal, y lo ejercitó: «(…) Una ciudad, un campo de lejos son una ciudad y un campo; pero, a medida que nos aproximamos, son casas, árboles, tejas, hojas, hierbas, hormigas, patas de hormigas, y así hasta el infinito. Todo eso se envuelve con el nombre de campo».  O: «Es preciso que haga como los pintores y que me aleje: pero no demasiado. ¿Cuánto, entonces? Adivinen». Así que en Kerouac hay una manera pascal de oír.

Y está la felicidad. Si es posible ser feliz. Y está la posibilidad de ser un pesado, llorón, que reclama siempre su lugar vaya donde vaya. Ese plomo que solo escucha sus ecos. El abanderado de la verdadera literatura patéticamente refugiado en su diploma de lector profesional. Ese poeta que da lecciones. No. Tres veces no diría Norberto Gómez. “[…] detestaría ser un  pesado toda mi vida, aunque más no sea por aquellos que me rodean y a los que amo.” (Lunes 17 de nov. 1947).

Y está la reticencia, que es el miedo  a escribir imperfecciones, esa “[…] maldición de la vanidad.” Detectada pronto por Jack Kerouac. Así que la vanidad tiene que ser nombrada. Escrita. El contraveneno es “una cadencia que equivale a cincuenta mil palabras por mes.”

Y están los encuentros donde se discuten ideas generales. El enemigo mayor. Sale, pasa una tarde en le café, y anota : “una conversación ridícula con Burroughs y Ginsberg durante la tarde acerca del psicoanálisis y acerca del “horror”. Están siempre enredados en los mismos temas de hace un año, dos años. A todo el mundo le encanta cocerse en el mismo caldo año tras año.” (Sábado 22 de nov. 1947). Ya está clara la idea de que los amigos más cercanos son los que tironean para que no lo hagas. Para que cuentes. Para que traduzcas claro. Pero esta demolición se hace en los Diarios,  hay que registrárselo en el cuaderno. No se dice, no se comunica.

Lo político en Jack Kerouac : “Rusia fue destruida por el Politburó comunista y el sovietismo y toda esta frialdad científica “planificada” del sistema.” (Jueves 27 de Nov. de 1947 – 76). Un Diario se escribe para ir situándose, para saber de lo político y de la política. Y de los pequeños poderes institucionales que defienden el mantenimiento del orden. Para defender lo que uno escribe de la rapiña filosófica. Y crítica. Esa que puede viajar a la Rusia de 1953 y decir que había plena libertad de prensa.

Dostoyevski. Stendhal. Goethe. Lecturas.

Está el horror a la locura. Y está la comprobación de que el Diablo anda por ahí. Dirán: una educación católica. Claro. Pero también la lectura de Baudelaire.

La escritura concebida como “una visitación de éxtasis”. Y esta inversión será dominante en toda la Leyenda y provocará muchos celos: “Es un éxtasis que es “grave y reflexivo” porque no estoy poseído por él, soy yo el que lo posee, el que puede tocarlo y examinarlo. ¡Cuántos deleites solitarios hay en esto! Le doy gracias a Dios por ello. Y con lo escrito he completado una larga sesión de 33 000 palabras, y estoy listo para embarcarme en las últimas grandes construcciones de la novela.” (Martes 2 de diciembre de 1947)”. Un escritor que posee el éxtasis, saca alegrías de ahí, y eso no le impide escribir 33 000 palabras en su propia dirección sin pedir autorización es un caso desesperante para los que construyen consenso. Solo por eso Kerouac será difamado. Por frotarse a ese éxtasis.

Shakespeare y el bosque de Arden (Viernes 5 de diciembre de 1947).

A los críticos : “No sean imbéciles de por vida.”

El campo y la ciudad todavía está del lado de las “proporción y […] la necesidad de llevar el tema a una conclusión. Ya no tendré que preocuparme de este tipo de cosas en mis próximas novelas. Por razones que todavía no tengo claras, pero simplemente lo .”

Lee la vida de Stendhal. JK alimenta la palabra visión. Ya está saliendo del diccionario. En sus novelas puede haber un tipo que se va a la cama metido en un  piyama rojo y con su diario.

El miércoles 10 de diciembre (seguimos en 1947) va a escuchar a Lennie Tristano. Fue solo.

El viernes 12 va al bosque de Arden y hace la lista de los amigos a los que ve :

“Vicki [Russel]

Tom [Livornese]

Ginger, Ed White, Jack Fitzgerald, Jeanne, su mujer, Burroughs [Joan Adams Burroughs] Julie, Bill Garver, Sam Macauley,

Hunkey [Herbet Huncke] en persona (¡recién salido!) y el resto errando en el “triste paraíso” de Ginsberg.”

Elogio a Elia Kazan.

Sábado 10 de enero de 1948 va a escuchar a Sara Vaughan en la calle 52: “Y siento una nueva transformación.”

El domingo 11 de enero lee Home again de Thomas Wolfe. Queda impactado por la belleza de la novela. Se dice: “Los críticos americanos son ciegos a la madurez perfecta de Wolfe, particularmente a la tonalidad simple y mágica del asunto.”

El sábado 17 de enero sigue leyendo a Wolfe. O más bien, impregnándose de Wolfe. Lecturas que son ejercicios de desacato.

El domingo 25 de enero (1948) lee diarios y escucha radio, no quiere que le armen el paisaje. Anota otra otra vez su verificación de la sordera de la crítica de libros. Un cuaderno de notas es para descubrir la propia soledad. Leer a Wolfe es la aceptación de la propia inactualidad. Anota : “[…] la verdadera Rusia no es la Rusia de  “Guerra y Paz”, sino la Rusia del “Adolescente” o de “Almas muertas”, o incluso de los “Hermanos Karamazov.” Y : “La irrealidad del la intelligentsia reside en sus objetivos de “conocer todo” – algo a lo que no se acerca ni vagamente.” La intelligentsia con ese olfato policíaco que Sartre les afinó detecta rápido a Kerouac. No tiene gulag en USA, así que no pueden mandarlo a morir en un catre como a Mandelstam. El castigo es volverlo irreal. Esta vez, fracaso. Kerouac, recién empieza con sus crímenes, parafraseo a Pierre Guglielmina. No pudieron irrealizarlo.

Los libros de Jack Kerouac son la escritura de su vida.

Están las palabras que le vienen de Goethe –– las usa y no las usa. Depende. Trabaja mucho y más trabajo es saber que se termina de Town and the City y empieza algo nuevo, algo de lo que no sabe nada, o apenas intuye. El trabajo de banquero es más redituable: “Tendría que haber sido un banquero y todo lo que tendría que hacer sería sentarme para contar mis riquezas, día tras día.”

La cronología de los estudiosos tironea. Quiere que todo aquel que lee a Kerouac lo disponga en orden. Y bueno, no. Ahora traigo una cita de 1948, carta a Neal Cassady: terminó su libro, está en lectura en varias editoriales : “en estos momentos lo lee Mcmillan… luego vienen Doubleday, Little Brown, Random House, el crítico Alfred Kazin tal vez leerá una selección algunos capítulos. Estoy confrontado ahora al comercialismo más grosero y peor que eso a la mentalidad plena de despecho del “medio literario” –– los lectores y los editores y toda la camarilla. Pero son viejas estupideces, me las esperaba, me importa un carajo –– en la medida en que pueda finalmente, vivir de mi escritura. Después de eso, el horizonte estará despejado en lo que concierne a la vida profesional.” (Carta a Neal Cassady del 5 de septiembre de 1948)

Lectores: “Al fin y al cabo, soy mi más formidable lector.”  Es la condena de inventar algo nuevo.

Va escuchar a Lennie Tristano a la calle 52. Y esos hipsters – esos tipos que están al tanto de todo, que estaban ahí para escuchar a Howard McGhee le arruinan un poco el paisaje. Son moscas en su oído. El canuco que lleva adentro insiste, y no lo limará, Kerouac es “un granjero canuco en medio de estudiantes entusiasmados – aprendí todas sus mañas – no creo en ellos.” No creo en ellos es una de las estrategias que integra a su poética. No creer en ellos es muy difícil. Ellos son los que hacen relato sin recitativo, ellos son los que hacen el arte de la ficción. Son los que colgaron a Marina Tsvietaieva.

La posición (la mentira de lo social) no es lo mismo que situarse. Kerouac tenía ya en estos Diarios el sentido de lo que tenía enfrente: una censura hecha de la moralina de los profesores, como la actual: “Hace poco oí a universitarios hablar de hechos –– y pienso que ellos se hacían una idea negativa de mis creaciones lunáticas.”

Entonces, la nueva censura sabe que lo que hay que prohibir es el espacio que abrió Kerouac para las creaciones lunáticas. Así como el academicismo sigue interviniendo para clausurar el espacio que abrió Cuarta prosa.

Creadores lunáticos citados: Thomas Wolfe – Scott Fitzgerald – Sinclair Lewis – Dostoyevski – Louis Ferdinand Céline – Elia Kazan – Stendhal – Sir Thomas Browne – Melville.

“Jack Kerouac continúa alimentándose de libros. Lee a Shakespeare, le encanta leer a Lautréamont y a Koestler De todos los autores franceses, aparte de Rimbaud y Baudelaire, su preferido es Céline.” [Patricia Dagier y Hervé Quéméner, Jack Kerouac de Norteamérica a Bretaña, ediciones Le Mot et le Reste]

Lee Sangre real de Sinclair Lewis. El martes 24 de febrero de 1948. Tarde por la noche.

“En el Evangelio que lleva su nombre, San Mateo plantea esta ecuación: “Porque muchos son llamados, pero pocos son los elegidos.” Poco más de veinte siglos más tarde, un escritor francés muy poco francés la da vuelta: “Muy pocos son los llamados, mucho menos los elegidos.” Jack Kerouac, más criminal tal vez, da vuelta ese giro: “Porque muchos son los elegidos, pero pocos son los que vinieron.”

En estos Cuadernos de bitácora – escritos entre 1947 y 1954, publicados en Estados Unidos en el 2004 y recibidos con una indiferencia que trataba en vano de estar a la altura de este crimen discreto contra la humanidad – es donde Jack Kerouac elaboró, en el secreto más absoluto, su fórmula. Sus celosos amigos de la época, sus lectores distraídos más tarde, sus cinéfilos alelados creían que estaba en el camino. Esta propuesta barroca, irregular, requiere de ahora en más toda nuestra atención.

Leamos. (Pierre Guglielmina en la contratapa de su traducción francesa: Journaux de bord, 1947-1954 [Cuadernos de bitácora 1947-1954], editorial Gallimard, 2015)

La posición (lo cultural) –– es el enemigo de la vida. Es como el eco lórico de uno mismo glosándose. Kerouac no escucha sus propios ecos, sigue a su presa : “La creación: o la invención.” Salir de la retórica arte de la ficción, que no siente en su sistema nervioso.  Y cuando escucha sus propios ecos se lo advierte a sí mismo : “Fui a la ciudad, hablé toda la noche en las cafeterías. Cómo cotorreo cuando salgo de  la soledad del trabajo: nadie puede meter un bocado, y en esto me parezco mucho a mi padre.” (Febrero del 48)

Escribir a contra el propio cotorreo.

El arte de la ficción es una propuesta tallerística de mercado (palabra talismán de los filósofos cuando salen a cazar a su público de almas muertas) es lo lórico de los ecos de los maestros de escritura. Escribir “en el secreto más absoluto” exige cuarta prosa. ¿No se entiende? No tiene importancia.

Los contemporáneos dice Meschonnic son un mal momento que hay que pasar. Kerouac tuvo sus contemporáneos : “algún días abandonaré este triste mundo de pesadilla que son mis amigos.”

Lunáticos : John Huston [El tesoro de la Sierra Madre] – Mark Twain.

“Jack Kerouac inscribe sus pasos en los mismos pasos de los buscadores de oro y los pioneros con carretas, y antes, en los de los tramperos franceses, las primeras postas de la expedición de Lewis y Clark, militares que balizaron entre 1803 y 1805 el itinerario de San Luis (Misuri) hasta el océano Pacífico.” (Patricia Dagier y Hervé Quéméner, Jack Kerouac de Norteamérica a Bretaña, ediciones, Le Mot et le Reste)

Seriamente aplicado a practicar el “heroísmo”. Descubre que la resaca lo deprime un poco pero “no le afecta su escritura : lo que constituye un paso adelante en la disciplina del trabajo literario.” – 116.

Así hasta marzo del 48 tenemos : heroísmo y disciplina en el trabajo literario. A ningún hipster se le ocurre pensar que existe el trabajo literario.

Descubre el vínculo entre borracheras  y melancolía e indecisión. Robert Burton no está en estos Diarios. No importa. Kerouac ya tiene la anatomía.

Sacar de la biblioteca una pila de libros, entre ellos, uno de agricultura: ¿seguir escribiendo la novela y leer cuando pueda hacerlo? Interrogante sobre el tiempo. La combinación leer y escribir.  Plantea el tema de la lectura como una manera de escapar de los callejones sin salida. Sabemos que a la mayoría de los escritores les cuesta seguir leyendo una vez que entran en la glosa propia, en la cámara de ecos de sus éxitos barriales. Kerouac también ya en este cuaderno pone la palabra fracaso y la hace frase : se puede fallar el tiro, pero la jugada siempre puede seguir escribiéndose, se puede escribir “un partido de sueño imposible”, hay que jugar a fondo.

Descansar: leer la página comercial del Herald Tribune y darse cuenta de que es una buena lectura.

No dar a leer manuscritos a lectores profesionales. Los “soñadores” son mejores lectores.

“Vivir algo  vasto e importante,  acaso como Twain.”

Escribir y leer :

“No se puede dejar de subrayar el contraste entre los métodos de escritura, por un lado, y el de lectura, por el otro, de Jack. Así como no soporta la menor interrupción en el flujo de las palabras que tipea,  así sus lecturas son lentas, machacadas. Quiere impregnarse de todos los matices del pensamiento del autor a fin de recordarlo mejor. (Patricia Dagier y Hervé Quéméner, Jack Kerouac de Norteamérica a Bretaña, ediciones Le Mot et le Reste).

Contra la puerilidad de la subjetividad absoluta : “Trabajé como un castor. Es hora de salir de la cálida y dulce ostra de la creación, de ir a la plaza del mercado polvoriento, y ponerme a prueba, a mí y a mi trabajo,  en el mundo de los hombres. (Lunes 3 de mayo de 1948)

Mensaje de Jack Kerouac a Jack Kerouac : “Y esta es la manera en que se escribe una novela, en la ignorancia, / el miedo, la pena, la locura / y una especie de   alegría psicótica que sirve como incubadora / para las maravillas que han nacido.”

Osip Mandelstam abrió el espacio para la desconfianza en los contemporáneos. Los escuchó cacarear en el huevo,  vio cómo pasaban de la conciencia crítica a la buena conciencia, tan buena que les habilitaba la denuncia. “Los amigos celosos” de Kerouac eran sus contemporáneos, le mordieron los talones y lo tironeaban para que abandone el ritmo por una causa. La confrontación con lo moderno de Jack Kerouac dura toda su obra. Tiene todo un futuro.

Lo institucional, uno de lo disfraces del academicismo, que es casi toda la literatura hoy, se cree lo moderno. El escritor profesor como quería una profesora emérita ya es un producto universitario de mercado, probado y aceptado. Kerouac lo vio nacer. Lo padeció. La institución literaria – universidad, suplementos, lectores de editoriales – está ahí para asegurar el mantenimiento del orden. Se entiende que estos Diarios no entren.

Aceptar el embrujo de una morena pero tomar la decisión de seguirla como  si fuera un verdadero Stendhal. Stendhalizarse en cuanto a las mujeres, y encarcelarse a sí mismo en la soledad para escribir. Escribir y vivir, todo junto.

El amor por Mary Carney fue en 1939. Anoto pistas. Un Diario escrito es como una novela escrita: no se puede contra por teléfono. (Néstor Sánchez).

De paso: estoy harto de los tipos que dicen que el único Diario es el de Kafka. Lo dicen porque es el único que leyeron.

No leyeron los de Lorenzo García Vega.

Kerouac sigue leyéndose : “Esta noche –– escribí varios cientos de excelentes palabras.”

Descubrimientos (y porque Kerouac sabe que todo el lenguaje es ordinario): el fin de semana en Norteamérica es el momento en que se aprenden muchas cosas: se aprende que “el orgullo” de un buen traje de sábado por la noche es “premonición de triunfo y de felicidad” y después llega “la oscura noche de domingo con su dulce y atemorizada soledad (allí encuentro el foco de mi visión “artística” de la vida).

Tres maneras en Kerouac, juntas, de sostener el sueño y la visión: ver, oír, escribir, contra la “urgencia y la realidad ordinaria”. Contra la mentira social. La visión kerouac rescata de las sombras lo que no es “productivo”, lo clochard celeste que abre el camino a leyenda.

Lucien Carr como personaje de Scott Fitzgerald.

Lo que le falta: “una esposa somnolienta que huela bien bajo las sábanas gastadas del amanecer.”

Los Diarios son su propia guía de perplejos. Se la escribe como notas al margen de sus otros libros.

Conquistar su vida de escritor.

El jueves 20 de mayo de 1948 intuye a Jesse James como prueba (y excitación) de que Nueva York tiene más la antena en Europa que en las leyendas americanas.  Lo enfurece la gente que se burla de la importancia de Jesse James, “bandido o no” – esos tipos, que se estremecerían si un Gambetta estuviese vivo en 1948, nunca entenderán nada de Mark Twain o de Melville –– porque no tienen idea de un Bill Hichkock de Bill Cody, de los hermanos James, de Walt Whitman o de Sitting Bull.

No es la fama lo que lo llevó a tratar de esconderse en sus visiones y sueños, fue la difamación y los celos de sus contemporáneos. Pero no se quedó “allí arropado”, no, desde allí siguió escribiendo la leyenda.

A tientas en el mundo y en el mundo de la edición. Jack Kerouac : “Ginsberg dice que no entiendo la `sociedad´, únicamente entiendo la `soledad en la que todo es difícil, lúgubre e inútil´.” [Diarios, martes 1 de junio de 1948] Sí, Alain Ginsberg siempre tendrá razón como gran experto en realismo lógico. Mientras él se desliza por los momentos apacibles de ese  entender qué es la sociedad, Jack Kerouac escribe Viejo Ángel de Medianoche.

La noción de fracaso está intoxicada por los universitarios y los filósofos. Se la robaron a Beckett. Hay que desviarla, pero no sé cómo. Algún existente de desacato lo hará. Jack Kerouac que tiene otra, la de él, se considera un “escritor dostoiesvkiano”  y por lo tanto sabe “que se lo supone un fracasado en el mundo del éxito y del estatuto financiero.”  Pero necesita el dinero. Kerouac introduce el tema del dinero en esta noción. Que permite seguir escribiendo y además comprar ese rancho en el fondo de California. Para “una vida de familia y de propósitos – mientras sigo siendo interiormente chiflado como un escritor.” La plata para pagarse ese “Por lo tanto ahora  trabajo, solo en la casa.”  Los Diarios de Kerouac abren espacios de samizdat en la censura actual.

La idea de un escritor interiormente loco y que a la vez construye una base sólida para “seguir siendo siempre el niño que es”. Algo que le negó para siempre un lugar en el mundo del burgués contra-cultural, ese chef cinco estrellas que cocina recetas de poder cultural.

Las visiones son repentinas, a veces llegan a la salida de un bar, el White Rose, pongamos, y después se escriben. Pero hay que leerlas en sus libros. Incontables. Son “poemas en marcha”. Perezosos del Purgatorio: abstenerse.

Lo superfluo de un Diario que hay que seguir escribiendo. O mejor: anotando.

Y el lector llega, tarde o temprano: “Mientras escribo una escena, pienso: `Bueno van a tener que entender a su manera, eso es todo. Así es como lo entiendo yo ––  esto sobre el público lector:”

El novelista como compositor y no como decorador. Rechazo de la terminología de la época. Shakespeare para protegerse de los contemporáneos.

Siempre el lector en Kerouac : “la gran novela del futuro va a tener todas las virtudes de Melville, Dostoyevski, Céline, Wolfe, Balzac, Dickens y toda la poesía que hay en ellos (y con Twain).”

Jack Kerouac se empieza a cansar del tono de su diario. Va por junio del 48. Necesita darle una vuelta. Piensa en escribirlo a máquina. Muchas cosas que hay que anotar y con el lápiz no llega.

Situación : la pasión goetheana no es lo de él. Mucha languidez ahí.

Jean-François Lyotard : “El poder universitario  conquista la creencia de un pueblo de lectores, generalmente estudiantes, sobre la cabeza de quienes la hoja de la guillotina no dejará de caer si el discurso de cada uno de ellos no se ajusta al discurso del pregonero de realidad.”

Los pregoneros de modos de lectura tratan de poner a Jack Kerouac en la cuneta. Y a sus lectores. Todo lector de Kerouac será tachado de increyente. Y hoy por hoy, una acusación semejante te deja sin trabajo en el consenso de estos imbéciles del presente  que dictan la ley. Semi-fantasmas de las letras, tenaces de odio al genio, sobones del talento diluido en el ritual lavado de un congreso. Todo lavado dos veces. Hay rapiña y ojo de rapiña. Elijan.

Anotación eternísima : “Dice que se ha vuelto político […] y si es político probablemente no escriba como soñó que haría. Típico. Cuántos tipos conocí que “iban a escribir”. Todos se volvieron políticos… un buen truco, una buena manera de abrirse paso en este mundo… ! Creativa, además!”

Kerouac nunca participó de alguna comunidad, tampoco fue a ningún congreso, ni una furtiva participación. Este diario muestra su fuerza de preparación en el desacato. En el desertar. Desertar exige un sistema nervioso. Hay que leer los libros que leen los desertores.

Los malos escritores son como la gente rica de Viaje al fin de la noche, se franelean, se juntan, van en bloque, recitan, tienen su hábitos en los buenos barrios de la ciudad, huelen el vino antes de tomarlo, es vino de poetas. Omar Kayan no cotiza en bolsa, berretísimo ahora, pero nunca falta un borracho para celebrar. La rueda de la calumnia es congresal.

Ya aceptó que Jean-Louis va de Jack a Jack Kerouac, ese escritor “completamente perdido, completamente horrible, completamente desnudo, completamente extraviado y afligido…”

El sábado 3 de julio de 1948 Herbert “Hunkey” Huncke entra en el diario: “[Hunkey] Ciertamente, es más notable  que el Léon Robinson de Céline, en serio.” Y ahí está: “raro, sabio y beat.”  Y hay un viento que sopla. Y está el sueño, y está la sensibilidad. Que no soltará por ningún esquema narrativo. Herbert Huncke entrará en sus novelas, que es entrar en la escritura de su vida. Toda la Leyenda de Dulouz muestra que Kerouac no tiene biografía, tiene escritura de su vida.

No hay que hablar de Jack Kerouac con gente que cree que Kerouac es el Rey de los Beatniks, y que se la pasaba en un Hudson o en un Buick.

Vuelve a casa y escribe tres días de encuentros y conversaciones. Sublime. Va del sábado 3 de julio al lunes 5 de julio. Por ahí anda John Clellon Holmes, y otros, es la lista de los nombres de la Leyenda que se le arma en la ensoñación de su Diario. No lo sabe.

Y el martes 6 de julio el malestar se disipa y por la noche escribe 25 páginas. Y sí, un escritor escribe y algún día encuentra un lector que tira de todos esos hilos, el resto pregona orientaciones de la ficción.

Kerouac va a la biblioteca del barrio a sacar libros. Y ese día hace otras 27 páginas. Lee a “Huck Finn” toda la noche.

“Aguanta, niño de la oscuridad, negro Jim en una balsa, aguanta.”  Lunes 19 de julio de 1948. Uno lee, y si lee, se dirige arengas, indirectas o directas. Aguantar, aferrarse a la roca de la novela, pedirle ayuda a San Ignacio de Loyola, encomendarse a Albert Ayler. O a Nadezhda Mandelstam.

Y está este descubrimiento definitivo,  ––  el encuentro de los secuaces. Descubrir que nunca podrá odiar a Melville, a Dostoyevski, o a Wolfe. Que nunca podrá odiar a  Shakespeare. Que nunca podrá dejar de amar a Mark Twain. Que su amor por Balzac será eterno. Y que Céline ya es su maestro.

Un diario, un cuaderno de bitácora, están para acechar la mentira en uno, ese algo feo en uno, esa auto-complacencia de la mentira pregonera. Kerouac vio esa mentira en el huevo, ese desvío de poema a filosofía, a generalidad, a poesía compasional.

“Por ella […] haré observaciones proustianas.”

Están los días en que está perdido. Perdidos, él y todo el mundo. Y están los días en la cocina, primero come spaghetti con una salsa rojo sangre, queso parmesano, cheddar, pedazos de pollo, vino italiano y helado de chocolate, y después lee una biografía de Goethe, “la vida de Goethe (y sus amores)”, y después, se pone a escribir a las dos de la mañana.

El sábado 21 de agosto (1948) la revista “Wake” le comunica que rechaza el capítulo de La ciudad y el campo que le había presentado. La carta de rechazo la firma un burócrata que, además, le da consejos gentiles acerca de “cómo escribir”, eso que hacen los talleristas de hoy. Domesticar por la vía de gentilezas. Las mil maneras de domesticar enseñando el arte de la ficción. Finalmente Kerouac lee a Céline, y sabe que también hay un Dr. Bestombes en el mundo de la edición, un pregonero de narrativa eficaz salido de las fábulas de La Fontaine, Maître lo llama Bardamu,  y también sabe que Maître Destombes, dice que el escritor hace el trabajo más tosco, y el que te edita, lo refina. La otra posibilidad es ponerse en línea con “la perspectiva de París”, en esos años era Sartre, ahora la misma “perspectiva de París” pero más consistente, todo el terreno ocupado por esa Fórmula 1 de pensadores la fontaine intercambiables. En fin, nada nuevo. Así que mejor leer: para esa noche tiene “Memorias del subsuelo”, la otra noche leyó “En el corazón de las tinieblas” y ahora está leyendo “Tom Sawyer en el extranjero”.

El viernes 27 de agosto anota algo sobre la novela que  tiene en la cabeza :  En el camino.

Lee a Tolstoi.

El jueves 9 de septiembre Mcmillan rechaza publicar La ciudad y el campo. Y Kerouac hace precisiones sobre su poética,  comprueba una vez más que hay que editar (lo que él inventa, también comprueba que inventa algo que nunca se escribió) contra “las fórmulas chatas de nuestra época.” Y sabe que está en guerra y espera: que “el muro de los editores y críticos se derrumbe. Son ellos mis enemigos, Dulce Jesús, no “la oscuridad” o “la pobreza” o algo por el estilo.”  Y está “la clase charlatana”, esa clase es “el enemigo” para Jack Kerouac. Ese tribunal de angustiados profesores que no pueden escribir. O se escribe o se trabaja de asesor. Esa clase es la que cocina las fórmulas, la que fabrica el relato, la que censura el recitativo, la que inventa la identidad nacional. Piensa en la posibilidad de volver a Canadá, y no, se decide por buscar el paso del Noroeste en la próxima novela, En el camino, que ya ensueña.

Hugo Savino

ph / manuscrito de On The Road de Jack Kerouac