Osvaldo Lamborghini y la traición / Laura Estrin

Pensé algunas notas sobre la traición en OL que tienen varios epígrafes:

Hay una constante en las relaciones cotidianas argentinas que es la díada ´lealtad-traición´, porque siempre se está jugando al ´todo o nada´.

 

El argentino es leal o es un traidor en potencia, y eso produce efectos curiosos. (Perlongher)

 

La vida cotidiana se vuelve densa, al ser negada, al ser refugio / evasión de uno mismo.
Asalta al crear. Algo, alguien, volverse/ el deudor que busca la traición.
Son palabras. Al fin. (Raschella)

 

Yo, que reclamo una humanidad sin fetiches, yo el ´traidor´ y el ´provocador´ de mi ´esfera´… deseo una realidad no falsificada… Ya anoté en este diario que prefiero no querer al arte –es decir, que espero que el arte se me imponga-, no soy de los que van detrás de él… Cada uno de nosotros huye de la vida por una salida diferente y hay un millón de puertas que conducen a los infinitos campos de la traición. (Gombrowicz)

 

Cuando vi este cuadro por primera vez, puedo decir que me conquistó, y nunca me desprendí de él. Algunos días, miro la dulzura de los rostros, la calma, la serenidad, este lado intemporal, en el fondo. Pero ¿qué es la pintura? Es siempre diferente, pero en principio es una cosa que se frecuenta, que crea y cambia las relaciones que tenemos con el mundo y con los otros. Una verdadera obra de arte, para mí, es eso. Y es por eso que pienso y digo a menudo que las elecciones estéticas tienen correspondencias éticas. Una obra de arte compromete muchas cosas, mucho más de lo que uno imagina cuando uno dice: es bello o, peor aún, es lindo. Es por eso que me siento incómodo y torpe para comentar este cuadro. Lo que siento ante él no pasa por un análisis, estoy ante una cosa que vive y lo vivo no se deja disecar por los análisis. (Pierre Soulages Traducido por: Hugo Savino)

 

¿Desde dónde se lee la traición en OL? La universidad , los tallercitos y el periodismo, es decir, el mercado o la crítica actual dicen que ellos son las lecturas y desde ahí nos hacen pensar en la traición. Pero la literatura, en el tiempo, en la historia van para otro lado, un verso de OL dice: “la historia pasa por mí”. Repito que la literatura se frota -como dice Savino- con otras cosas: primero con el autor, por eso OL clarito dijo: “En cierto sentido toda la literatura podría ser calificada de irreverente. Un escritor nunca habla de pavadas. Una de las tareas difíciles de llevar a cabo, es sacar al artista del lugar de boludo en que se lo ha colocado”.
Después la obra se raspa con los contemporáneos y se ilumina en esos lectores perdidos, inclasificables, los que leen solos y sueltos de todo canon. Son ellos a los que se les paran los pelos del culo cuando leen OL, es decir, se dejan desesperar por sus páginas insomnes. En algún lado, Hugo Savino escribió que ningún mito tiene valor cuando se habla de Lamborghini y afirmó que esas “versiones pertenecen al arcón de la vejez teórica. Los contemporáneos son la mala leche: todos sueñan con una versión definitiva –agrega y luego sentencia-. Los escritores existen sólo en el lenguaje”. Savino acá está cerca de OL cuando este escribe: “Si hay lugar, no hay poesía (…). Toda la relación con la poesía es desde ningún lugar”.
Y los ejemplos de lectores-autores sueltos son pocos: por ejemplo lo fue Aira que 20 años editó su obra y sus mil novelitas algo dicen del bardo, lo es Milita Molina que como dijo Nicolás Rosa y ella repite “ya dio testimonio”, luego pudieron venir otras formas como la biografía Strafacce y la tesis de Diego Peller que hizo corresponder una historia crítica con epígrafes superspicaces de OL. Claro que Aira terminó diciendo en los prólogos que OL era “bueno” y Ricardo se enroscó en interpretaciones montañosas que pierden. Pero solo estas apuestas desbocadas ponen OL y en ellas la “traición” queda pedaleando en el aire.

 

Del otro lado, la crítica universitaria, becaria –como decía Zelarayán, ensaya fórmulas con OL ayudada por máquinas de escritura y otras muletas teóricas, tal vez habría que decir solamente: “¡OL es un hijo de puta!” (¡con signo positivo, claro, como lo usamos los argentinos o los porteños!) o afirmar como hizo Aira que: “Osvaldo Lamborghini era un virtuoso. La pregunta primera y última que surge ante sus páginas, ante cualquiera de ellas es: ¿cómo se puede escribir tan bien? Creo que hay un más allá de la calidad estilística, más allá del simulacro de perfección que puede lucir una buena prosa. En Osvaldo hay una alusión a lo perfecto de verdad, que escapa al trabajo”.
Entonces con Lamborghini-ninguna-traición porque pensar así es suponer una serie permitida y otra no permitida -como decimos con Mandelstam- y Lamborghini está recontra permitido pero el aval que tiene es justamente el que lo lee desde la traición, que es una especie de domesticación, desde el campo arado de la teoría-crítica, ese vasto y yermo espacio que se parece mucho a “la llanura del chiste” de la que hablaba el mismo OL y, tal como dice su verso, “¡… ésta es una llanura de lo más llana!”.
Pensar en traición es pensar por binarios que se corresponden y necesitan. En cambio, los grandes autores muelen todo, usan todo, revientan todo. Sin catástrofe semántica, gramatical, discursiva, sin barajar y dar de nuevo no hay literatura. Estas obras extremas –así las vengo llamando- van contra los que pueden pajerear con frases del tipo: “Lamborghini trabaja con esta semántica de la violencia transformándola en violencia de la semántica, la lleva hasta el límite de lo absurdo, sin por eso despolitizarla o frivolizarla en un gesto de rebeldía formal.”

 

Mejor es elegir la afirmación sin salida que creo es del El fiord y dice: “No sé si figuramos en el libro de los verdugos o de los verdugueados” a la que puedo acompañar con la afirmación de Silvana Lopez cuando en la presentación hecha de los últimos inéditos del autor, en La Plata, dijo: “Para Lamborghini, cuando se ´entr(e)a en la literatura´, ´se trata de matar´, no de cultivar ´el lenguaje´, esa es la ´mentira´, para Lamborghini la ´lepra(t)´” .
Pero puestos en este brete intentemos pensar la traición en OL. (Algo así como decir: dejemos en paz a OL pero volvamos a él, como la anécdota de Nicolás en su seminario de Perlongher: “me tiene re-podrido Nestor Perlongher y ahora vayamos a Néstor Perlongher).
Podríamos proponer la traición del discípulo… Pero hoy son todos discípulos en este mundo consensual, mejor dicho, no llegan a discípulos sino que reinan los epígonos, los replicantes… Frente a esto alguna vez pensé que Pablo Chacón tiene algo de Lamborghini, también lo encontré en Nala de Agustina Perez y lo olí en Ariel Luppino, algo en la velocidad de las novelettas de Ariel y en la originalidad o diferencia de los versos de Agustina, algo en el horizonte de escritura de Pablo, me llevan a OL. Pero estoy pensando ese algo lamborghiniano como un modo indirecto que no muestra sino que se conformaría con suscitar. Una existencia que interroga a otras, ninguna comunicación directa que como lección o exhortación hubiera resultado sí traición.
Las relaciones que aquí establezco son tratos o encuentros donde una interioridad vuelta material linda con otra, donde se quiere alcanzar el corazón de las tinieblas del otro. Más que traición estaríamos ante una verdadera co-rrespondencia.

 

Otro modo de la traición en OL podría ser asociar la traición como la mejor tradición: OL sabe literatura, él ha afirmado que “Uno escribe en función de los textos que ha leído. Lo que uno ha leído actúa como sobredeterminación. (Y agregó certerísimo) La vida es un texto, que es una sobredeterminación mayor.” La obra de OL lleva y trae literatura, la puede poner del derecho y del revés. Ese movimiento sabio también tiene la obra de Milita Molina. Pero sabemos que de estos autores-que-leen/autores-que-saben hay pocos que la crítica hoy elija. Malditos 90. En este sentido, la literatura argentina no se curará nunca de lo que le hizo Lamborghini (lo que se dijo de Celine, creo) e, inversa pero simultáneamente, OL no llegó a la literatura argentina (como piensa de algunos encuentros demasiados tempranos Tsvietáieva). Justamente Lamborghini le preguntaba a Walsh si no se había dado cuenta de que a la Argentina le había ocurrido El fiord y quiero decir con esto que Lamborghini sabía. Un verso suyo sabe que cuesta poco no entender y ahí se ve la hilacha que su obra trajina: su literatura no es apta para vagos de letras ni de espíritu.

 

Y ya lanzados a la negación de la consigna… Tampoco podemos pensar en OL la traición política, por supuesto, obvio, oprobio por obvio y hay “Tanto dolor, ay, en la obviedad de la palabra obvia” (eso creo dice Sebregondi retrocede).
Frente a esto, leo un paper que supone que en Lamborghini se ve un retiro, una decisión ética y política de no participar: “una estrategia, un ejercicio de poder, una forma de exilio, que se opone y resiste al horror del sistema”. Todo lo contrario.
OL dijo: “En los textos la ideología actúa, la ideología sube al escenario y representa su papel.” Y en una entrevista aseguró también –corriendo por izquierda y por derecha a la vez, esa es parte de su genialidad: “una ideología te propicia para pelotudeces, pero también para mitos heroicos” . Mitos que constituyen, inevitablemente, la dicotomía que de vez en cuando reaparece en la sociedad del espectáculo crítico de literatura comprometida/literatura apolítica cuando la literatura tiene su propia política, política de la venganza amorosa como la de OL con Gombrowicz que se puede ver en los varios Sebregondis. Y no como algún ciego sintetiza diciendo que esa relación está dada a la manera de ¨Pierre Menard”, que es volver a la cárcel-Borges si bien pensamos aún, todavía, que Lamborghini rumió en la serie Borges . OL masticó y vomitó en la ruta asfaltada de la historia literaria argentina letrada –digamos, del mismo modo en que aún en ella pastorea Aira .
Pero mejor pongo a Lamborghini en la serie Villón -Genet-Celine que es como decir en la de Sarmiento o Mansilla-Gombrowicz-Zelarayán… Quiero decir que la crítica argentina de cabotaje ha visto traición una y mil veces en “La vuelta” de MF, en “La fiesta del monstruo”, en Arlt, entre otros, leyendo en ellos solo temáticas y comentando muy levemente la letra y OL es un autor de frases, de versos, de música. Aunque no creo que sea el artista-total que se quiere componer incluyendo ahora su material gráfico…

 

Y si de traición en la (re)presentación hablamos, Lamborghini fue mucho más lejos cuando por caso dijo la tan citada: “Ocurrió. Pero ya había ocurrido en pleno Fiord. El 24 de Marzo de 1976 yo, que era loco, homosexual, marxista y alcohólico, me volví loco, homosexual, marxista y alcohólico”.
Porque también podríamos definir a la política como traición-ruptura de la representación, ya no como mera crisis, y, entonces, no habría traición en literatura-política más que la que la constituye. Pero si hablamos en un sentido literal, literal-literal, el de esa revista llena de aspiraciones y pocas consecuciones y pese a que Lamborghini dijo algo así como que “todos somos hijos de una generación”, él fue más allá de la suya . Mientras gran parte de la generación Literal se quedó papando moscas teóricas que le hicieron ganar bastante dinero, él les pasó el trapo con su obra… pero claro, se quedó solito. Fue el único de esa generación-literal que pudo con el atragantamiento teórico, pudo hacer literatura después de semejante emplaste . (A esta afirmación la pondría en correlato con la de Aira que afirmó contundente que con la muerte de Héctor se dio cuenta de que Libertella era el único de su generación que no se había vendido ).
Por último y extensamente, si bien la crítica parece señalar en OL cierta traición a lo real, en él esa mueca está gritada, entonces nos preguntamos si la literalidad, una variante de la honestidad irremediable –como la llamó Sánchez- sigue siendo traición… ¿el que avisa también es traidor? En todo caso, la literatura nunca traiciona lo real, todo lo contrario, puede escribirla. La literatura es el mejor discurso, tiene soberana libertad y es el cuchillo o la daga que a otros les falta .
Creo que la frase que elegiría para pensar la genial traición de OL, quiero decir, la que no hay, la que es genialidad y no traición, sería: “En tanto poeta, ¡zás! novelista”. La escritura de OL cada vez que volvemos a leerlo nos deja muy clancos, nos deja solos (sin géneros, sin amparo) y enloquecidos preguntándonos qué leemos cuando leemos.

Laura Estrin / Junio, 2020

*Leído en Osvaldo Lamborghini y la Traición, Conversaciones: Diego Peller, Laura Estrin y Hugo Savino.

Organización y coordinación: Agustina Perez

 

Lecturas:
Dossier Lamborghini, http://www.elortiba.org/old/lambor.html
García, Germán, “Fuego amigo. Cuando escribí sobre Osvaldo Lamborghini” https://www.gramaediciones.com.ar/productos/fuego-amigo-cuando-escribi-sobre-osvaldo-lamborghini-german-garcia/

Lamborghini, Osvaldo, “Censura y pornografía”, https://osvaldobaigorria.com/tag/osvaldo-lamborghini/
___________, Poemas, https://www.academia.edu/36761965/Poemas_1969_1985_de_osvaldo_lamborghini
Miller, Karina, “Los ugly feelings de Osvaldo Lamborghini”, https://www.academia.edu/19981612/Los_ugly_feelings_de_Osvaldo_Lamborghini?email_work_card=view-paper