¿Existe la crítica literaria? / Jean-François Revel

¿Existe la crítica literaria? ¿Es posible? Todo sistema de crítica literaria  ha sido desechado por la posteridad. Mejor todavía, todo sistema de crítica literaria se convierte siempre en la inevitable cabeza de turco de la generación siguiente, sin esperanza de remisión ulterior. Los Faguet de hoy se mofan de los Faguet de ayer, cómodamente instalados en la misma carreta que los conduce, como a sus predecesores, a la guillotina. A semejanza de esas reinas que regularmente hacen ejecutar al alba a sus amantes de una noche, las grandes obras dejan esparcida, puntualmente y en el mismo sitio, su ración periódica de cadáveres críticos.

Ver caer en la trampa a los anteriores sistemas críticos no preocupa en mayor medida a los autores de los sistemas críticos siguientes que la desaparición de un régimen político al autor del golpe de Estado que inaugura el nuevo régimen. En política, nunca se trata de saber si las variaciones de la cotización del oro se explicaban mejor o menos bien bajo el régimen anterior, sino de ser únicamente aquel a quien ahora corresponde dar las explicaciones.

Es probable que un sistema de crítica literaria sea más bien un sistema defensivo, y no de penetración. Una vez que ese sistema ha cumplido su función durante una o dos generaciones, sus mecanismos quedan bloqueados. Lo que caracteriza a un sistema de crítica literaria es que hace parecerse entre sí a todas las obras a las que se aplica. Porque siendo el arte el reino de la diferencia, lo que se busca es homogeneizar esa diversidad alarmante, ninguna de cuyas muestra deriva, o debiera derivar, del mismo lenguaje.

Por eso se reclama permanentemente y con infatigable ingenuidad la creación de un lenguaje crítico. “Lo que nos falta es un lenguaje”, se lee bajo la pluma de los críticos. ¡Pues no! Es eso precisamente lo único que no les falta.

Por lo tanto, un sistema de crítica que hace parecerse entre sí a todas las obras es la expresión del narcisismo de quien escribe, y va dirigido al narcisismo de los seguidores. La necesidad literaria está poco difundida, la necesidad de experimentar una necesidad literaria sí lo está, y mucho. De allí, pues, la necesidad de proporcionar un sustituto de necesidad literaria a quienes no la tienen.

Creada por y para personas desadaptadas (a sí mismas, a los demás, a la colectividad) la literatura es recuperada entonces como instrumento de adaptación.

A un hombre que se adapta a la literatura no le hace falta la literatura. Sí tiene, en cambio, necesidad de la crítica. Si liberarse de la literatura- esta enfermedad del lenguaje- consiste en remitir un acto literario a otro del mismo género, entonces ésa es la misión de la crítica. Cuanto menos se ama, más se milita. Hecha por intermediarios infatigables (aunque ¿qué camaleón se fatiga?), y por buenos soldaditos barridos al punto por la metralla (aunque una noche de París repare todo eso), la crítica se encarga a la vez de mantener una agitación “literaria” superficial y de traducir a los mismos términos de agitación superficial las obras del pasado, promovidas al honor de servir como base de salsa a los especialistas del momento.

Los sistemas de crítica literaria están hechos para satisfacer la insaciable curiosidad por las obras literarias, eso que se llama sed de cultura.

Los ingenuos siempre imaginan que por fin se ha encontrado un buen medio para no dejar que se escape ninguna obra literaria de valor.

Antístenes no aconsejaba a sus discípulos que aprendieran a leer. Tenía razón. No se aprende a leer.

Jean François Revel / Sobre Proust, 1960 (Fragmento del Prólogo)

Fondo de Cultura Económica, 1988

Traducción de Jesús Morán.