Nota breve para autor elocuente o el existencialismo no fue un humanismo / Laura Estrin

Nuestra tarea de escritores debe abarcar la totalidad sintéticamente. Nuestras obras deben asustar, crear dolores de cabeza, preocupar, ponerlo todo en cuestión. Es, por supuesto, una literatura del escándalo. Una literatura de suicidas para suicidas. Podríamos decir, que la nuestra tiene que ser una literatura homeopática, es decir, que cure los males con los males mismos. Y debemos hacerla con todo rigor, inflexiblemente, sin pedir ni dar tregua ya que no tenemos otra manera de amar a nuestro público y este es nuestra única esperanza. En una sociedad donde la confusión es el mayor respaldo del orden establecido sólo cabe una literatura que destruya construyendo. De nada sirve concederle la libertad artística al escritor si su público sigue sojuzgado. El escritor debe decirlo todo a un público que lo pueda hacer todo. (Carlos Correas, Todas las noches escribo algo)

2021, se editan ensayos reunidos de Carlos Correas. 1992, en Teoría Literaria III de Letras (UBA), Nicolás Rosa invita a leerlo, estaba en el programa de crítica argentina que dábamos. Luego vino la alegría de la publicación de sus otros relatos, Felix Chaneton se había bolseado años en la calle Corrientes, más tarde tuvimos los encuentros sobre Correas pero antes Correas se mató. No tenía dinero para operarse de la vista y estaba jubilado como Ayudante de Primera de Filosofía del CBC. Una historia chica que él repasa en varias de las notas aquí reunidas.

Apretado por Sartre “que sabía” – como repito de Muray, su decir sobre Kafka (“mi itinerario en la frecuentación de Kafka”), sobre Kierkegaard, sobre la escena literaria nacional de los 50 a los 90, queda. Y eso fue imperdonable para los comprometidos y es opaco-ladeado hoy que la cultura pide todo llanito. Entonces Correas provoca porque no hay que “asustar a Billancourt”. Correas dice que Masotta no termina de leer lo que luego intenta enseñar pero que con él conoce la amistad, que Sebreli siempre es un payaso de la fraudulencia aunque fueron novios. Y pide que se ponga eso, así, en la entrevista de “El Ojo Mocho”. Es decir que Sartre fue un límite, el de su generación, que Correas desborda porque escribe –así lo dice Hugo Savino, Correas lo marca de este modo: “A los tres nos cojió Sartre”. Y nosotros podemos anotar que no salimos del capote de Sartre ni del de Lukács… aunque leamos Fisher. Correas lo pone clarito: “la utopía es siempre ingenua”.

Solo, solitario que no llega a marginal, el margen es un mito del centro, sino marcamos márgenes no podemos ponernos en el centro mientras que Correas vivió y anotó. Sus relatos son su vida. Retrato de experiencia y pobreza –disculpas, cito a Benjamin yo también. Aquí, el nombre elegido para esta enorme selección es certerísimo: “Todas las noches escribo algo”. Libro compilado por Jorge Quiroga, de una generación posterior a Correas, quiero decir, de una oreja que aún escucha a Correas y que viene de lejos insistiendo con desterrados y con prólogo de Federico Barea que escribe: “Su mordacidad interpela la vida académica… Son dramas y aventuras de la calle y la calle es fundamentalmente dramática”. Los intelectuales son muy frágiles, escribió alguna vez Sollers y Correas vivió-escribió –repito: hay gente que parece que vive-escribe pero está muerta- y por eso puede contar cómo se hizo un nombre sacando a las putas de las comisarías en los 80.

Si en la literatura argentina triunfó el doblete Borges/Cortázar  (“Borges las ha amado y las ama como idiota. Idiota, idiosincrásico, según la conceptualización de Platón en Politeia: el idiotés; el hombre privado, el separado de la polis, de los asuntos públicos”), Correas siguió a Arlt: “Sigo buscando un modo de hurgar en o construir el sentido de su cultura –no diré “escritura” ni “literatura”– de la violencia y la prepotencia. Desde y por Arlt sabemos que hasta ahora no hay cultura argentina posible si no comienza ejerciéndose en el elemento de la violencia opresiva y la prepotencia. Y que toda respuesta a esa situación deberá fundar y practicar la cultura a través de la contraviolencia y la contraprepotencia. Contra los cultos que necesariamente nos violentan y los violentos que necesariamente nos cultivan, no seremos cultos de otro modo ni haremos otra cultura si no violentamos y prepotenciamos a nuestra vez. El dolorismo cósmico y el buen truco de tomar sobre sí los crímenes del hombre son el rezago que la violencia en forma de miseria tomó en Arlt y lo convirtieron en un hombre imposible y simultáneamente real, un hombre con quien no podríamos convivir un instante; y no solo un hombre imposible, sino el que debía cargar conscientemente (envenenadamente) con su imposibilidad.”

Siempre me pregunto qué se lee cuando se reeditan estas cosas. Correas lee Murena y afirma que “la literatura agoniza por exceso de críticos”, hoy muere porque todos escriben y no todos son autores. Correas cruzaba biografías y libros, el autor explica la obra para él y quiere detalles. Correas llevaba un Diario que se perdió o perdieron: “Yo escribía un diario, lo sigo escribiendo, un diario íntimo. Lo que pasa es que en esa época lo escribía en hojas de papel de oficio; ahora mi diario íntimo es esta libretita que ven acá. No les voy a leer nada… porque de todas maneras es una especie de registro. No puedo dejar de escribir, aunque sea un día, dejar de registrar las cosas que me ocurren”. Para mí leer y escribir sobre Correas es la alegría de una materialísima desesperación. La escritura de Correas corre, alimenta nuestra maldita avidez. Correas cree en los genios, los que rigen el arte, no los que son regidos por él. Correas sabe que “la última sustancia de la subjetividad, su centro de gravedad, es la libertad” y tiene una perspectiva de época sobre el plagio y sus modos, el salvaje y el sabio. Ninguna objetividad: puro saber personal preciso. Y recuerda a sus maestros: “Oigamos ahora a Vasallo: ´Yo propongo un pavor: saberse embarcado en la existencia´”. Y se ganó algunos años la vida traduciendo para Editorial Leviatán donde lo recuerdan bien, allí entendió a Kierkegaard contra Hegel y a Regina como mito de amor, es decir, desencuentro. Esos trabajos están en este libro.

Correas va por distintas aguas, de Kant a Perón a Grondona, a Pergolini… y el libro cierra algo colgado con una nota-Maradona. Pero Correas no se confunde si ahí mismo escribe: “Nada tenemos sino la degradación”. Correas, igual que Zelarayán, abandona Medicina. Literalmente pusieron el cuerpo en otro lado, en la literatura. Y en este libro una afirmación me sobresalta: “Por lo pronto le diré que mi novela, en cuanto la vi publicada, me dejó y me siguió dejando una impresión de anacronismo en todos los aspectos que se me ocurran. Y aunque no me detengo en mis impresiones, razono que ese anacronismo respondería a una demora o laboriosa o remolona meditación filosófica”. Sobresalta que se sepa tan bien a sí mismo aunque hace mucho que somos dinosaurios en un mundo que a cualquier cosa le dicen literatura –como supuso Ferrer. Y la guerra de Correas es nítida: “una cultura no se hace si no se hacen enemigos” tanto como su concepción de totalidad de obra: “Sostengo que no hay Arlt si no es todo Arlt”, obra que no llegó aún, no llegó todo Arlt -dice Correas nunca lejos de lo real.  

Correas es alguien que nos acompaña en la perversión sin salida que trazamos algunos: “dentro de la Universidad, yo que he sido y soy profesor, no he hecho carrera académica. No he llegado a doctor. Nunca tuve una beca. Nunca concurrí a un congreso de Filosofía ni a un Encuentro ni a un Simposio. Y nunca he sido miembro de clubes o de “Grupos de reflexión”. No he sido ni soy investigador del CONICET. No he sido ni soy Fellow de ninguna institución universitaria extranjera. Nunca recibí apoyo de económico de Fundación alguna. Ni mucho menos, me he presentado ni he obtenido el Premio “Coca Cola en las Artes y las Ciencias”; no he rebajado, digamos, mi trayectoria a tales abismos. Es una cuestión de ética. El pudor, la decencia, el decoro y la prudencia existen y valen… Los tolero a mis colegas porque son compañeros de trabajo, pero no los amo, por decir así. Y ellos me toleran a mí… ”. Repito siempre que leo a los autores que me dicen mejor a mí misma.

Laura Estrin, primer semana de Agosto 2021.